Oscuridad Infinita Capítulo 2: Sombras Festivas.


Muy buenas a todos, les escribe uno de los tantos autores de esta página; DarkLeonZero. Espero le "echen" un ojo a este nuevo capítulo llamado "Sombras Festivas", y espero que se diviertan con los nuevos personajes, y la nueva aventura que nuestros protagonistas desarrollan para el capítulo.









CAPÍTULO II:

SOMBRAS FESTIVAS









Al salir de la mina, nos dirigimos al comienzo de la pradera. Allí, comencé a hacer un pequeño gráfico mental en voz baja de lo que debíamos hacer en cuanto a los últimos días que pasaríamos caminando hasta llegar a nuestro destino... «Pasar la ciudad, entrar en la pradera norte, entrar al bosque, llegar» dije en voz baja.
―¿Qué? ―preguntó Angélica con el ceño fruncido― debemos pasar por la ciudad... Escuché que habrá un evento especial mañana por la tarde, no podemos faltar. Vine desde el sur solo para verlo.
―¿Que evento? no se de que hablas ―dije intentando hacerlas cambiar de camino.
―Yo escuché algo sobre eso también... Un festival o algo así dijo Daniela mientras nos observaba al caminar hacia atrás.
―¡Si! ¡Eso! ¡Un festival! mañana se celebra un festival para unos espíritus o algo así... ¿Por qué no pasamos a ver como es? quizás sea divertido ―seguía diciendo Angélica mirándome con emoción mientras le brillaban los ojos.
―De acuerdo, de acuerdo… ―dije suspirando, sabiendo que no cambiaría de parecer― Pero solo será un día, no más. Necesito llegar a la mansión para resolver unas cosas.
―¡Si! ―exclamó saltando de la emoción.
―¿A dónde vamos entonces maestro? ¿de qué mansión habla? ―preguntó Daniela.
―Cuando lleguemos la verás, por los momentos, caminemos hacia el pueblo ―dije mientras las empujaba levemente por la espalda después de que volteara a Daniela para que caminaran― aunque quisiera llegar lo antes posible… pero da igual, puede esperar.
Al caminar y atravesar la larga pradera después de veinte minutos, ya que ambas chicas no paraban de pelear y se cansaban de vez en cuando ―lo que hacía que redujéramos la marcha, incluso detenernos―, llegamos a la entrada de la ciudad... Al llegar, después de cruzar el largo puente que daba a las inmensas puertas de esta, vimos cómo las grandes casas hechas a madera y piedra formaban la estructura principal de una de las calles residenciales del pueblo. Una ciudad extensa, que perduraría durante muchos años a través del tiempo y que hasta hoy en día, sigue creciendo poco a poco.
Aún caminando unos minutos más, observando los detalles de las casas, nos adentramos más y más, hasta encontrarnos con una intersección de calles. Mientras observábamos la intersección, observamos cómo un grupo de personas se acercaban a una pelea de hombres vestidos de pantalón flexible blanco y con un cinturón de tela negro. Uno de los hombres era blanco, alto, tenía el cabello largo de color marrón claro ―le llegaba a un poco más del cuello―. El otro era moreno, de más o menos la misma estatura, el cabello de color negro, pero muy corto ―casi sin nada―. Ambos luchaban cuerpo a cuerpo con un estilo de artes marciales mixtas usando técnicas de agarre y patadas, aunque de vez en cuando, lanzaban uno que otro golpe al abdomen para no herirse de más.
―¿Qué estará pasando? ―preguntó Daniela.
―¿Oh? ¿eso? no es nada, es solo una pequeña práctica antes de la competición de mañana… Muchos lo hacen para ver si tienen que mejorar algo en sus técnicas, o ver las debilidades de sus oponentes… aunque no es muy importante que digamos, y que casi nadie pelea seriamente ahí... ¡vamos blanco! ―dijo un hombre que está viendo el espectáculo mientras apoyaba al de cabello largo.
―Oh, de acuerdo… ―respondió confusa.
―Bueno, ahora la mejor pregunta que se puede hacer en estos casos… ¿Qué hora será? y ¿dónde estará el hotel más cercano? ―me pregunté a mí mismo.
―Eso, hijito, es fácil de responder… ―dijo una persona con voz cansada, que físicamente parecía tener unos ochenta años y la cual tenía encima una capa negra que le cubría todo el cuerpo, hasta los pies, por lo que se me hizo difícil saber si era joven o no― Son las dos de la tarde, y el único lugar donde puedes quedarte a pasar la noche y beber es en la posada viento lunar, que se encuentra al final de esta calle... ―dijo señalándome un gran edificio de madera al final de la plaza principal, lugar donde nos encontrábamos.
―Vaya que se hizo tarde... Gracias señora, que tenga buenas tardes ―respondí cortésmente mientras caminaba hacia donde me dirigió la señora.
―De nada hijito, cuídense ―respondió dando un gesto de despedida con la mano.
Caminamos un poco hasta llegar al lugar que nos indicó la persona... Lo primero que vimos fue una gran casa de tres pisos construida a base de madera, piedra pulida y un metal flexible claro… Unos toques ornamentales de diamantes en las ventanas ―en todos sus bordes y en divisiones que separaban cada cristal― y puertas ―en los marcos, bordes de la manilla y en un pequeño letrero con el nombre a base de este― que decoraban la entrada al recinto, junto con muchos balcones y muchas ventanas para las habitaciones exteriores.
―Creo que conozco el nombre de la posada... aunque no, no pueden ser ellas… ―dije en voz baja.
―¿No puede ser que maestro? ―preguntó Daniela después de oír mis últimas palabras murmuradas.
―Entremos, de seguro es cómoda ―dijo Angélica abriendo las puertas de golpe.
 Al abrir las puertas, vimos el interior, todo alumbrado por antorchas que hacían que la luz diera hasta el más mínimo rincón de esta, un candelabro de cristal transparente ―casi parecían diamantes― centrado en el techo, muchas mesas grandes ―hechas de madera gruesa fuerte― no muy separadas entre sí y una que otra pequeña para cubrir espacio, sillas a los costados y frente a cada una de estas ―todas hechas de madera fina oscura, incluyendo las mesas―, con adornos en las mismas... unas escaleras largas a los costados de la habitación que conducían al primer piso, unas pequeñas a los lados pegadas a las paredes que daban a un sótano y junto a estas, un bar inmenso con muchos tipos de bebidas ―en el cual deberían de poder trabajar mínimo cuatro personas y con sobra de espacio― lo cual complementaban todo el lugar, Oh, y sin contar la decoración de las paredes, que eran de diversos tonos de azules ―claros y oscuros por igual― y plateados... Luego de observar el lugar, vimos a un joven blancuzco ―pálido― de cabello negro con una gabardina negra ligera hecha con algodón de alta calidad junto con una capucha del mismo color dentro y saliendo de esta. El joven estaba sentado en el mostrador del bar, junto con un hombre de unos cuarenta años con ropa de campesino rasgada quejándose de él a su espalda e intentando que el chico le mirase. «¡Discúlpate mocoso!» exclamó furioso el hombre.
Detrás del Bar se veía a una joven blanca voluptuosa, de unos quince o dieciséis años, de cabello blanco con las puntas negras subiendo hasta parte de este ―casi llegando a la mitad―, y de una altura media-baja ―alrededor de ciento sesenta centímetros quizás, no recuerdo bien― que Vestía un traje negro de sirvienta con tiras blancas a los costados, junto con una falda larga… El vestido era una mezcla de color blanco a negro ―más blanco que negro― desde arriba hacia abajo, entre las mangas, los adornos y las tiras, que se dedicaban a zigzaguear alrededor del vestido.
―Usted tuvo la culpa… no es mi problema que botara su bebida por no fijarse que estaba a su lado… al contrario, usted debería disculparse por derramarla sobre mi… así que no pienso disculparme por nada ―dijo el joven confiado de sí mismo.
El hombre lo agarró por un brazo para intimidarle.
―¡¿Qué?! ―preguntó exclamando enojado.
―¡Ya paren por favor! ―gritó la chica asustada para intentar detenerlos.
―Uhm… ¿Deberíamos…? ―dije mientras analizaba la situación.
―¡¿Qué está pasando?! ―gritó Daniela rápidamente.
―¿Desean algo? ―preguntó la encargada.
―Perdón por interrumpir, queremos alquilar una habitación para esta noche ―dije mientras caminaba hacia el bar y me sentaba en uno de los banquillos de madera frente a este.
El hombre mayor soltó al joven del brazo en cuanto me acerqué.
―Lo siento mucho, no hay habitaciones disponibles ahora mismo ―respondió ladeando la cabeza como si dudara.
―Déjales la V.I.P, Estrella ―dijo una mujer mientras salía por una pequeña puerta que se encontraban justo detrás del bar ―al medio y dentro de este―.
―¡¿Eh?! pero… esa cuesta demasiado para una persona normal… y más para un viajero ―dijo sorprendida.
―No te preocupes, ni es una persona normal, ni es pobre, tiene para pagar hasta todo el lugar, además, desde un principio venia seguro por la más cara.
―Pero Luna… ―dijo observándome de reojo.
―Oh, ya decía que me parecías familiar… Luna de Aqua ―dije mientras cruzaba los brazos― como haz crecido, o... ¿no? ―dije confuso al ver que no había cambiado nada en los últimos diez años.
Terminaba de llegar al mostrador una mujer un poco más baja que la encargada del bar, una chica muy parecida a esta, solo que todo su cuerpo y vestimenta, era lo contrario a su empleada… tenía el cabello negro descendiendo a blanco, parecía una niña, ya que media unos ciento cuarenta centímetros si mal no recuerdo... Luego estaba su vestido negro a blanco, sí, todo lo contrario a la otra chica, pero con los mismos adornos y tirantes de esta.
―Como si pudiera haber cambiado mucho desde la última vez que nos vimos ―respondió frunciendo el ceño.
―Bueno… ya comenzó a teñirse tu cabello... y estás más alta que hace diez años… eso es algo ¿no? ―dije burlándome mientras la halagaba.
―¿Quieres que te de una buena paliza verdad? ―dijo frunciendo el ceño― en fin, te reservo el salón principal de arriba y la habitación Rey de Estrellas… y ¿que se supone que está pasando aquí? Salí porque estaba escuchando gritos desde mi cuarto.
―Él se colocó detrás de mí e hizo que derramara mi bebida ¡quiero que se disculpe! ―respondió el hombre enfurecido golpeando el mostrador junto a sus palabras.
―Bueno, señores, tenemos dos opciones aquí; Una ―dijo alzando el dedo índice―, le podemos devolver a usted su bebida. Y si es por tu ropa chico, la podemos lavar para dejarla como nueva. O dos... ―continuó contando con los dedos―, pueden disculparse los dos y terminar todo este escándalo, ya que están asustando a mis clientes ―dijo Luna mientras intentaba arreglar la situación.
―A mi no me asusta ―dije en voz muy baja y circundando mis ojos.
―¡Yo también soy un cliente! ―bramó el hombre― ¡Y no! ¡quiero que se disculpe por ponerse detrás de mí y asustarme, no tiene que meterse nadie más y menos una niña! ―respondió el hombre agresivamente mientras movía los brazos de aquí para allá con fuerza, tumbando con un movimiento todo lo que había en el mostrador del bar.
―¿Me llamaste niña…? ―dijo Luna mientras baja la cabeza cerrando sus ojos y sus puños.
―Uy… ―dije asustado, mientras daba algunos pasos hacia un lado.
―Si vas a seguir gritando y molestando a los clientes, tendré que sacarte a la fuerza... y… ―dijo con una pausa― ¡última vez que me dirás niña en tu vida! ―exclamó Luna con furia en sus ojos.
Todos mirábamos a Luna mientras movía sus manos en el aire, haciendo que el agua de varios cubos que había alrededor del bar se elevaran para formar una espiral alrededor de ella.
―¿Eh? ¿qué está pasando? ―preguntó el hombre asustado.
―Yo que tú, me disculpo de inmediato ―dije mientras me apartaba unos pasos más.
―¡¿Eh?!―
―¡Ten un poco de agua para que te calmes! ―gritó Luna mientras movía sus brazos hacia el hombre.
El agua se lanzó contra el hombre desde todas partes, haciendo que esta lo empuje hacia la puerta, y los rastros de agua que quedaban en el camino, se iban congelando poco a poco hasta llegar cerca de su cuerpo.
―¡Que fría! ―dijo el hombre mientras temblaba.
―Vete... y no vuelvas más por aquí dentro de un buen rato… ¿sí? ―dijo Luna sonriendo con una cara de niña tierna.
―¡Ah…! ―gritó― ¡ig-igual ni quería estar aquí! ―continuó el hombre mientras salía corriendo temblando del frío.
―¿No te pasaste un poco? ―pregunte mientras me acerco al bar nuevamente.
―¿Eh? ―me respondió con la misma cara de niña tierna.
―No… nada… no importa… jajaja…ja…ja ―dije riéndome de miedo mientras colocaba mi vista en algún otro lado.
Luna respiró profundo y se relajó, para luego seguir con las preguntas.
―Bueno… ¿Qué haces por estos lados, León?
―Estamos esperando el festival de mañana y vimos la posada gracias a las indicaciones de una persona del camino… pero no sabia que era tuya… si no, no hubiera entrado… ―dije en tono burlón.
―Ah… que malo eres… ―dijo frustrada y suspirando.
―Era broma, era broma ja, ja ―repliqué para que no creyera la pequeña broma.
―Bueno, ya tienes la habitación, ahora te explicaré cómo está organizada; tiene dos baños, dos camas, una pequeña y una grande, el mini bar con todos los tipos de bebida de la posada y cuatro ventanas para ver hacia el exterior, todas en los paredes de la habitación, junto con un ventanal de vidrio transparente en el techo, con lo cual podrás ver toda la manzana entera y hasta más.
―¿Viene incluido el baño termal de la posada? lo leí en un letrero, afuera en la puerta ―dijo Angélica emocionada internamente.
―Sí, claro, eso viene incluido también por ser VIPs, siéntanse libres de usarlo... Aunque puede que haya gente usándolo también, no solo están ustedes, si no les importa… ya que, como quizás pudiste observar también, decía Mixto.
―Mientras más gente mejor ¿no? ―dije.
―Bueno, aquí están las llaves ―colocó las llaves de la habitación frente al mostrador―, espero les agrade.
Agarré las llaves y caminé cerca de las escaleras.
―Bueno, si necesitas algo, avísame, estaré arriba ―dije mientras subía lentamente las escaleras del vestíbulo.
―Gracias ―dijo Angélica, junto con Daniela a su lado haciendo un gesto de despedida con la mano.
―Igualmente, pueden llamarnos en cualquier momento desde la habitación también, suerte.
Nos despedimos y subimos hacia la tercera planta de la posada, donde solo había una habitación… la nuestra. Luego, abrí la puerta y vemos completamente la habitación; una habitación con tapicería de color rojo con negro y algunos toques de blancos y dorados por aquí y por allá… lo mismo con la alfombra… las camas, y otros objetos de la habitación.
―Es bastante linda... aunque no tiene muchos colores, pero sigue siendo linda ―dije.
―¡Si, deberíamos volver alguna otra vez! ―dijo Daniela.
―¡Es verdad! aunque lo malo es que solo hay dos camas… ―dijo Angélica mirándome.
―Bueno, alguna de las dos terminará durmiendo conmigo en la cama grande, jajaja ―respondí burlándome.
―¡Bueno, yo duermo en la cama pequeña! ―dijo Angélica rápidamente.
―¡E―Ey! ―exclamó Daniela mientras miraba alrededor de la habitación como loca.
―¡Jajajaja, tendrías que haber visto tu cara! ―dije riéndome― era una broma tontita ―seguía muriéndome de la risa.
―¡Maestro… no me asuste así! ―Exclamó― aún no estoy preparada para eso… ―dijo murmurando.
―¿Eh…? ―pregunté confuso.
―¡Nada! ―replicó.
―Bueno, tenemos el baño termal para nosotros, deberíamos ir a relajarnos un rato ―dijo Angélica.
―Claro ¿Por qué no? ―respondí.
Luego de dejar nuestras cosas en la habitación ―que no llevábamos muchas cosas―, bajamos hasta la parte inferior donde se encontraba el baño, al lado de varios pasillos conjuntos que daban a todas partes.
―Bueno, aquí está, yo iré en un momento a la posada, ustedes adelántense, necesito hablar con Luna sobre algo primero ―dije caminando hacia el bar por uno de los pasillo.
―De acuerdo maestro, iremos primero, con su permiso… ―dijo mientras empuja a Angélica― Vamos camina ―decía mientras continuaba moviéndola forzosamente.
Entraron al baño y seguí mi camino hasta el cuarto del personal... Tocando la puerta antes de entrar, pregunté «¿hay alguien?».
―¿Si? ―preguntó alguien detrás de la puerta.
―Soy Leonardo ¿puedo entrar? ―dije “pegando un oído”.
―Sí, adelante ―respondió.
Entré y se encontraba Luna terminándose de arreglar.
―Voy a mostrarte algo interesante, pero necesito que esperes en el bar por unos segundos ―dijo mirando hacia otro lado.
―Oh, de acuerdo… esperaré allá entonces ―dije mientras salía.
Nuevamente, dirigiéndome hacia el bar esta vez.
Se apagaron las luces y se encendían levemente algunas de las antorchas una detrás de otra haciendo un camino hacia el centro de la habitación. Mientras, se abría el piso lentamente… Luego, salieron dos personas, una era Luna... y la otra... ―después de recordar quien era― su hermana gemela, Estrella. «¿Uhm…? me pregunto qué pasará…» pensé al verlas.
Vi a Luna que comenzaba a danzar con un par de abanicos asiáticos antiguos de madera, que tenían dibujados una luna llena con estrellas alrededor, y el otro una luna creciente con una estrella brillante al centro... Junto con su hermana a su lado, tocando un Arpa plateada de muchas cuerdas pequeñas… pero mientras bailaban y tocaban, me quedé contemplando lo hermoso que era su combinación, de una danza antigua con una melodía alegre. Y así pasó todo el espectáculo ―el cual me dejó perplejo y no supe cuánto realmente duró… ¿segundos?, ¿minutos?, no sabría decir―. Rematando al final ―donde dejé de estar en trance― con una pose sentada y con los dos abanicos, uno al lado de su cuerpo alrededor de sus caderas, y el otro girando sus muñecas para cubrir su rostro mientras estaba junto a su hermana, la cual sostenía notas largas pero precisas con el Arpa para luego detenerse al final en seco. Era impresionante… tanto, que todos los que se encontraban presentes comenzaron a aplaudir fuertemente… y por alguna razón, algunos hombres incluso llorando. Por supuesto, yo solo aplaudía mientras me acercaba a Luna ya cuando se encontraba fuera del pequeño escenario al centro del bar en una especie de plataforma de dos tamaños perfectos para cada una.
―Bravo, fue un espectáculo impresionante… no sabía que podía haber una muestra de arte tan pura como tu baile ―dije mientras dejaba de aplaudir.
―¡Gracias! estuvimos practicando muchísimo para nuestros clientes... y sobre todo para ti, ya que tu nos diste esta oportunidad al habernos regalado los instrumentos: los abanicos y el arpa ―respondió Luna complacida por escuchar mis palabras.
―Sí, lo pude ver… aunque pensaba que ya no les servirían esos utensilios tan anticuados… ―dije mientras veía el hecho contrario.
―Nos han ayudado bastante… y los hemos cuidado muchísimo, ya que es un regalo de tu parte y sobre todo porque a los ciudadanos les agradan también ―respondió observando sus abanicos.
―Me alegra oírlo, porque como les dije cuando se los dí…; son ob- ―intenté terminar antes de que me interrumpiera.
―Son objetos que no son de este mundo... si, lo sabemos, por eso los cuidamos tanto ―dijo luego observando ahora el arpa.
―Bueno, eso me alegra, porque los que crean estas cosas las venden muy caras por la crisis... y solo ellos los pueden hacer.
―Tuvimos que cambiar algunas piezas… la que salieron bastante costosas aún siendo pequeñas… ―dijo bajando la cabeza y ladeando la cabeza.
―Bueno, sí, ya que terminó el espectáculo y todo… te diré por qué vine… quería preguntarles a qué hora es el baile del festival… y si necesitan ayuda con algo ―dije cruzando los brazos.
―Pues ayuda física no necesitamos, ya hay mucha gente del pueblo ayudando con los preparativos, pero pueden darnos ánimos o hasta incluso, participar si lo desean ―dijo.
―Pues no se mucho de danza…, pero puedo preguntarle  las chicas si gustan.
―¡Oh, eso sería una muy buena idea! ―dijo Estrella emocionada mientras se acercaba.
―Sí, es una muy buena idea… estaremos esperando sus respuestas, ¿verdad hermanita? ―dijo Luna abrazando levemente a su hermana por un costado.
―¡Claro! ¡será divertido! Hace mucho que nadie ayuda con la danza del festival, ya hasta aburre ver la misma cara todos los años ―dijo mientras intentaba apartarse del abrazo.
―Bueno, iré a bañarme, mañana hablaremos todo entonces ―respondí mientras volvía a hacia los pasillos.
―Suerte… y cuidado a las chicas ja, ja ―respondió Luna mientras me guiñaba un ojo.
―Claro… lo que digas, enana sin pechos… ja, ja, ja ―dije mientras caminaba rápidamente fuera de la habitación.
―¡¿Qué dijiste?! ―gritó, mientras, se escuchaba a su hermana intentando tranquilizarla «Ya, ya» decía.
Junto con pasar los pasillos y entrar al baño y desvestirme en el vestuario, un vestuario pequeño ―para máximo diez personas― hecho de madera y piedra rústica... escuché una voz que provenía desde dentro del baño…, Alguien cantaba y otra persona justo luego la acompaña. «Esas voces son… ¿Angélica y Dani?... que hermosas, no sabía que cantaran… » pensé, y me quedé escuchando la melodía tarareada.
Después de un breve momento, dejaron de cantar… «Bueno… deberían ir saliendo ya, así que…» volví a pensar, pero esta vez, mientras abría la puerta para entrar.
Después de bañarse, las chicas estaban por salir por la puerta, yo las saludé y les pasé por un lado. Ellas hicieron lo mismo... y me dijeron antes de salir: «Estaremos en la sala de juegos» y cerraron la puerta detrás de ellas.
Yo, decidí meterme al baño; un baño al aire libre, pero cercado a la perfección con una pared de madera de roble oscura, pisos de piedra, lugares de ducha ―unas muy pequeñas―, y un lugar con unas pequeñas sillas de madera frente a unos espejos con cepillos de cabello debajo... Luego de contemplar el lugar, me dediqué a relajarme el tiempo que me quedaba.
Unos pocos minutos después, se escuchó la puerta abriéndose… Al girar mi cabeza, vi de reojo a Luna y a Estrella entrar al baño. Estaban pálidas.. quizás porque eran de tez blanca pálida de por sí, o quizás también por todo el vapor del calor del baño termal. Un poco de cada cosa quizás…
Luego de entrar, se metieron al baño justo a mi lado y comenzaron a hablar como si no estuviera ahí. «¿Que deberíamos hacer para nuestro próximo espectáculo? Y ¿que deberíamos hacer para la muestra de la feria?» Eran unas de las preguntas que se hicieron a sí mismas.
―Ejem… ―dije fuertemente para llamar la atención.
―Sí, sabemos que estás ahí, pero decidimos ignorarte por tu mala conducta ―dijo Luna.
―Solo ella decidió eso... ―dijo detrás su hermana Estrella formando una equis con sus brazos.
―Shhhu, cállate ―dijo colocándose el dedo índice en la boca, como si intentase guardar un secreto.
―Ja, ja, qué dura eres, casi me das miedo ―dije burlándome de ella.
―¡¿Que?! ―dijo levantándose bruscamente.
―He, cuidado se te cae todo que no tiene donde agarrarse ―dije mirándola con una cara de superioridad.
―Uhg… te ignoraré ―dijo mientras volvía a meterse al agua.
―Entonces, cuéntenme, ¿qué asuntos les hizo meterse al agua conmigo, a las damas de las mareas? ―dije estirando mis brazos y colocándolos en los bordes de mármol de una de las esquinas del baño.
―Después de terminar de atender a todos los clientes y cerrar la posada quedando solo los VIPs yendo a sus cuartos, decidimos venirnos a bañar, aunque no sabíamos que ibas a estar aquí ―dijo Luna girando su cabeza, como si intentase ignorarme.
―Sí sabíamos ―dijo Estrella―, para eso no fue lo que vinimos realmente, ¿o no hermana? ―siguió contradiciendo a Luna.
―Santas estrellas, como te gusta hablar de más… estos jóvenes de ahora... ―replicó Luna― no, para eso no fue solamente a lo que vinimos... ―continuó.
―¿Y para qué entonces mujer? ―dije después de cansarme del baño, ya que tenía más de cinco minutos en él y comenzaba a marearme un poco.
―Últimamente pasan cosas muy raras en la ciudad y quisiéramos que la investigases… Ya sabes, para estar seguras en el evento y todo lo demás ―dijo con un acento campestre-citadino muy antiguo ―una muy rara mezcla―
―Já… ¿Como la pelea del bar? ―dije burlándome.
―No. Siento que algo malo va a pasar… mi diosa no me ha hablado desde hace un par de días y eso me preocupa ―respondió con una cara de amargura.
―Seguro se está tomando unas vacaciones ―seguí con mis comentarios en burla.
―¿Al menos podrías revisar mañana si hay algo extraño? ―dijo mientras seguía obviando mis comentarios con una cara triste… al parecer realmente le preocupaba.
―De acuerdo… pero quita ya esa cara triste que tienes… yo me encargo, y si pasa algo, también me encargo… O dejo que Dani se haga cargo, probablemente ella pueda con una pelea de ciudadanos.
―Esperemos que solo sea como lo de hace un rato ―dijo mientras salía del baño― vamos Estrella ―continuó después de una breve pausa.
―Sí, vamos... hasta luego señor Leo ―respondió Estrella a la orden mientras salía también despidiéndose de mí..
Después que salieran, también salí del baño ―muy mareado, pero salí―. Para luego dirigirme a donde las chicas se encontraban; el área recreativa. Una área con varios tipos de juegos de mesa; ping pong, damas, ajedrez, dominó... y otra mesa con un paquete de cartas a medio barajar regadas. Tenía la misma decoración que mi cuarto ―tapicería, cuadros y muebles―, pero esta era de diversos tonos de azul, al igual que la decoración del bar y prácticamente todo el lugar. Luego las vi. «Están jugando… ¿Ajedrez?» dije en mis pensamientos para seguir observando cómo jugaban... Lo malo era que llegué un poco tarde, porque ya estaban por terminar habiéndose decidido la ganadora.
―Listo, Jaque Mate ―dijo Angélica mientras movía la última pieza.
―Aaah… perdí... ―dijo Daniela mientras inclinaba el cuerpo hacia atrás y colocaba sus brazos en su cabeza― Eres muy buena ―dijo felicitándola.
―Jaja, no es para tanto, solo necesitas un poco de concentración para poder pensar los movimientos de tu oponente… y conocer las piezas y lo que pueden llegar a hacer ―respondió Angélica al halago.
―Oh… ¿Puedo intentar? ― dije mientras terminaban de hablar.
―¡Leo! hola ―dijo Angélica mientras comenzaba a poner las piezas en su sitio.
―Hola, jaja ¿puedo intentar una partida? ―dije mientras caminaba hacia donde se encontraban.
―Claro ¿por qué no? ―respondió Daniela mientras se levantaba de la silla.
Me senté, terminamos de acomodar las piezas, y comenzamos a jugar. Luego de un rato…
―…Perdí… ―tomé una breve pausa― perdí... ―dije otra vez observándola― sí, perdí ―repetí mientras seguía pensando en las jugadas que me habían hecho perder.
―Sipi ―dijo Angélica moviendo la última pieza―. Jaque Mate.
―Guao, eres buena, tengo que admitirlo… ―dije mientras comenzaba a repartir las piezas en sus posiciones.
―Si fuera una batalla real y controlas a tu grupo así, moriríamos ―dijo mientras colocaba sus piezas donde iban.
―Si fuera una batalla real… ya todos los enemigos hubieran muerto, sin siquiera un sacrificio de mi lado ―dije confiado.
―Bueno… espero que no tengamos que ver una batalla real… ―dijo Daniela mientras compraba de una máquina expendedora un té.
―Yo igual… ―respondió Angélica.
―Bueno… ¿otra más? ―dije mientras movía mi pieza para comenzar, ya que yo era Blanco.
―De acuerdo ―respondió mientras continuaba con su jugada.
Después de un rato largo de perder… algo después de unas cuantas horas ―sí, aguantamos bastante jugando seguidamente―, me di enteramente por vencido. Luego arreglamos todo y volvimos a la habitación ―aunque lo peor de todo es que seguíamos con las toallas de baño, lo que podía enfermarnos―.
―Bueno, como ya les dije, dormiré en la cama pequeña, así ustedes tendrán más espacio, así que solo faltaría cambiarnos, pero primero…  ―dije mientras presionaba unos botones de mi reloj, para luego hacer aparecer una cajita pequeña negra.
Saqué de la caja un dispositivo de color negro como el que tenemos Daniela y yo en el brazo siempre puesto y se lo di a Angélica.
―Ten, póntelo, te enseñaré un poco a usarlo ―dije mientras se lo mostraba.
Angélica se lo colocó en la mano derecha después de agarrarlo y observarlo brevemente.
―Oh, ahora que me doy cuenta, hace rato estabas jugando con la mano izquierda ¿Eres zurda? ―dije, ya que por lo general muchas personas se colocan el reloj en el brazo contrario que usan, por comodidad y todo lo demás, aunque las mujeres son indistintas.
―Sip, siempre hice las cosas de pequeña con esta mano ―dijo alzando la mano izquierda― y me acostumbré.
―Eso es… bueno... Ja, ja ―sonreí levemente―. En fin, como no sabes utilizar esto, te enseñaré cómo, lo cual te ayudará de ahora en adelante… ―dije mientras presionaba uno de los botones del dispositivo… luego de un segundo, mi toalla desaparece y mi ropa de dormir apareció en mi cuerpo en menos de un cuarto de segundo, cubriéndo el proceso con una fibra óptica ―como una luz suave―. Una camisa negra con blanco y un pantalón de dormir con los mismos colores aparecieron ―una pijama de por sí―.
―¡Genial! ¡¿Cómo lo hiciste?! ―dijo realmente asombrada.
―Fácil… en tu dispositivo, o reloj, como gustes llamarlo, hay varios botones, uno es pequeño y rojo… Ese, sirve para hablar con gente a distancia y para casos de emergencia… lo dejas presionado y me enviará automáticamente una alerta al mío, ya que están conectados, mostrándome dónde te encuentras, sea donde sea… ―dije tomando una pausa― El segundo, es uno mediano y azul, es el que utilicé, ese, te permite cambiar como luces si lo dejas presionado, pero si solo lo presionas una vez, te coloca la última vestimenta que usaste y en todo caso que se haya roto, la reparará… útil ¿no? ―dije tomando otra pausa―. Y por último explicado, está el botón verde pequeño, que te permite guardar objetos, incluyendo dinero..., y todo mediante nanotecnología mágica mejorada. Después te diré para qué sirve el otro blanco con negro, ahora mismo no importa… Y, dándole a la pantalla dos veces, te mostrará lo que tienes dentro y la capacidad restante en Kilogramos.
―¿Por qué en kilos? ―preguntó confusa.
―Porque así es más fácil medir el tamaño de la capacidad real a la virtual ―respondí.
―Ya… se ve bastante útil ―dijo observándolo detenidamente.
―Lo es, o por lo menos, es mejor que nada… ―dijo Daniela.
―De acuerdo, probemos… ―dijo Angélica mientras dejaba presionado el botón azul, y poco a poco fue modificando la ropa que se pondría…
Luego de unos momentos, escogió una ropa exacta y presionó de nuevo el botón ―sin que yo le dijera nada―. Luego, de un resplandor blanco, el dispositivo le colocó una blusa semitransparente blanca, junto con la ropa íntima para dormir del mismo color. «Uhm… le queda muy bien… para ser casi un...» pensé observándola.
―Eeeehm… ¿no es un poco atrevida esa ropa?... ―dijo Daniela sorprendida.
―Siempre he querido ponerme algo así… para mi se ve linda… ¿o no Leo? ―me preguntó sabiendo como reaccionaria.
―Pues sí, te queda muy bien… ―dije mientras veía su nueva ropa de dormir.
―Entonces… ¡yo también! ―dijo Dani presionando el mismo botón y seleccionando una nueva ropa.
Esta vez un destello negro con rojo oscuro hizo desaparecer la ropa de Dani. Y rápidamente un vestido corto negro semitransparente ―al igual que Angélica― apareció junto con la ropa íntima ornamentada con rosas de color rojo oscuro.
―Guao… no sabía que podías ser tan… provocativa… aunque no te conozco mucho, pero… te queda bien… ―dijo Angélica.
―Yo tampoco y eso que sí la conozco ―dije sorprendido.
―Pues si ella puede, yo también, y… ¿en serio me voy así…? solo me gusta el diseño también… no quería… ―dijo apenada cubriéndose con los brazos.
―Bueno… sí, pero vayamos a dormir, mañana será un largo día ―dije mientras preparaba mi cama para dormir y para obviar la actuación celopata― Bueno, descansen, dulces sueños ―dije rápidamente cubriéndome con la sábana.
―Igual maestro, buenas noches ―respondió.
―Buenas noches a todos ―dijo Angélica mientras se acostaba al lado de Daniela.
Luego de un momento de no pensar en cualquier cosa, me logré quedar dormido.
En la mañana, al abrir los ojos y mirar a alrededor de la habitación, no vi a nadie. «¿Dónde se habrán metido?» me pregunté con el mismo cliché de antes. De repente, la puerta de la habitación se abrió.
―¿Maestro, está despierto? ―dijo Daniela asomada en la puerta.
Las chicas entraron a la habitación con trajes de sirvienta ―los mismos que Luna y Estrella usan para la posada―. «¿Prestados? pensé por un segundo. Venían junto con una carretilla con tres desayunos diferentes; Huevos cocidos, cereal con frutas naturales y panqueques.
―Oh… tenía tiempo sin comer buena comida… gracias chicas ―dije mientras me acercaba a una mesa redonda que se encontraba en una esquina de la habitación.
―Dani me dijo que como eres de la rama de los demonios, no tenías que comer, lo cual me sorprendió, molestó y confundió al mismo tiempo… pero también me dijo que a veces te veía comer… así que pensé que si comías quizás te ayudaría un poco. Yo como muy poco… no sé por qué.
―Sí, bueno, soy mitad humano también, por eso como de vez en cuando… y uhm… luego veremos, quizás tu madre era algo diferente ―dije para sacarla de más preguntas que no quería responder.
―Realmente no lo sé, no la conocía mucho… o mas bien, no la recuerdo del todo, ya que no pasaba mucho tiempo conmigo... ni a ella, ni a mi padre ―dijo intentando pensar sobre ellos.
―Quizás algún día los vuelvas a ver, no debe perder las esperanzas ―dije mientras colocaba mi plato de comida en la mesa.
―Sí, es cierto, pero por ahora, comamos jeje… ―terminó de pensar en ellos y movía los platos restantes a la mesa.
Las chicas se sentaron a comer a mi lado, Dani a la izquierda y Angélica a mi derecha.
―¡Maestro! diga ¡Aahhmm!... ―dijo Daniela mientras acercaba parte de su comida ―los Huevos― a mi boca con un tenedor.
Ellas comían los huevos cocidos y el cereal de frutas... a mí me dejaron los panqueques.
―Pero si puedo comer solo… ―dije confuso.
―Por favor, no sea malo y diga ¡Ahhmm! ―siguió intentando darme de comer.
―Está bien, está bien… ―Abrí mi boca para comer de su tenedor… masticándola lentamente, terminé con lo que me dió.
―¡Ahora yo...! ¡Aaaahhmm…! ―dijo Angélica más extensamente con una cucharada grande de cereal.
―De acuerdo, calma… ―volví a repetir el mismo procedimiento, esta vez con el cereal― Bueno, ya, comeré de lo mío ahora ―dije mientras cortaba mis panqueques.
De repente alguien tocó la puerta.
―Adelante ―dije después de terminar de masticar.
―Leo… ¿Ya les dijiste a…? ―dijo Luna mientras entraba― Lo siento, no sabía que estaban… comiendo ―dijo asombrada.
―Descuida. Y sobre eso… no, no les he dicho nada aún ―dije limpiándome la boca con una pequeña servilleta que estaba al lado de mi plato.
―¿Sobre qué, maestro? ―preguntó confusa Daniela.
―Luna quiere que ambas participen en el festival, tú, como participante en el torneo… y Angélica, como doncella de baile, ¿no? ―dije respondiéndole a Daniela y preguntándole a Luna.
―Exacto ―respondió Luna.
―Oh… Uhm… de acuerdo ¿por qué no? ―dijo Daniela dudando.
―Pero… yo no sé bailar… ―dijo Angélica agachando la cabeza.
―No te preocupes… es una danza sencilla, te la aprenderás rápido ―respondió Luna mientras le agarraba las manos para darle confianza.
―De acuerdo, lo haré entonces ―dijo al fin.
―Bien, está decidido entonces… ahora falta esperar a la lista de concursantes para el torneo ―dije mientras terminaba de comer.
―Ya está lista ―dijo Luna mostraádome la lista.
―¿Oh? ¿Y quién va contra Dani? ―dijo Angélica.
―Unos extranjeros que se unieron al torneo… si mal no recuerdo uno de ellos es el chico de ayer en el bar, tiene un nombre raro, es oriental creo.
―Como yo no me presento sino hasta la final… no me preocupo ―dije confiado.
―¿Y a tí cuando te metieron? ―preguntó Luna― ¿Y cómo es que obtuvieron esos trajes ustedes? ―volvió a preguntar confusa.
―Pues tú quién si no ―dije mientras la señalaba―
―Bueno, probablemente esté con el maestro en la final... y sobre los trajes… los copiamos con el dispositivo mediante visualización.
―Ya veo… ustedes también tienen de esos... y yo que pensaba que eran raros.
―Son raros, solo que mis allegados siempre deben tener uno en caso de emergencia ―dije―. Y ya te dije que no te confíes nunca Dani… no sabes contra quien pelearás… además, recuerda que son Artes marciales, no Ninjitsu… y que no es a muerte.
―Sí, lo sé… daré lo mejor de mi igualmente ―respondió cerrando y mostrando su puño de confianza.
―Así me gusta… bueno, ya que terminamos de comer, recojamos todo para salir… ―dije mientras levantaba mi plato colocándolo en la carretilla nuevamente.
―Pero maestro, usted era el único que faltaba ―dijo Daniela.
―Nosotras terminamos mientras ustedes explicaban todo ―dijo Angélica riéndose.
―Bueno, entonces vayámonos… ―dije mientras me cambiaba de ropa y caminaba hacia la puerta― Tendremos que dejar a Luna sola, lo siento Lunita ―dije en tono burlón.
―No importa, igual también tengo que ayudar a la gente del pueblo con los preparativos, suerte chicas ―dijo mientras salía por la puerta primero que todos y se despedía con un gesto de mano.
―Bueno, vayámonos ―dije saliendo por la puerta.
Luego de salir de la habitación, nos dirigimos a las afueras de la posada.
―Bueno, ¿Dónde vamos?, podemos visitar algunos puestos de comida o simplemente ir a ver lo que falta poco del festival para el concurso… aunque casi todo esta cerrado…―
―Sí, es cierto…. La mayoría de las tiendas abrirán en la noche… ¡Pero hay gente que está abriendo, vayamos a ver!― Dice Angélica emocionada.
Al caminar, vimos casi un ochenta por ciento de los puestos cerrados, los pocos abiertos eran de comida rápida con poca mercancía y juegos básicos de niños. Y, después de caminar un poco más, vimos un juego que al parecer a las chicas les interesó.
―Maestro, mire ese, parece divertido ―dijo Daniela mientras señalaba un puesto grande de madera, con un gran letrero que decía; El Tira Globos. El cual era por puntos.
―Pues vayamos a ver ―dije alentándolas a ver el juego.
En un pequeño letrero al lado del mostrador se marcaban los puntos en letras oscuras y letras a mano corridas;

El Tira Globos:

Primer Lugar: (750 puntos)
Premio Especial Combinado.
Segundo Lugar: (500 pts)
Premio Mediano.
Tercer Lugar: (250 pts)
Premio Simple.



―Adelante, pasen, no sean tímidas ―dijo una voz detrás del mostrador refiriéndose a las chicas―, no cuesta nada observar, aunque sí jugar, ja―ja ―dijo un hombre blanco, alto, de barba grisácea y con un parche en el ojo derecho, que hacía conjunto con un traje rojo pirata antiguo y un sombrero negro puntiagudo, como si fuera un capitán pirata.
―Pues… ¿cuánto cuesta el juego? ―pregunté.
―Solamente cinco monedas de oro mi querido trotamundos ―respondió amablemente.
―No es mucho, pero tampoco es algo que quiero realmente, por lo que no compraré yo ―dije observando el juego―, pero sí me daré una oportunidad antes que ustedes… ―dije después, cambiando de parecer, ya que había visto a las chicas emocionadas por un collar a lo alto de un estante―, lo siento por ustedes chicas. Oh, y recuerden que solo les puedo dar quince monedas para cada una ―dije transfiriéndoles quince monedas a cada una con el dispositivo―. Ahora, déjenme intentarlo primero ―dije observando una diana de máximo cien puntos que se encontraba en medio de una pared blanca.
―De acuerdo mi buen señor, aquí tiene ocho globos y dos extra por ser el primer cliente que llega en la mañana... y si gusta, puede tener dos más por solo una moneda cada uno ―dijo el hombre cortésmente mientras sacaba los globos ―los cuales eran todos del mismo color, blanco― de debajo del mostrador.
―Bueno, son diez oportunidades... y buena ganga que se saca por esos dos extras, ja, ja ―dije mientras agarraba uno de los globos.
Lanzando el primero, apuntando al aro ―de una diana de arquería al parecer― de 100, el cual cae en el de 75. «¿Oh? Con que sí...» dije mientras analizaba los globos, para luego lanzar otro más rápido. El cual cayó esta vez, en el aro de 100. Y así seguí, hasta completar los 750 requeridos, usando ocho globos en total, para un puntaje de 775.
―¡Tenemos un ganador! ¡con nada más y nada menos, setecientos setenta y cinco puntos! ¡llevándose consigo el premio mixto! ―bramó el hombre, mientras sonaba una pequeña campanilla dorada, con la cual prosiguió ―después de dejar de tocarla―, a sacar una caja con un collar y una pulsera de diamantes mixtos, negros y blancos. Y otra caja, con una pulsera-muñequera y un anillo para hombres de color negro.
―¿Esto es el premio?, se ven lindos… ―dije― me llevo el collar y la pulsera de diamantes ―continué señalando la caja para mujeres. Y, observando a las chicas, decidí dárselos a cada una. A daniela, le di la pulsera, y a Angélica, el collar.
―¡Gracias Maestro! ―gritó Daniela mientras me abrazaba.
―¡Es muy lindo, gracias! ―dijo Angélica sorprendida y feliz.
Ambas chicas se los colocaron. Les quedaba muy bien con todo y los vestidos que llevaban puestos.
―Bueno... ¿qué hacemos ahora? ―pregunté para saber qué querrían hacer.
―No es justo que solo tengamos un premio… yo quiero darle uno a usted también, maestro ―dijo Daniela.
―Yo igual ―dijo Angélica detrás.
―Guao… pues… si quieren intentar, adelante ―dije sorprendido levemente, ya que supuse que también querrían intentar.
―¡Sí! ―dijeron ambas al mismo tiempo.
―De acuerdo, aquí hay más globos, y… si no les molesta… ¿podrían pagar? ―dijo el hombre con más globos a la mano.
―Oh, sí, claro, deja le pago el mío ―dije mientras sacaba las monedas mediante mi dispositivo para entregárselas―. Tenga ―le dije mientras se las daba.
―Lindo reloj, se ve útil, ahrr ―dijo con acento pirata.
―Gracias, Ahrr ―dije mientras repetía su gesto pirata.
―Ehrm… ―dijeron las chicas confusas y comenzaron a reír― Ja… ja ja.
Ambas chicas comenzaron a lanzar globos y aprendieron la técnica para acertar a la diana de 100 rápidamente. Ganando entre ambas, un premio de 750 puntos.
―Queremos la muñequera y el anillo, por favor ―dijeron ambas chicas, como si estuvieran sincronizadas, con todo y el por favor.
―Al parecer hoy no es mi día de suerte, ahrr ―dijo el hombre, mientras sacaba la caja con los objetos pedidos.
―Muchas gracias, señor capitán pirata ―dijo Angélica.
―Sí, muchas gracias ―dijo Daniela, mientras agarraba la caja para entregármela.
―Gracias a ustedes también chicos ―dijo el hombre con su acento regular.
Agarré la caja que las chicas me ganaron y entregaron. «¿Ahora?» les pregunté, y ellas solo respondieron con un «A donde quiera», con unas sonrisas increíblemente alegres.
Después de un rato de ver varios puestos y jugar en alguno de ellos… uno de capturar peces y otro que era de una adivina muy joven, la cual predecía lo que harías en el día, la cual dijo exactamente lo que haríamos y de donde me guié; caminar viendo los puestos cerrados, ir a la arena de combate y esperar al festival, donde Angélica danzaria para nosotros ―incluyéndose―, para luego luchar contra unas manchas negras ―al parecer no podía verlos claramente―… y de ahí enmudeció. Dudando, le dimos las gracias y seguimos nuestro camino. Yo seguí por un rato más pensando que podrían ser esas manchas negras a las que se refería… pero rápidamente dejé de darle importancia.
De camino a la arena de combate después de ver los puestos cerrados aún… llegamos y vimos a mucha gente alrededor de una persona.
―¿Qué pasará esta vez?... dudo que sea una práctica ―preguntó Daniela.
―No lo sé, vamos a ver… ―respondió Angélica.
―Con calma chicas ―dije parandolas un poco.
Acercándonos a donde está la multitud, vimos que la gente estaba reunida peleando a gritos con un joven.
―Oh, es el mismo chico del bar… ¿Qué habrá pasado? ¡Ey! ¿Estás bien chico?! ―bramó Angélica entre la multitud.
La gente volteó a vernos con duda en sus ojos. Luego nos preguntaron varias personas enojadas «¡¿Son amigos de este chico?!»
―No, apenas y lo hemos visto, pero… ¿qué está pasando? ―pregunté.
―Este chico dice que nos retiremos del torneo, porque somos débiles y que no íbamos a durar ni las primeras rondas… ―dijo un hombre eufórico.
―Ya veo… te gusta buscar pelea ¿no, chico? ―le pregunté.
―Solo les dije la verdad… ―no pretendía que se pusieran tan agresivos.
―No deberías decir eso… todos tienen oportunidad de perder… incluso los más fuertes… ―dije acompañando su idea, para que se enojaran aún más.
―¡Bah! ¡¿Tú también?! ¡me largo, seguiré entrenando! no seguiré peleando con esta gente… ¡nos vemos en el torneo niños! ―gritó enfurecido un hombre alto musculoso, pero de más de sesenta años.
―Bueno… ya perdimos mucho tiempo… ¡que comience el torneo! ―dijo Luna mediante un gran parlante viejo.
Luna presentó el evento y todo lo relacionado con el festival.
―¡Hoy tenemos la primera ronda eliminatoria del Vigésimo Torneo de Artes Marciales Superiores de nuestra amada villa! ―dijo pausando su voz― “¡Serenata!” ―siguió con entusiasmo―, ¡patrocinada nada más y nada menos que por mí… Luna Aqua! ―dijo pausando otra vez― ¡Aplaudan por favor a las dos primeras personas! ―continuó sin decir nombres― que no quisieron decir sus nombres… ―dijo al final en voz baja por el altavoz― ¡Que se enfrentarán entre sí! ―exclamó de último.
―Esto se pondrá bueno… ―dije cerrando los ojos.
Entraron dos personas a la arena; uno, tenía una capa que lo cubría de pies a cabeza, ni el rostro se podía ver. Y el otro, era el joven anterior, junto con una ropa ninja de color carmesí con un dragón negro en su pecho…
―¡Buh…! ¡sácalo! ―gritaba fuertemente la gente alrededor de la caja de combate.
―Creo que te odian… ―dijo el hombre de la capucha con voz grave muy baja.
―No me gusta hablar en un combate, solo concéntrate y da lo mejor de ti ―respondió el joven.
―¡¿Están listos?! ¡Que comience el combate! ―gritó Luna para dar comienzo a la batalla.
El chico corrió hacia el hombre atacando con golpes rápidos. El hombre los bloqueó con sus puños, como si supiera donde iban a parar… Luego, para separarse de él, le dio una patada con la pierna derecha girando hacia su misma derecha y dándole con el talón para alejarlo. El chico la bloqueó con sus dos brazos y mientras que la patada lo empujaba hacia atrás, el hombre lo atacaba con un rodillazo por el impulso del giro que había dado… El chico la esquivó girando su cuerpo alrededor de él, para luego, darle con su codo derecho para alargar su distancia nuevamente.
―Já… eres bueno… pero no haces más que esquivar… ―dijo el hombre mientras saltaba dando una vuelta en el aire para lanzar una patada giratoria ―hacia delante y hacia abajo―.
El chico lo esquivó rodando en el suelo hacia un lado, y, apartándose del hombre, intentó recomponer su postura. Al hacerlo, lograrlo, y poder empujar su cuerpo hacia adelante, se lanzó contra el hombre dando más y más golpes rápidos… Pero esta vez, aún más rápidos.
El hombre, después de varios golpes, no podía seguir la velocidad del chico y decidió lanzarle golpes fuertes para dejarlo fuera de combate. Los golpes fueron tan fuertes que se veía un poco de viento alrededor de ellos… como si le fueran a pegar y dejar inconsciente.
El chico, para evitar esos golpes, le hizo un rodeo, para que tuviera que pegar mientras se movía… luego de unos instantes, se colocó por su espalda y le dio varios golpes rápidos ―aunque débiles― en las piernas, haciendo que se desequilibrase y que tuviera que caer de rodillas al suelo.
―Ja… que rápido… ―dijo el hombre intentando levantarse― pero esto aún no acaba… ―continuó después de lograr levantarse.
En sus últimos intentos, el hombre dio varias patadas diagonales hacia arriba y luego hacia abajo, aunque el chico las esquivó, e intentó colocarse nuevamente detrás del hombre... pero el hombre lanzó patadas hacia atrás para no dejarle hacer nada. Luego de que el chico resistió un poco las patadas, el hombre se cansó y cesó sus ataques.
―Veo que hasta aquí llegué… es mejor terminar todo de una vez ―dijo mientras que el público gritaba…
―¡Acabalo chico! ―decían las mujeres.
―¡Que no te gane! ―decían los hombres alentando al hombre de la capucha.
―Es bastante bueno… debería de terminarlo ya ―dije yo mientras observaba el combate, para luego otra vez cerrar los ojos―
El hombre de la capucha se lanzó con todas sus fuerzas hacia el chico dando un combo de golpes y patadas muy fuertes. Mientras, el chico esquivaba cada una de ellas y se movía detrás del hombre para terminarlo con varios golpes sucesivos hacia su espalda, cuello, brazos, y terminando, dos patadas en sus piernas, dejando caer al hombre en el suelo. «Ja…» comentó el hombre mientras caía.
―¡Y tenemos un ganador!... ―gritó Luna mientras que la gente enloquecía por la victoria del chico… por lo cual se escuchan gritos de emoción y de odio por el espectáculo dado.
―Es bueno… ―dije mientras me movía entre la multitud.
―¡Ahora, la segunda ronda de…! ―intentó decir antes de que una voz la interrumpiera.
―¡Se acabó! ―gritó un hombre encapuchado desde lo alto de una estatua grande de una diosa  con alas grandes reposadas, que se encontraba detrás del campo de enfrentamientos.
―¡¿Eh?! ¿quién eres tú? ―gritó Luna.
El hombre encapuchado desapareció y reapareció frente a Luna arrebatándole un pequeño micrófono que tenía en su mano, junto con empujarla levemente, para luego volver a reaparecer en la cima de la estatua.
―Es hora de que se acabe el espectáculo… ―dijo el hombre mediante el micrófono― ¡Hoy, mis compañeros y yo… venimos a entregarle un mensaje a cierta persona que se encuentra entre el público! ―dijo el hombre señalándome… mientras que movía sus dedos hacia mí, lanzándome un pequeño trozo de papel.
Agarrándolo… lo abrí de inmediato, para leer solo dos palabras escritas: «Nosotros somos» Sin nada más escrito.
―¿Qué se supone que es esto? ―dije confuso― ¿que quieren? ―reclamé.
―Luego sabrás lo que es... mientras tanto, arruinaremos un poco vuestro espectáculo… ―dijo mientras desaparecía detrás de la estatua como una sombra y soltando el micrófono, que cayó en las manos de Luna sorpresivamente.
El público estaba desconcertado… pero luego de unos momentos, varias personas altas totalmente negras aparecieron de entre la estatua ―saliendo de la sombra de esta, o formándose de la misma, como si fuesen muertos vivientes saliendo de la tierra para comerse a las personas― y comenzaron a atacar a la gente de los alrededores ―incluyendo puestos de comida―, haciendo que la gente corriera hacia detrás de los luchadores.
―¡Juntense todos aquí! ¡nosotros los protegeremos! ―dijeron varios luchadores mientras atacaban a las sombras, las mismas que se refería la adivina seguramente y el mismo peligro que Luna previó el día anterior.
―¿Qué querrá decir…? ―dije confuso mientras esquivaba sin mirar a las sombras que me atacaban.
―¡¿A quién le importa?! ¡Haz algo! ¡nos atacan! ―dijo Luna.
―Sí, sí… ―dije sin prestarle atención― pero para eso están los luchadores ―dije observando la situación y la fuerza de estos― ya ellos se encargarán… ―respondí mientras observaba nuevamente como todos los luchadores combatían a las sombras con plena ventaja, ya que Daniela se estaba encargando a muchas a la vez y que solo llegaban para desaparecer nuevamente, gracias al chico del torneo por igual, que ayudaba junto a los demás.
―Bueno… al menos estoy ayudando un poco ―dijo Daniela volviendo cerca de mí.
―Sí, pero no te excedas, también deben protegerse a sí mismos, solo no dejes que los hieran gravemente ―dije mientras seguía esquivando varias sombras que me atacaban y que solo necesitaba golpearlas suavemente para que desaparecieran como si no fuesen un gran peligro... el hombre que apareció anterior no quería herirnos, o eso pensé.
Luego de unos momentos, la gente que luchó, se encontraba muy cansada y no podían seguir peleando… aunque ya había pasado todo.
―Creo que esos son todos… ¿están bien? ―dijo Luna mientras veía a la gente de la villa.
―Si… estamos bien ―dije respondiendo a su comentario.
Después de mi comentario, Luna se acercó a darme una muy fuerte cachetada. «Eres un...» dijo enojada.
―Sí, también me alegra ver que estás bien ―dije con la cara volteada.
―¡¿Por qué no nos ayudaste?! ―gritó de enojo― ¡Sabías que iban por tí!
―Pues no veía que necesitaran mi ayuda, además… no eran nada fuertes… solo querían causar un alboroto… y me disculpo por recordarte, que “en todo caso que pasara, Dani se podía encargar de una pelea de ciudadanos” lo cual parecía una, ya que ví a muchos de los puestos de comida luchando también con sus mismos utensilios de cocina.
―¡Pero…! ―intentó quejarse.
―Lo sé, debí ayudar más, así no habría tanto desastre, pero venga, recuerda que este mundo no es todo el tiempo pacífico... y también recuerda que si no veo algo que realmente valga la pena, así vengan por mí, no me meteré.
Se quedó en silencio por unos segundos sin decir nada.
―Al parecer la gente está muy cansada como para luchar en el torneo… y algunos recibieron varios golpes de más, pero creo que se los hicieron ellos mismos por el miedo repentino ―dijo después.
―Yo no… je, je ―dijo Daniela.
―Ni él tampoco… ―dije mirando al chico.
―Eran muy fáciles de vencer, pero pegaban increíblemente fuerte… tanto como para poder destruir los puestos… Aunque ya no aparecen más… por alguna razón se cansaron ―dijo el chico.
―Sí, eso pude notar… ya no aparecen, como si se hubieran rendido, o solo quisieron distraernos por un rato... ―dije mientras observaba la estatua de la Diosa de la Luna, de donde estaban saliendo las sombras.
―Bueno, igual, ya todo pasó… ¿pero qué hacemos con lo que falta del torneo? ―dijo Angélica, la cual estuvo todo el rato pegando puñetazos a las sombras en medio de la confusión.
―Solo queda cancelarlo… ―dijo Luna ladeando la cabeza de tristeza.
―Bueno… aún queda el espectáculo de danza, eso será algo bueno para animar a la gente ―dije animándola.
―Sí, eso espero... ―respondió pensando en algo― Bueno, hora de cambiar a nuestra bailarina estrella. Y enseñarle los pasos de la danza, aunque seguro lo hace bien, je, je ―dijo mientras se lleva a Angélica agarrandola del brazo.
Luego de un par de horas ―ya comenzaba a anochecer― vimos a Angélica vestida de doncella… un traje parecido al que tenía puesto cuando la conocí, un vestido de sacerdotisa de templo, color blanco y azul, con un listón en la cintura color azul.
―Uhm… te queda bien… se parece mucho al que cargabas puesto hace un par de días ―le dije para recordárselo― solo que este no está roto.
―Sí… lo reparé, y lo mejoré un poco… jeje ―respondió riendo mientras tocaba su dispositivo.
―Veo que te haces una idea ya ―le dije alabando su intelecto.
―¿Estas lista?, ya es hora del espectáculo… ―dijo Luna.
―¡Si, vamos! espero que salga bien, me esforcé todo el rato en aprender el baile… ―respondió.
―Estás linda por lo menos, espero que eso le guste al público… ―dije para que no se sintiera incómoda si fallaba, aunque tenía plena confianza que lo lograría.
―Yaaaaa… ―dijo Luna lanzandola detrás del escenario.
Luego de unos pocos minutos, todas las luces del escenario se apagaron… y se encendieron varias esquinas del escenario, un escenario techado ―el cual estuvieran trabajando en él varias personas las dos horas que las chicas preparaban a Angélica―. Luego, se vio a lo lejos a Angélica sentada en el medio de una pequeña plataforma que se elevaba lentamente. Después de terminar su ascenso se escuchó una música de fondo a poco volumen hecha a flautas, arpas y tambores pequeños, la cual iba en Crescendo… En ese momento, Angélica comienza a bailar, justamente con el Abanico que Luna tenía, y el cual le regalé yo. Y, un tema parecido al que bailó en el bar, solo que mucho más suave, y aunque este no tiene solamente Arpa, se escuchaba bastante bien. Moviendo ligeramente su ropa, iba bailando de lado a lado con el abanico, mientras se veían explosiones de fuego desde las llamas del escenario, y muy suavemente unos pequeños puntos de colores rodeando su cuerpo.
―Uhm… ¿qué son esos? ¿espíritus? ―pregunté.
―Sí, son espíritus… pero no cualquier clase de espíritu… son los espíritus elementales que se unieron para dar vida a esta región, la cual, los mismos espíritus ayudaron también a formar el pueblo en sí, y por eso se les da esta celebración desde hace décadas ―dijo la misma señora que nos enseñó el camino a la posada el día de ayer, y la cual estaba vestida de la misma manera.
―Oh… hola, buenas noches ―dije saludándola.
―Buenas noches hijito… espero la estés pasando bien, y al parecer tu amiga se entrenó bastante bien para este baile sagrado, ya que una persona normal no se puede aprender esta danza en menos de diez horas… es muy difícil que pase, por eso merece un aplauso ―respondió la señora.
―Sí, ella es especial, es buena en esa clase de cosas… eso es lo bueno ―dije observando a la señora.
―Bueno… espero sigan disfrutando del espectáculo… yo tengo que irme ya… cuídense…jeje…―dijo despidiéndose, para luego desaparecer entre la multitud, la cual no despegaba un ojo del baile de Angélica.
Mientras nosotros terminamos de hablar, la gente aplaudió fuertemente después de que terminara el baile. «al parecer se terminó el espectáculo» dije aplaudiendo también.
―¡Debiste ver a Angélica! ¡lo hizo excelente! ―dijo Daniela.
―Si la ví, solo que no me gusta mucho la danza antigua ―dije.
―Pero con la mía te quedaste sin habla ¿no? ―dijo Luna acercándose.
―Bueno… ustedes fueron algo diferente ―respondí a su comentario.
―Ya, claro… y hablando de la reina de la danza… aquí llega nuestra doncella ―dijo mientras señalaba por un costado del escenario a Angélica, la cual se acercaba con el traje que tenía antes de irse a entrenar, para pasar casi inadvertida.
―¿Te cambiaste? me gustaba tu traje… ―dijo Daniela cruzando los brazos decepcionada.
―Sí, bueno… no me gusta ir con ese tipo de trajes en público... es muy llamativo, pero al menos se que a la gente le gustó… ―respondió mientras coloca sus brazos hacia atrás, movía los hombros de alante hacia atrás y mira hacia abajo.
―Bueno, sí… también que lo hiciste bastante bien, para solo tener dos horas de práctica… ―dije.
―¡Sí! yo también me sorprendí al ver como lo hacía cuando practicábamos… hizo casi de inmediato cada movimiento consecutivo ―dijo Luna sorprendida.
―Debe ser porque antes estaba en un templo… quizás se le hizo fácil por eso… ―respondí.
―Sí… pero por alguna razón recuerdo que bailé mucho cuando era pequeña, pero no es mucho lo que recuerdo tampoco, la mayoría de mis recuerdos están borrosos… es como si algo no me dejara recordar ―dijo Angélica forzando sus pensamientos.
―Quizás luego encuentres las respuestas que buscas… pero ahora solo sé una cosa… ―dije.
―¿Cual? ―preguntó Daniela.
―Que ya se terminó el festival… y que ya nos tenemos que ir de vuelta a casa… ―dije mientras caminaba un poco.
―¿Eeehhh? ¿tan rápido? si apenas va comenzando la noche… ―dijo Angélica.
―Tenemos que llegar a casa antes de tres días… y nos tomará bastante de aquí a allá… así que, sí, tan rápido… ―les comenté.
―Bueno, espero les vaya bien en su viaje de vuelta a “esa” casota ―dijo Luna.
―Saludos a tu hermana… espero la pasen bien. Y descuida… nos veremos más pronto de lo que piensas… jaja ―dije mientras seguía caminando.
―Igual, saludos a todos por allá… buen viaje… ―dijo despidiéndose.
―¡Espérenos, maestro! ―gritó Daniela.
Después de despedirnos, salir de la ciudad, y caminar hacia el bosque por la entrada norte de esta, caminamos más y más hacia dónde nos dirigíamos.
―Por cierto maestro… una pregunta… ―dijo con una pausa Daniela― ¿Por qué hizo un clon de sí mismo con su sombra para luchar contra el chico? ―me preguntó confusa.
―Porque pensé que sería divertido combatir contra alguien, ya que lo de la mina me aburrió de cierta manera... y quería ver que tan fuerte era… y, aunque era fuerte… me dejé vencer rápido… ―respondí a su comentario.
―Si eso lo pude notar… normalmente su sombra es mucho más fuerte que un humano regular ―dijo levantando sus hombros y haciendo un gesto de “como sea”.
―Camina… hablaremos más por el camino, jaja… ―dije mientras caminaba.
Angélica estuvo todo el rato callada, pensando en muchas cosas que no entendía, el destino que nos deparaba y sobre el lugar hacia donde caminábamos, la gran mansión… la mansión en la cual nuevas amistades y aventuras nos esperaban… y observando más allá de la gran montaña que apenas lográbamos percibir a través de los grandes árboles del bosque... donde la Luna llena se encontraba... y también por donde muchos peligros desconocidos se acercaban lenta y estruendosamente hacia nosotros.

«Y… Fin...» terminó diciendo el señor mientras cerraba el libro, para luego colocarlo debajo de su brazo.
―Nooo… ¿hasta ahí? Quiero más… ―dice la niña emocionada mirando a su abuelo, para luego poner cara de desilusión.
―Sí, yo también quiero seguir escuchando más… Y…  Ahhm ―dice el niño mientras bosteza del sueño.
―Ya es tarde niños, deben dormir, luego podremos seguir… ―les responde para que se duerman de una vez.
―Pero… es que… ―dice la niña mientras sus ojos se les cierran.
―Ya, nada de peros, luego seguiremos ―les responde mientras los arropa con sus sábanas.
―De acuerdo… Ahhm… ―dice esta vez la niña, bostezando.
―Ahora duermanse, mañana será otro día, con otra nueva aventura ―dice el hombre apagando la pequeña lámpara que le daba luz para leer, apartándose de las camas y dirigiéndose hacia la puerta de la habitación―. Hasta mañana ―dice despidiéndose.
―Hasta mañana abuelito ―responden ambos niños medio dormidos.
El hombre entrecierra la puerta y ambos niños se quedan dormidos mientras los ve, para luego terminar de cerrarla. Y aunque estaba cansado, se sintió muy complacido por el interés que mostraron los niños por conocer la historia.


~Continuará~




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Acerca de Leonardo Payares

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