Oscuridad Infinita Capítulo 5.


Muy buenos días, tardes o noche para todos como siempre, les escribe, DarkLeonZero, trayéndoles un más de lo que es Oscuridad Infinita. Este nuevo capítulo que les traigo tiene un nombre exclusivo, y es uno de los capítulos donde mejor, a mi parecer, he escrito. Con esto espero, que les agraden los nuevos personajes que son añadidos en este capítulo -varios extras voluntarios incluso-, y el nuevo capítulo de la nueva aventura descriptiva narrada que nuestros protagonista del libro contado hacia los niños creará, incluso para ustedes, los queridos lectores.








CAPÍTULO V:
SOMBRAS VERANIEGAS






En la sala de la casa, ya de noche, se encuentran los dos niños, el chico, de ojos castaños, tez clara y cabellera corta marrón rojizo oscuro y la niña, de ojos rojos oscuros, pecosa, pero de piel ligeramente más oscura y de cabello largo, suave y de color rojo natural. Vestidos con ropas ligeras, pantalón corto y camisa, junto con un vestido para la niña... cada uno con los colores que los diferencian uno del otro, azul y celeste para la ropa del joven y violeta con rosa para el vestido de la dama... sentados frente a la chimenea que sacaba chispas de vez en cuando por la ruptura de algún tronco que llegará a su límite hasta partirse en más de un pedazo.
―¡Derrotemos juntos al malvado! ―exclama el niño.
―¡Sí! ¡Yo te cubro! ―grita detrás su hermana.
―Tú ataca por los lados y distráelo, yo me haré cargo de lo demás ―dice el chico mientras da vueltas lentamente en el suelo.
Ambos luego comienzan a corretear por toda la sala después de levantarse bruscamente del suelo. Saltando de lado a lado, corriendo por toda la habitación... pero siempre lo hacían alrededor de la persona que los acompañaba... su abuelo, que se encontraba sentado en una mecedora de madera en una de las esquinas, cerca de la chimenea.
Después de saltar y brincar, estos se le acercan  y lo mueven rápidamente de lado a lado.
―Oigan, oigan... ¿yo soy el malo?, no recuerdo ser el malo... ―responde el anciano.
―Abuelito, abuelito, ¿qué parte toca hoy?
―No se impacienten... todo a su tiempo... hoy... es algo más tranquilo ―dice en intervalos mientras mueve su dedo índice de lado a lado, como si negara algo.
―Oh no... ¿será aburrido? ―pregunta la niña de cabellera rojiza.
―Pues... puede que sí... pero puede que no. Todo está en la historia... ¿quieren que se las lea?, ya casi es hora de dormir.
―¡Si, por favor! ―grita el niño.
―Je, je, je... se parecen mucho a sus padres cuando eran jóvenes ―dice mientras saca un libro del primer cajón de una mesa de noche color marrón y retoques dorados que se encontraba al lado izquierdo de su mecedora―. Y hablando de sus padres…―continúa mientras se escuchan unos pasos desde el otro lado de la pared de la sala.
Una joven de cabello rojo brillante baja por una de las escaleras al comienzo del pasillo detrás de la puerta de la sala, que da hacia las demás partes de la casa.
―¡Papa…! ¿Haz visto mis lentes...? ―pregunta la joven, que de edad no podría tener más de unos treinta años.
―Si mal no recuerdo, los pusiste en la cocina esta mañana cuando hacías el almuerzo ―responde el señor.
―¡Oh! Claro... ¡Gracias! por eso amo tu buena memoria ―contesta halagando alegremente mientras busca en la cocina sus tan desaparecidos lentes― Si estos chicos no podría leer ―continuó.
―Intenta no dejarlos tirados por allí todo el tiempo y quizás no tendrás que preocuparte tanto… además, te he dicho que busques algo con que llevarlos… no sé, en una cadena de hilo o algo ―dice el señor, mientras le intenta dar los famosos de de-vez-en-cuando consejos que regularmente las personas mayores nos dan y que pueden ser útiles si son aplicados correctamente.
―Sí… intentaré... ―le responde mientras agarra sus cosas para retirarse― y chicos, recuerden que su tío debería de estar durmiendo, no lo molesten ¿sí? ―comenta seguido para darle la orden de guardar silencio a sus hijos.
―Sí ―contestan ambos chicos asintiendo con la cabeza― ¡Suerte Ma’!
―Vuelvo más tarde, la empresa me llama ―le comenta la chica a su padre y le da un beso en la mejilla.
―Cuídate, saludos a ya sabes quien.
―Intenta no contarles tantas cosas… se vuelven hiperactivos después ―responde mientras abre la puerta de la sala.
―Sabes bien qué Oscuridad Infinita puede causar sentimientos extraños en los niños... tú lo has sentido.
―Sí, por eso te lo digo… Adiós ―comenta despidiéndose al salir.
―Bueno... ¿dónde quedamos? ―pregunta el anciano después de ver a su hija partir, y, buscando el libro, el cual lo había dejado sobre la chimenea, busca las páginas del capítulo anterior― En... el… ―y es interrumpido.
―Capí- ―intenta decir el joven.
―¡Capítulo Cinco! ―dice la niña mientras le quita las palabras a su hermano y muestra con la mano cinco dedos para guiarse.
―Ja, ja... de acuerdo, capítulo cinco... ―continua mientras se ríe levemente― ¡Aquí está!, capítulo cinco...; Sombras Veraniegas.
Y, al decir el título, este le comienza a narrar a los niños lenta y pausadamente lo que sucedió después del capítulo anterior.

En una Isla, cercano a su borde, vislumbramos un alto edificio bañado de color blanco con gris… Ya un grupo de personas se encontraban en la playa a las afueras de este.
Arma, que se encontraba dentro de un traje de baño deportivo de una piezas de color rojo. Saru, con una simple bermuda marrón. Luna, con un traje de baño de dos piezas de color azul que cubría toda la parte delantera, pero que dejaba expuesta la parte de atrás y Kirth ―quien apareció vagamente en un anterior capítulo―, con bermuda y una camisa larga, ambas de color verde claro. Frente a ellos… nos encontrábamos, Angélica, con un traje de baño de dos piezas sencillo blanco y un paño en su cadera que le llegaba a las rodillas color gris. Daniela con un traje parecido, pero de color negro y sin el paño ―algo un poco más atrevido―. Y yo, con una simple bermuda negra y una camisa a juego. Viendo algo que nos asombró y que nunca pensamos ver fuera de las arenas de combate… una batalla entre Guardianes Espirituales.
―¡Fracción Solar! ―de un salto, Arma lanzó una bola de fuego, golpeándola con la yema de sus dedos, e impulsándola directamente a donde se encontraba Luna.
―¡Marea Alta! ―Luna, con sus antebrazos, la devuelve con una ráfaga de agua cristalina, lanzándola hacia arriba a su lado derecho, mientras que en el aire ya, se encontraba Saru esperando la jugada.
―¡Rompe Rocas! ―gritó Saru girando todo su cuerpo hacia adelante y golpeándola con su pie derecho, la lanzó, con con mucha fuerza, hacia donde Kirth se encontraba.
Kirth se lanzó hacia el suelo para devolverla, ya que esta llegaba con demasiado impulso como para detenerla o devolverla en pie, si lo hacía Kirth se caería, o incluso, podría pasar directamente de él, por la fuerza de la patada.
―¡Cortavientos! ―dijo Kirth al elevar la bola con fuerza a través de un torbellino de aire con arena que partían desde sus antebrazos por el golpe devolutivo en tierra.
Arma, esperando esa oportunidad, ya se encontraba, como Saru, en el aire, al igual que este, anticipó la jugada y se adelantó a esta.
―¡Golpe Final... Estrella Resplandeciente; Super Nova! ―Arma, antes de dar el golpe final, es cubierta por rayos de luces provenientes del Sol, cegando a Saru y a Luna en el acto. Para luego golpearla con todas sus fuerzas, impulsándola hacia el extremo derecho del lugar.
Saru, cegado, se impulsa con ver que la sombra de esta se movía hacia este... pero… no pudo.
―Punto para Arma y Kirth ―gritó Angélica.
La bola se encontraba exactamente al borde del lugar límite establecido. Y colocada fijamente en el suelo, para luego desintegrarse explotando levemente como si fuera un globo.
―¡Que suerte!, un poco más y ganábamos ―dijo Saru sentado en la arena de brazos cruzados.
―Bueno, se hizo lo que se pudo... para la próxima será ―dijo Luna mientras se quitaba y secaba el leve sudor del cuerpo.
―Bueno, para terminar un partido tres a dos, no está tan mal ―dije aplaudiendo lentamente para felicitar a ambos equipos―. Fue un buen espectáculo, sigan practicando y llegarán a ser tan buenos como yo.
―Leo... ¿que fueron todos esos poderes que usaron? ―preguntó Angélica acercándose a mí.
―Pues... hay muchas maneras de usar la Magia Espiritual... todo está en el Objeto, que lo uses. En este caso, ellos lo usaron en una bola de Energía Negativa mecánica, esta hace que la magia fluya a través de esta para crear diversos poderes, sin dañar o herir a alguien. Al final, es un simple objeto creado con Materia Mecánica ―dije explicando todo rápidamente, y, seguramente, creándole más preguntas inconscientemente.
―Y... ¿qué es todo eso? ―preguntó confusa después.
―¿Tengo cara de profesor…? ―dije cruzando los brazos y entrecerrando los ojos.
―No... ―respondió mientras bajaba la mirada.
―Es broma, ja, ja... la magia espiritual es la energía que los espíritus dan a los seres vivos del planeta y proviene de Yggdrasil, donde ya estuvimos. La Energía Negativa es la energía que es posible retener para que esta, se pueda transformar en diversas formas, como lo que acabas de ver con los poderes. Y, la Energía Mecánica se encarga de crear en el objeto la forma y el tamaño que se desee, mediante mecanismos de nanomáquinas especiales ―dije mientras volteaba a ver a los demás. Y, agarrando dos vasos de agua que se encontraban en una mesa puesta al lado de los marcadores, se las entregué a Arma y a Kirth.
―Hoy no quiero llenar mucho mi agenda... así que esto te lo explicaré mejor luego... ahora… ―dije volteando la vista, para volverla a fijar en Arma y Kirth que se veían cansados― Buen trabajo señores, lo hicieron bien ―continué mientras sonreía levemente.
―Gracias, fue difícil ―dijo Arma mientras evaporaba el sudor de su traje.
―¿De verdad? ―pregunté confuso.
―No, solo que quisimos darles ventaja ―dijo rápidamente para luego tomar del vaso.
―Ya... claro... ―respondí mientras me apartaba un poco, atento a un sonido proveniente del mar, volteé.
De repente, del agua, salía una figura humana de cabellera azulada larga, con flequillos más largos y oscuros junto con la parte delantera de su cabello más celestes, sin contar los flecos azules... y detrás de su cabeza, tonos azules más oscuros, en forma de degradación, como si partiera desde lo más atrás de su cabellera lisa, hasta suavizarse completamente y desteñirse para deslumbrar hasta sus puntas delanteras... pero mediante salía del agua y se secaba, su color iba volviendo a tener un tono completamente claro y reducía su tamaño.
Ya fuera del agua, se veía perfectamente la figura, un hombre semidesnudo, de altura mayor a la común, la cual la hacia perfecta para nadar... y, con solo un traje de baño pequeño de una pieza azul marino. Este tenía los ojos azules oscuro, como las aguas más profundas del mar. Algo que no se pudo notar en la mansión, ya que se me olvidó decir que este tenía los ojos cerrados… lo cual era una costumbre en él, ya que solo los abría en el agua.
Al salir completamente, caminó hacia nosotros y nos saludó moviendo la mano de lado a lado.
―Buenos días, ¿se puede saber, cual es el alboroto que tienen armado aquí? ―dijo el hombre, Leviatán, mientras se quitaba parte del agua de su cuerpo moviendo sus extremidades rápidamente.
―Estábamos compitiendo en Voleibol... ¿No quieres unirte? ―preguntó Saru aún sentado en la arena.
―Claro, ¿por qué no?, sería divertido. Pero... ¿contra quién iré? ―preguntó Leviatán mientras miraba a su alrededor.
―Pues, yo. ¿A quién esperabas? ―dije con voz firme sin pensarlo dos veces, mientras me acercaba con los brazos cruzados, para luego dejarlos caer.
―No lo se... ja, ¿tú y cuantos más? ―preguntó alardeando.
―Y yo... ―detrás de los dos, se escuchó la voz de Angélica.
―¿También quieres jugar Anye? ―pregunté cambiando mi tono de voz a uno más suave.
―¿Anye? ―parpadeó con confusión― y sí ―continuó mientras se iba acercando.
―Angelic, en inglés, la ge se pronuncia como si fuera una ye al español ―le dije rápidamente.
―Ya, lo entiendo... pero no veo el punto de cambiarme mi hermoso nombre ―preguntó confusa.
―No hay ninguno, simplemente me gusta más ―respondí sonriendo.
―¿Y quién será mi ayudante estrella? ―preguntó Leviatán.
―Yo. Y espero que juegues bien ―respondió Daniela mientras se acercaba, para inmediatamente acomodarse el traje de baño.
―Nosotros seremos los jueces, vayan a sus posiciones ―respondió Saru mientras se colocaba en la pequeña mesa de puntuación a un costado de la cancha, junto con Arma― ¿Listos? ―preguntó para dar la señal de comienzo― ¡Ya! ―y sin dejar una respuesta de nosotros, comenzó el partido gritando.
Directamente, todos en posición, yo en el lado derecho con Angélica a mi izquierda y Leviatán y Daniela del otro lado a mi derecha e izquierda, según la posición exacta de el mejor con el mejor... y luego, todos comenzamos a movernos, e, iniciando, Daniela se impulsó hacia el aire, para luego golpear la bola que Leviatán había puesto para ella desde la esquina de saque.
Yo, moviéndome rápidamente la bloqueé y la impulsé levemente hacia el aire. Angélica, quien estaba esperando mi bloqueo, se impulsó hacia delante, para golpearla fuertemente hacia una de las esquinas. Y, sin que el equipo contrario pudiera detenerlo, marcamos el primer punto del partido.
―Punto para Leonardo y Angélica ―dijo Saru moviendo la hoja de puntaje de mi equipo con su mano izquierda.
―¿Por qué no lo detuviste? yo estaba demasiado lejos ―dijo Leviatán preocupado por el punto.
―Algo me detuvo, no sé qué fue, pero no me dejaba moverme y cuando pude moverme, ya era demasiado tarde ―dijo Daniela confusa.
―Pues intenta que el miedo no se te apodere de ti, es solo un juego, el cual es por diversión, relájate ―dijo Leviatán pasándole la bola a Daniela― Ten, sacas tú.
―¡No fue miedo! ―gritó exasperada.
―Ja, ja, ja… ―eché a reír y dejé que siguieran jugando.
Daniela, directamente se impulsó hacia arriba y justo cuando fue a golpear, esta movió rápidamente su brazo, como si fuera a golpear hacia un lado, pero justo en el golpe, cambió su trayectoria hacia el extremo opuesto para que Angélica no pudiera reaccionar al momento. Y, marcando un punto, sonó la voz de los jueces.
―Punto para Leviatán y Daniela ―dijo Arma cambiando el puntaje.
―Bien hecho, así me gusta ―dijo Leviatán haciendo un gesto de “Buen Trabajo” levantando el pulgar y cerrando su mano derecha.
―Gracias... creo ―respondió mirando hacia el otro extremo de la arena de juego, para ver la cara de Angélica. Esta, estaba muy enojada. Aunque no era roja, sino simplemente con el ceño fruncido, doblando las cejas.
―Tranquila, aún faltan dos puntos... podemos ganar. Déjalos que disfruten ―dije mirando a Angélica e intentando calmar su furia.
―Lo se… ―comentó con la pelota en la mano.
―Vamos nosotros ―dije para darle inicio a su jugada.
Comenzando la tercera ronda, Angélica elevó la bola para luego lanzarla hacia donde Leviatán se encontraba. Pero justo cuando la golpeó, esta resbaló y chocó contra la malla que dividía los equipos. Esta cayó a la arena e hizo sonar la terrible voz del jurado.
―Punto para Leviatán y Daniela ―dijo Arma moviendo las hojas del marcador a dos a uno.
―Pero... ―dijo Angélica triste por su fallo.
―Relájate... no harás nada si no te relajas... ―le dije nuevamente― Volvemos a sacar, ahora, relájate... como dijo Leviatán, es solo un juego... perder también se vale.
Justo al oír mis palabras, Angélica se golpeó con ambas palmas de las manos, su blanco rostro. El cual este, se tornó rojizo levemente.
―Ya, juguemos. Ahora... tenemos que ganar ―dijo concentrada y seguramente con dolor.
Sacando yo, la impulsé hacia Daniela para que la devolviera hacia leviatán. Y este, en un acto de ganar punto, la golpeó hacia uno de los lados de la arena... Angélica esperando ese toque, se posicionó y la lanzó hacia mí. Yo, golpeándola con todas mis fuerzas, la impulsé hacia Daniela nuevamente, pero esta vez con cuatro veces más fuerza. Daniela, sin poder detener el golpe, golpea la bola y la envió hacia un lado de la red, para que esta, cayera rebotando súbitamente en la playa. Y, como ya antes había pasado... Los puntos, fueron marcados sin piedad.
―Punto para Leonardo y Angélica ―dijo Saru igualando los números; dos a dos.
―¡Bien! ―gritó Angélica emocionada al oír los puntos.
―Aún esto no acaba, viene el final... tenemos que jugar perfectamente y sin distraernos ―dije mientras miraba la cara de Leviatán, la cual estaba pensativa. «Claro, a todos se les ocurriría una estrategia para poder ganar pensé―. Incluso a mi...».
―Tiempo ―dije para tomar un poco de aire y decirle a Angélica lo que tenía en mente. Lo mismo pasó con Leviatán y Daniela. Ambos se acercaron y comenzaron a hablar. Lo malo es que el tiempo pedido no duró mucho más de treinta segundos.
―Se acabó el receso, continúen ―dijo Arma señalando el reloj que se encontraba en la mesa de puntaje.
―Bien, haremos lo que te acabo de decir ―le dije a Angélica levemente mientras me separaba.
―De acuerdo, pero... solo dime una buena señal, no sabré cual será ―respondió confusa.
―Oh... si lo sabrás, ya verás ―le respondí mientras me colocaba en posición.
Justo al ponerme en posición, Leviatán lanzó la bola hacia un extremo de la arena. Angélica, bloqueándola y enviándola hacia arriba, ayudó a que la golpeara con un leve toque, para hacerla caer al otro extremo de la malla. Daniela, reaccionando rápidamente, la logró levantar y, en el aire, Leviatán la impulsó hacia mí. Yo, sin siquiera poder posicionarme, solo logré enviarla hacia donde Angélica se encontraba para así, Angélica intentar levantarla forzosamente. Al intentar levantarla, oye unas palabras de mi boca. «Tu madre está aquí».
Justamente, Angélica se asombró y se confundió, enviándola hacia su mismo lado. Yo, sabiendo que pasaría eso, me puse cercano a ella para saltar con todas mis fuerzas centrando mis ojos al objetivo, para lograr golpear la bola hacia Daniela.
Leviatán previó mi jugada y se movió hacia el lado de Daniela, ya que antes, esta no había podido detener mi fuerza.
Yo sabiendo que haría eso, cambié mi brazo izquierdo por el derecho y la impulso hacia su lado. Y, golpeándola con todas mis fuerzas, la aventé hacia uno de los bordes de la marca límite de arena.
Leviatán, recuperando el control de su cuerpo, se impulsó hacia su lado para intentar salvarla. Y, saltando hacia el borde con todas sus fuerzas, llegó hacia el extremo.
―¡Punto y Partido para Leonardo y Angélica! ―gritó Saru al final.
Leviatán, en el suelo, se da cuenta de su error. Un error que debió calcular, el cual le costó el partido, pero, reconociéndolo, golpeó fuertemente la arena de la playa.
―El viento... el maldito viento... ¿cómo es que no... pude verlo? ―dijo enojado mientras agarraba con fuerza sus piernas y se sentaba con estas cruzadas.
Antes de caer la bola el viento del mar atrajo una pequeña ventisca y movió la bola hacia el lado extremo de donde se dirigía. Esta le pasó por encima a Leviatán y cayó a la arena marcando así el punto decisivo.
Daniela, estirando su brazo, le hizo el gesto de “levántate” a Leviatán. Y con una sonrisa, lo felicitó.
―Jugamos bien, eso es lo que cuenta.
―Gracias... tú jugaste muy bien. Igual te felicito ―contestó.
Levantándose con la ayuda de Daniela, Leviatán me miró y me felicitó de igual forma, aunque de mala manera. «Usted ganas esta vez... ya veremos la próxima... “jefecito”». Y junto con esas palabras, se despidió y se retiró del lugar.
Mientras Leviatán desaparecía en el largo edificio blanco, Adél, por otra parte, se acercaba con un grupo de niños de diversas edades. Precisamente, con todos los que ya se encontraban previamente en la mansión. Todos, en menos de unos segundos, fueron pasando saludándome rápidamente, y, corriendo hacia el mar, se zambullían al agua, dejando que esta salpicara  por doquier.
―¿Por qué tienen tanta prisa?, el agua no se irá ―dije sarcásticamente.
―Pues, hay pocas veces en las que se puede disfrutar libremente, sin estar dentro de las cercanías de la mansión ―dijo Adél mientras se acercaba con unas bebidas energéticas embotelladas en plástico transparente― Ten, seguro lo necesitas ―me dijo con una sonrisa después.
―Ja, no parezco tan cansado, pero gracias ―dije agarrando la botella, mientras sostenía sus cálidas manos suavemente, sorprendiéndola y haciendo que se alejara un poco.
―Yo... voy a ver si necesitan algo en la cocina ―dijo mientras caminaba rápidamente hacia el Resort, lo que era el grandísimo hotel blanco, muy parecido en colores a la mansión.
―¡Por cierto! ―grité para llamar su atención― ¡Te queda muy bien el traje de baño! ―dije mientras todos me observaban con recelo.
Ella, al escuchar mis palabras de llamado, no volteó, pero sí se detuvo un momento para absorber mis palabras, e inmediatamente, volvió a caminar con la cabeza baja al resort.
―Está lindo ese traje de dos piezas amarillo con rojo, llevando tonos anaranjados...no le queda tan mal. ―murmuré entre dientes.
―¿Dijiste algo Leo? ―me preguntó Angélica, olvidando completamente lo que le había dicho sobre su madre.
―Sí, que dónde están los demás, ¡hay que divertirnos! ―dije mientras corría hacia la playa y me zambullía al agua.
Mientras nadaba, veía a los niños jugando en la arena, bañándose en la orilla, e incluso algunos iban hasta más profundo de donde yo me encontraba. Claro, no debía perderlos de vista, ese era uno de mis papeles, cuidarlos a toda costa. Después se enojarían conmigo si les pasaba algo... y eso es malo, no me gustaba ver a Adél enojada.
Después de unos minutos, me fijé que todos se divertían, pero, había una persona la cual estaba sentada sin hacer nada bajo una sombrilla. La cual me dio interés en descubrir el por qué no estaba disfrutando con los demás. Y, saliendo del agua, me acerqué a ella.
―¿Por qué no juegas con los demás?, deberías nadar con nosotros ―pregunté dándole ánimos.
―Yo... no sé nadar ―comentó― estuve demasiado tiempo entrenando para ser la representación en carne y hueso de La Gran Sacerdotisa, una carta del Tarót. Y por eso nunca fui a una playa o algo parecido ―dijo luego Angélica cubriéndose la cara con sus rodillas.
―Oh... ya veo... ¿qué te parece si te... enseño? ―dije mientras estiraba mi brazo para levantarle el ánimo.
―¿En serio?, pensaba que querías disfrutar y estar un rato a solas. Como casi todos ―dijo mientras veía a los demás, todos ―o la mayoría― estaba nadando o jugando por su cuenta... hacían castillos de arena, o cosas como esas. Incluso algunos, practicaban artes marciales u otro tipo de entrenamiento. Aunque había una que otra excepción que no hacían absolutamente nada.
―¡Claro!, mejor dicho, al contrario... ¡me encantaría! ―dije mientras la jalaba de su muñeca derecha.
Después de sacarla de la arena, la traje conmigo al agua, hasta un punto donde por lo menos el agua le cubriera hasta los hombros.
―Aquí, solo tendrás que pasar la primera fase, tu miedo al agua profunda. Solo tendrás que bajar tu cabeza todo el tiempo posible y luego resistir la presión lo más que puedas ―dije mientras me sumergía completamente.
Después de que me sumergí, Angélica me siguió, al sumergirse, vio que ya no estaba cerca de ella. Y comenzó a seguirme lentamente como si caminara bajo el agua. Moviéndome, la fui guiando no muy lejos de la costa, pero sin separarme mucho de ella. Después de un rato, que ya casi no podía mantenerse en el suelo, la agarré de la mano y nadé más rápido. Con la velocidad, Angélica fue moviendo sus brazos como yo y me ayudó bastante ―aunque eso fue lo que quería desde un principio―. Ya después de nadar varios metros, la solté. Al mirar abajo, vio que ya no estábamos cerca del suelo y le entró el pánico. Sintiendo la presión del agua, intentó nadar para regresar. Moviendo rápidamente los brazos como me había estado viendo anteriormente, logró nadar más rápido de lo que yo pensaba. Y, en menos de diez segundos, estuvo tocando la arena nuevamente, para sacar luego ―casi al instante―, su cuerpo del agua.
―Veo que te acostumbraste y aprendiste viéndome, tal como tu madre lo haría ―dije mientras recuperaba el aire.
―Me habías dicho eso antes… ¿Dónde está mi madre? ¿por qué no me lo habías dicho antes cuando te pregunté? ―preguntó exaltada.
―Porque... no pude... ―dije sabiendo que todo era mentira. Ya que anteriormente, cuando la estuvimos hablando de ello, le dije más de lo que debía sin importar lo que sucediera.
―Pues nunca pensé que estuviera contigo. Por eso no seguí insistiendo. Y... ―dijo mirando hacia el agua―. Según mis antiguos cuidadores, ella estaba muerta, así que no querían recordármela.
―Ja...ja, ja...ja, jaja, jaja... ―eché a reír― Ella no está muerta. Ni mucho menos, estará herida o algo así. Ella está muy segura... donde nadie la podrá encontrar, aquí, en esta isla ―dije mientras la jalaba del brazo.
Soltándose bruscamente, Angélica se salió del agua y corrió hasta el Resort sin decir una sola palabra. Todos viendo la “escena” me miraron haciéndome seña de que fuera a buscarla. Y, sabiendo lo que tenía que hacer, la dejé sola.
―Leo, ¿por qué no vas tras ella? ―me preguntó Arma mientras se acercaba después de soltar una caña larga de pescar pintada de diversos tonos entre amarillo a rojo como si fuera una llama ―por la actividad que anteriormente estaba realizando―.
―No sabía que te gustaba la pesca ―dije cambiando de tema.
―No cambies de tema, se cuando intentas hacerlo y es más que obvio cuando pasa ―dijo mirándome fijamente― ¿Por qué no vas tras ella? ―volvió a preguntar seriamente.
Suspiré levemente, para luego responder lentamente «Todos... necesitamos tiempo a solas... tú mejor que nadie lo sabes» mientras caminaba a paso corto de vuelta al resort.
―Si no le dices la verdad, puede que luego le duela más ―dijo mientras volvía a buscar su caña de pesca, para luego lanzar una pequeña red que tenía bajo sus pies al levantarse a hablar conmigo.
Y en voz baja dije, mirando hacia ella girando levemente la cabeza. «Todos, debemos mantener ciertos secretos, hasta que estemos preparados para contarlos y afrontar la consecuencia de estos, ya que nunca son precisamente agradables». Y, nuevamente, me encaminé hacia la entrada del hotel.
Al llegar, me encontré a Angélica hablando con una persona en la recepción. La persona, un viejo amigo, estaba hablando haciendo señas de manos, y, aunque no sabía exactamente de qué hablaban, supuse que estaba ayudando a Angélica tranquilizarse. Me acerqué a paso tranquilo y les hablé. «Veo que se están conociendo» lanzándole junto con mis palabras, una mirada a la persona que acompañaba a Angélica.
Una persona un poco más baja que yo, de unos tres centímetros menos ―prácticamente nada― y de contextura simple, incluso, más delgada que la mía. Blanco, aunque algunas partes del cuerpo más oscuras que otras. Su cabello, irradiaba un brillo inusual, un color dorado claro que con el menor cuidado pareciera que pudiera desaparecer… sus ojos verdes, profundos aunque brillantes por el reflejo de la luz, no tenían la mínima intención de desgastarse, casi tan atrayentes como para querer arrancarlos de su portador y guardarlos en una vitrina de cristal para su mera colección.
―Pues sí, me estaba explicando que tú la hiciste llorar, ¿eso es cierto? ―respondió el hombre de apariencia joven mientras cruzaba los brazos.
―Pues sí, aunque no era mi intención real, no lo puedo negar ―dije viendo a Angélica, mientras ella miraba hacia otro lado.
―Deberías disculparte entonces, aunque no se que pasó en realidad. Así que no me puedo meterme en sus asuntos.
―Es mejor, y… lo siento, no debí contarte lo de tu madre de esa manera y menos riéndome ―dije mientras fijaba mi vista en ella.
―Pues bueno, creo que ya se disculpó, deberías disculparte tú también, ¿no?, salir corriendo sin decir nada creo que también estaría mal, o por lo menos eso pienso yo ―dijo el hombre mientras se relajaba dejando caer los brazos.
―Sí… lo siento, no debí salir corriendo, pero… es que no pensé que mi madre siguiera viva en todos estos años y menos que me trajeras a donde se encuentra... eso me sorprendió y no supe cómo reaccionar ―dijo volteando pero con la cabeza baja.
―Descuida, pronto la verás, más pronto de lo que crees... por ahora, ve a llamar a Adél, la necesito un momento, debería estar... en la cocina, creo ―dije pausadamente mientras señalaba un pasillo cerca de la entrada―. Cuando llegues al final, cruza a la izquierda y verás una gran puerta de metal.
―Iré a buscarla entonces... ¿le digo algo en específico? ―preguntó mientras caminaba lentamente mirándome.
―Que pronto llegarán, solo eso.
Angélica salió corriendo y se alejó de nosotros rápidamente. Y justo en el momento que iba a decir algo, me habló la persona que estuvo con nosotros en la charla.
―Veo que no pierdes tu toque de... galán... y de hacer sentir mal a las personas por nada. ―dijo cruzando los brazos nuevamente.
―Lo se... también me impresiona lo bien que me llevo con todos..., ¿y bien?, ¿cómo has estado?, esa posición tuya no me gusta mucho, ¿es nueva? ―dije mientras copiaba su gesto de brazos y hacía gestos rápidos con la cabeza de arriba hacia abajo.
―Pues no es que me guste, sale sin más, no sé por qué ―dijo mientras desenredaba sus brazos―. Y pues... he estado bien,  mi hija nació, por lo que he estado ocupado en algunas “misiones” de búsqueda por la Tierra junto con ella en brazos, algo no fácil ―dijo mientras se acercaba a mí― Ten, un regalo desde la Tierra.
Mientras que se acercaba, me fijé en su conjunto para la ocasión. Una camisa ligera de estilo jamaiquino, a la cual esta no le hacía falta nada, tenía la playa, el mar, cocoteros, gaviotas y el sol reluciente y grande en la parte izquierda. Tampoco hacía falta descubrir que su pantalón corto era para playa, y, casualmente estaba igual de equipado, pero este venia con un fondo azul y muchos peces de diversos colores por todas partes, aunque sólo tenía un bolsillo, ubicado en la parte trasera derecha. Una total imagen de la Isla de Hawái. Y, justo al estar cerca de mí, sacó del bolsillo de su pantalón, unos anteojos oscuros para el sol, bien se veían como si fueran unos anteojos comunes, pero mientras cambiaba de posición, se iban volviendo más, o menos oscuros.
―Guao... ¿esos son los LEVAs diseñados por Alma? ―dije mientras los sostenía fijamente, para inmediatamente ponérmelos y volver a cruzar los brazos.
―Así es... los Lentes de Efectos Variados con Aumento exclusivos de la doctora Alma... y te quedan mejor de lo que pensé ―dijo este sorprendido mientras cruzaba los brazos acompañándome el gesto.
―Esta Alma y sus inventos... que nunca pasan por mi mano primero.
―Sabes que no pueden llegar a Terranova tan rápido, dale gracias a los dioses que los traje yo personalmente cuando pasé por su laboratorio a buscar unas muestras para una misión…
―Pero te has tardado mucho... y más ella que estuvimos en su casa y no quiso mostrármelos.
―Según ella, no pudo dártelos, porque tenía que entregarlos hace un par de días atrás y no los había terminado, pero no tuvo tiempo para nada porque cierto individuo la molestó para luego dejarla sin energía, después de ejecutar Magia Blanca Negativa sobre ella.
―Tuve que hacerlo... aunque soy de energía oscura, tuve que usar mi poca energía blanca para sacar los guantes de almas de su cuerpo... era eso, o las chicas corrían el riesgo de morir.
―Sí, también se esa parte de la historia… ―dijo girando los ojos mientras subía y baja los hombros rápidamente.
Mientras que hablábamos, Angélica y Adél llegaban conversando entre risas.
―Genial... ¿desde cuándo se llevan tan bien? ―pregunté mientras dejaba caer mis brazos por la posición que tenía anteriormente.
―Pues... desde que nos conocimos y charlamos en la mansión ―dijo Adél mientras se arreglaba la ropa. Esta vez, no traía su traje de baño, si no, el mismo conjunto de siempre, el traje de sirvienta negro con dorado y un delantal blanco con bordados grises de cocina― ¿Necesitabas algo? ―preguntó fijando su vista en el invitado― No sabía que íbamos a tener visitas, aparte de las ya planificadas... y... bonitos lentes, también son inesperados… ―comentó a mi nueva apariencia.
―Pues sí... ―dije mientras me apartaba un poco― Este es un viejo amigo de la Tierra, Alejandro, es una persona que estuvo mucho tiempo conmigo cuando era joven y me ha ayudado desde algo más de los diez años como informante y repartidor. «aunque es mentira pensé, ya que han pasado algo más de veinticuatro años desde que estuve correctamente en la tierra» Vino a saludar y a traerme estos anteojos de parte de Alma.
―Mucho gusto, señor Alejandro, soy Adél, la sirvienta en jefe del amo Leonardo. Siéntase como en casa y si necesita algo hágamelo saber ―dijo mientras le extendía el brazo como gesto de saludo.
―Gracias señorita Adél, es un placer conocerla después de todo lo que me ha hablado Leo de usted ―respondió mientras devolvía el saludo con el apretón de manos.
―Espero que sean cosas buenas de lo que habla ―dijo mirándome entrecerrando los ojos con duda.
―Sí, muchas cosas buenas le aseguro.
―De acuerdo... ahora, Angélica, ve a buscar a Arma... Solo tienes que decirle, que el águila pronto llegará ―dije mientras señalaba a la playa, con un gesto de dedo pulgar señalando detrás de mí.
―Voy en camino ―respondió mientras se alejaba corriendo hacia la playa sin rechistar los mandados.
―Esa chica... es igual a su madre... ―dijo Adél mientras la observaba alejándose.
―Para eso te convoqué, pronto llegarán más personas... y ya sabe lo de su madre ―dije moviendo mis hombros de arriba hacia abajo con una mueca de rostro como si no importara.
―¿Se lo dijo? ―preguntó sorprendida.
―Sí... se lo dije. Aunque no lo tomó muy bien al principio que digamos ―dije mientras volteaba la vista para contemplarla en su camino― Debemos llevarla con su madre. De todas formas la vamos a necesitar dentro de poco.
―¿A quién? ―preguntó confusa.
―A ambas ―respondí rápidamente― Y las necesitaremos lo más rápido posible, así que, ve preparando el dispositivo y avísame cuando esté listo.
―Haré todo lo que pueda para terminarlo lo antes posible.
―Bien, ahora a esperar a Angélica y a Arma ―dije mientras me movía frente a la recepción. ―dame la llave para las habitaciones; cero, ciento uno y doscientos doce por favor.
―Como ordene señor ―dijo un hombre blanco alto, de cabellera y barba blanca arreglada que estaba sentado detrás de este con un uniforme de mayordomo de primera clase color negro. ―Aquí las tiene ―dijo entregándome las llaves, junto con pequeños llaveros pintados de color  negro con forma de águila y detrás, el número indicado de cada habitación.
Justo al terminar de entregarme las llaves, aparece una nube de humo negra, que al despejarse, muestra a una pareja vestidos con indumentaria ninja color negro y una bandana con una pequeña águila en la parte central metálica de esta.
Alertado y sorprendido, Alejandro, transformó sus uñas y las convirtió en unas garras filosas de más o menos tres centímetros.
―Tranquilo, no pasa nada ―le dije para que se calmara.
―¿Seguro? ―miró de reojo a la pareja― si tú lo dices... ―continuó mientras se relajaba y ocultaba las garras.
―¿Es un hombre lobo o un vampiro? ―preguntó Adél sorprendida.
―Hombre lobo, los vampiros son una leyenda urbana, en cambio los hombres lobos son maldiciones de brujas ―respondí mientras me acercaba a la pareja― ¿Y? ¿Que llegó esta vez? ―les pregunté.
―Dos Cartas, una con un sello rojo y otra con un sello dorado ―respondió el hombre.
―Junto con un medallón color rojo resplandeciente ―respondió la mujer.
―Oh... tenemos muchas visitas ―dije alzando las cejas hacia arriba como gesto de sorpresa.
Justo a tiempo, llegaron Angélica y Arma corriendo por la puerta del vestíbulo.
―Veo que llegaron... ―les dije mientras las veía avanzando― Ustedes pueden quedarse si así lo desean ―le comenté a la pareja.
―Gracias, pero por ahora no será, quizás en la noche y para lo de mañana ―dijo la mujer mientras ambos se apartaban.
En el acto, lanzaron otra nube de humo debajo de ellos sin hacer ningún movimiento y desaparecieron al disiparse esta.
―Bueno, es hora de leer la primera carta ―dije sin sorpresa, mientras abría la carta sellada con rojo en presencia de todos. Y rápidamente la leí en mi mente.
En unos pocos segundos terminé de leerla. Y, doblándola, se la encomendé a Arma.
―Ten es para ti más que todo ―dije para comenzar inmediatamente a leer la otra carta.
Esta vez, esta solo tenía unas pocas palabras, por lo cual me tardé un segundo en leerla.
―Oryü ―dije, mientras inmediatamente, una sombra negra aparecía frente a todos.
―¿Acaso aquí todos son fantasmas o qué? ―preguntó Alejandro.
―No todos, pero hay varios ja,ja ―dije burlándome con una carcajada― Y ten, esta es para ti Oryü ―dije entregándole la carta.
Arma, después de leer la carta, la quemó sin siquiera dejar las cenizas. Oryü, por otro lado, la guardó en una hendidura que tenía a un lado de lo que es una capa cubierta de Hilos que salían desde su cabello y que lo cubrían todo en espiral, como si fuese una especie de momia dorada, aunque solo cubriendo su cuerpo y dejando sus ojos y boca descubiertos, ya sin la capucha para el frío.
―Ahora no son solo fantasmas, si no, momias fantasmas también, genial ―dijo Alejandro con voz de fastidio para hacer el gesto de “¿por qué no me sorprende ya?”.
―Nunca había visto a Oryü desde que llegué al hotel ―dijo Angélica sorprendida― con que así se ve ahora... la vez que nos ayudó en Yggdrasil hace unos días, solo lo vi por pocos segundos, así que no pude verlo entero y sin la capa.
―Sí, así se ve, aunque no le gusta que lo vean mucho. Su esposa se molesta, por eso casi nunca se muestra, aunque siempre está cerca. Es lo bueno de ser el rey dragón, posee poderes que otros dragones no tienen, como camuflajearse con el ambiente.
―Pero... ¿simplemente la visión térmica no serviría?, todos los dragones la tienen, ¿no? por lo que no se podría ocultar de ellos, o de alguien que también la tenga ―preguntó Arma.
―Sí y no... Todos los dragones tienen la visión térmica, es correcto, pero los dragones Reyes poseen la habilidad de mezclarse con el ambiente en sí, para que no se vea ningún movimiento ni nada parecido... y pueden reducir su calor hasta temperaturas tan bajas que no se sentirá su calor en absoluto y los volverá… un fantasma, literalmente. Claro, si bien puede servir la técnica del rastro de polvo en su cuerpo, pero... el problema es que se lo coloques, ja, ja ―dije explicándolo lo menos complicado posible.
―Por eso tenía frío… ―comprendió Angélica.
―Ya, claro ―replicó Arma en tono seco, como si no le importara.
―Ahora, yo voy a mi habitación a guardar este hermoso collar de Rubí ―dije mientras observaba el collar alzándolo frente a mí, para luego bajarlo lentamente― Adél, prepara el festín.
―Con gusto, en un rato estará listo... ¿Para cuantos lo hago? ―dijo sacando una ventana holográfica después de sacar y tocar un pequeño collar que se encontraba detrás del cuello de su vestido.
―Que bonito collar ―dijo Angélica sorprendida.
―Para treinta personas..., son las que habremos por ahora ―dije rápidamente.
―Entendido, ya me pongo a ello ―dijo mientras se retiraba hacia la cocina por el pasillo en que llegaron.
―¿Alguien más viene? ―dije mientras caminaba hacia el elevador principal del resort.
―Sí, yo voy detrás de usted maestro ―dijo una voz a lo lejos sorprendiendo a todos y haciendo que nos volteáramos.
―Oh, Daniela, pensaba que nunca aparecerías ―dije sonriendo.
―Pues después de ver a Angélica y a Arma corriendo, me pregunté qué hacían y pues... vine a ver después de terminar lo que estaba haciendo, menos mal llegué a tiempo... aunque creo que me perdí varias cosas ―comentó después de observar al invitado y la mancha de humo negro que quedaba en el ambiente.
―Pues sí, muchas cosas ―dijo Angélica entre risas.
―En el camino me cuentan ―dijo mientras se acercaba a mí.
―Vaaamonós ―dije mientras presionaba el botón más alto del elevador que estaba marcado con un Cero.
Después de marcar el número y ya todos a dentro de este, sube rápidamente marcando los números Diez, Veinte y Treinta... Mientras veíamos como se mostraba el descenso rápido del exterior, llegamos en menos de unos segundos, y, justo al mismo tiempo, las puertas se abrieron mostrando... nada. Sí, nada.
Al abrirse las puertas, lo único que se veía al otro lado era un enorme vacío y una caída de treinta pisos de altura, junto con lo que se podía notar, que era una habitación, flotando al medio de ambos edificios principales.
―¿Qué demonios es esto? ―dijo Daniela temblando, mientras se agarra de uno de los soportes del elevador.
―¿Qué es esto Leo? ―preguntó Angélica confusa mientras se acercaba al borde sin miedo, para mirar hacia abajo.
―Esto es meramente el pasillo de mi habitación. Está protegido por magia, creada por Kirth y Alma... y... aunque Alma crea la mayoría de las cosas que poseo, se lo agradezco especialmente por esto.
―Pues yo no ―replicó Daniela mientras seguía agarrada del soporte sintiendo el viento del exterior.
―Pues, solo queda una cosa por hacer... cruzar ―dije en voz sarcástica mientras avanzaba unos pasos y me colocaba al borde del elevador.
―¿Estás loco? Vas a caer ―dijo Angélica mientras me agarraba de un brazo.
―Já ―sonreí mientras caminaba fuera del ascensor.
Caminando lentamente, hice como si fuera a dar mi último paso. Lo coloqué lentamente fuera del elevador y lo dejé caer suavemente... hasta, mágicamente, tocar una especie de plataforma invisible. Y justo después, caminé un par de metros para alentar a los demás.
―Vamos, no se van a morir ―dije mientras les hacía seña para caminar.
Todos, sorprendidos, no sabían qué decir. Solo Arma caminó fuera al principio. Luego le siguió Alejandro... y seguido, pero no muy detrás, Angélica. Daniela se quedó atrás sin poder dar un paso fuera.
―Vamos, se que puedes… Just Do It. ―le dije moviendo mis brazos y mi cuerpo hacia abajo, para darle ánimos... o que lo intentase por lo menos.
―¿Esto no se caerá? ―preguntó Daniela asustada.
―No... y ya debes superar tu miedo a las alturas ja, ja ―dije entre risas.
―Como si fuera tan fácil ―dijo mientras se soltaba de uno de los soportes cercanos a las puertas del elevador.
―Vamos, se que puedes ―comentó Angélica.
Daniela, agarrando impulso, salta del elevador, y, con el mismo salto, cae sobre mí. «Como si se fuera a caer» pensé mientras la sujetaba.
―Vamos, los demás esperan al final ―le dije mientras la sostenía de la mano.
Ella caminó con los ojos cerrados, e intentó no bajar la cabeza en ningún momento para no querer abrirlos, para no mirar lo que se encontraba debajo. Un hermoso jardín para niños, totalmente verde y con diferentes juegos... castillos con toboganes, columpios, carruseles de todos los colores... todo para que los niños se diviertan mientras los padres conversaban, jugaban o incluso, se divertían entre sí en bancas de todos los tamaños... algunas para tres personas, otras para cinco y otras para incluso una familia más grande, que no pasara de diez miembros en total, claro, siempre había la opción de mover una de las mesas con sus respectivas sillas y unirlas. Y todo esto, en un resort de lujo, al cual pocas personas podían entrar.
El pasillo daba a una puerta de madera blanca tallada con bordes que parecieran que combinaran con los símbolos que aparecieron en el centro del gran salón de la mansión ―los Siete Elementos―, pero esta vez, alrededor de la puerta, dos de cada lado, otra arriba del marco y cambiando los símbolos de oscuridad y luz se encontraba ahora el símbolo del Ying Yang al medio de esta. Los bordes, con cada marca elemental, cambiaban su figura; el de Tierra era rocoso, el de Agua parecía como si estuviera mojado ―el cual solo parecía, no lo estaba― y así siguieron los demás, viento ―rajado, como si algo filoso lo hubiera cortado―, fuego ―quemado― y lo que parece un símbolo esférico, que ahora dividido en varios trozos, parecía como si hubieran explotado, el cual era el de energía. Aunque estaba incluso desgastado ―o parecía estarlo―, roto en algunos lugares ―como si faltaran piezas pequeñas― y emitía pequeños choques eléctricos desde un punto del símbolo a otro.
―Bonita puerta, algo llamativa y diferente a todas las demás que alguien se pueda imaginar... creo ―dijo Alejandro mientras observaba la puerta detenidamente mientras hacía un gesto de confusión.
―Gracias, el arquitecto constructor se esmeró en hacerla y se tardó bastante tiempo, también lo mismo con algunas partes del edificio, como cuadrar perfectamente las habitaciones, el mobiliario y otras cosas ―dije mientras sacaba un pequeño amuleto negro con bordado blanco ―el cual este no tardó ni dos segundos en aparecer―, después de apretar un botón del dispositivo de mi brazo.
Coloqué el amuleto entre el símbolo del Ying y Yang ―el cual tenía un espacio perfecto para este― y después, la puerta lentamente reaccionó y comenzó a hacer que los elementos se activarán en esta, quemándose, goteando agua, volviéndose gris y rocoso, absorbiendo el aire y atrayendo pequeños destellos de luces, todo al mismo tiempo, pero en una mínima escala... para luego, abrirse súbitamente y al frenar contra algo para detenerse, todo dejó de reaccionar.
―Sí, está muy bien hecha ―dijo Arma mientras quedaba asombrada.
―Hora de pasar ―dije mientras entrabamos.
Ya todos dentro, la puerta se cerró automáticamente, aunque lentamente. Todos se quedaron mirando la puerta, porque... era algo fuera de lo “normal”.
―Bueno, pueden revisar la habitación o hacer lo que gusten, yo buscaré unas cosas y podremos irnos.
Todos solo se decidieron a observar la habitación... la cual era “La Habitación”, o eso se podría decir, ya que esta tenía de todo y hasta más. Era amplia; todos los muebles eran largos y espaciosos ―para más de cinco personas―, todas las paredes estaban pintadas de blanco, un blanco que reflejaba la luz levemente. Las luces, de blanco igualmente... pero estas tenían forma de pilar con una especie de dragón alrededor de esta ―que estaba hecho de cristal también―. Al volver a contemplar los muebles, se veía claramente que habían varios que no se encontraban en otros lugares visitados. La habitación tenía un televisor y cornetas grandes en cada punta de esta, estas ―incluyendo el televisor― conectaban a un punto fijo, un gran equipo de sonido que ocupaba mucho espacio de un mueble negro alto, el cual estaba todo cubierto de CDs ―antiguos para la época― a los lados. Apartando un gran espacio central y por la parte de superior del mueble, se encontraba el televisor, uno plasma de unas sesenta pulgadas, y, abajo de todo el mueble, el equipo de sonido junto con los CDs. Luego se podían visualizar retratos ―muchos, de artistas que colocaban sus firmas en el marco de la pintura (en una se podía ver claramente como decía el nombre de Leonardo da Vinci debajo del rostro de una persona) para ser fácilmente reconocidos― diferentes y de todos los colores y/o formas ―la mayoría abstractas como para decir “formas” libremente―.
―Que, gran, habitación... ―dijo Alejandro mientras miraba de un lado a otro lentamente― ¿de dónde sacaste todo esto? ¿Lo trajiste de la Tierra? Es difícil traer cosas de aquí a allá... a mí me hizo la vida imposible solo traerte las gafas. A menos que los hayas creado aquí, eso ya sería otra cosa.
―No, las traje de la Tierra... y no me costó mucho, solo un largo viaje de veinte minutos alrededor de la luna... y mucho papeleo ―dije mientras me acercaba a mi cama. Una cama del doble de grande que el tamaño “Rey”, adornada entre blanco y negro, el cubre-cama blanco y la sábana de arroparse negra, con toques ―como manchas de pintura― de blanco. Y más precisamente, me acercaba a una mesa de noche negra ―para la madera― con blanco ―para las compuertas y gaveteras― al lado de esta―. Y pues, varios viajes, eso sí. En total, como un día entero, mientras montábamos las cosas, las sacábamos y las montábamos aquí una y otra vez ―complementé ya frente a la mesa de noche.
―Ustedes tienen rato hablando de esa tal Tierra... ¿Qué es? ―preguntó Daniela mientras Angélica la observaba confusa.
―¿No sabes que es la Tierra? ―le preguntó de inmediato Angélica― Es del lugar de donde provienen los humanos. El origen de nuestra población ―respondió sin pensarlo dos veces antes de esperar una respuesta de Daniela.
―Pues... la verdad es que no recuerdo mucho... mi memoria falla y no recuerdo mucho de cuando yo era pequeña ni de las clases que me dieron de historia ―respondió bajando la cabeza levemente con el dedo índice doblado en su labio, como si pensara.
―Oh, lo siento, no lo sabía. Aunque tampoco te puedo decir mucho sobre la Tierra, ya que nunca he estado allí, está detrás de nuestra Luna, aunque no podamos verla de día, aunque tampoco ellos a nosotros, somos dos mundos aparte.
―Nosotros sí podemos verla, pero solo a mediodía o medianoche y sólo por treinta minutos. Aunque, ellos no a nosotros, eso sí es correcto. Y si no la han visto, es porque no miran el cielo nunca… deberían de ver más allá de sus narices señoritas… ―les dije para que se dieran cuenta de los pequeños detalles importantes― En nuestra atmósfera hay un campo magnético mágico que bloquea, u “oculta” más bien, nuestro planeta, lo cual hace que ellos no nos puedan ver. Y esto es porque nuestro planeta es mucho más grande que la Luna, por lo que se necesita de ese campo para no “asustar” a los humanos de allá. Un mundo mágico del doble de grande que su Luna creado de la nada, o “salido”, que es la palabra correcta, no es muy bien visto por mucha gente ―respondí para darles una pequeña explicación más detallada.
―Pero simplemente tendríamos que explicarles el porqué o desde cuando estamos aquí, ¿no? ―preguntó Angélica.
―Pues... decirles “Las fuerzas de un demonio extremadamente poderoso que llegó con un ejército de muertos desde otra dimensión, destruyó su mundo, pero se reconstruyó uno gracias a varios entes extremadamente poderosos que vinieron para salvarlos demasiado tarde, aunque nos revivieron a muchos, que es lo que importa… ya que no se perdió toda nuestra raza... pero todos los recuerdos del día de nuestra muerte fue borrado y transcrito, ya que quisieron ocultar todo el hecho para no causar un caos religioso-humano-mágico que nos llevara a la guerra”. Y aunque en parte este caos se creó aquí en Terranova… ya no importa, ya que fue hace tiempo atrás y logramos seguir caminando juntos de la mano… E igual, no sería fácil de explicar ¿verdad?. Menos decírselo a miles de personas, que viven sus día a día y ya creen en una falsa noticia y un ente en específico. Que no fue él el que los ayudó ―dije contando una lección entera de historia.
―¿Quién fue ese demonio que destruyó la Tierra? ―preguntó Daniela.
―No tenía nombre, pero todos lo llaman El Caballero Negro. Aunque es ahora una leyenda, ya que los Caballeros de la Luz, como se hacían llamar, lo vencieron y lo encerraron en una dimensión que es imposible de llegar, tanto para entrar como para salir.
―Si es imposible, ¿cómo lo metieron ahí? ―volvió a preguntar.
―Según lo que yo sé, es que usaron un tipo de magia entre todos, para sacrificarse, para poder enviarlo y que no pudiera salir otra vez. No sé más... fue hace ya un tiempo y solo sé lo que tu madre me dijo hace mucho… ya que… como te acabo de decir… nos borraron la memoria a la mayoría.
―¿Antes de...? ―preguntó con cara triste.
―Sí ―le contesté mientras volteaba a abrir un cajón de la mesita, para luego sacar un dispositivo negro digital.
El dispositivo, aunque se parecía a los normales por forma, una forma totalmente cuadrada, casi rectangular, tenía por nombre Prototipo Cero ―cero marcado en número― y era totalmente digital y sin los colores en los botones, ya que estos fueron suplantados por tres pantallas escaladas a grises diferentes una de la otra. Arriba de la pantalla del dispositivo, se encontraba otra pantalla que marcaba las horas, como un reloj digital normal. Y, al centro de la pantalla principal que sostenía todo dentro, había un ícono logotipo que era totalmente personalizado, hecho con formas circulares y lineales a base de blanco y negro. Dichas formas eran círculos pequeños dentro de más círculos y cerca de los bordes de otros círculos que complementaban el logotipo, que estaba posicionado dentro de más círculos blancos o negros. A la izquierda y abajo ―dentro de los círculos principales― habían círculos grandes, que luego eran guiados hasta otros círculos más pequeños a los extremos opuestos de estos, junto con otros círculos aún más pequeños, que adornaban todos los otros círculos por aquí y por allá. «Sí, muchos círculos» pensé al describirlo.
―¿Vinimos a buscar eso? ¿Qué es? ―preguntó Arma.
―Esto... es un dispositivo multi funcional, como el que todos poseemos, pero este tiene cien veces más velocidad, capacidad de almacenamiento y funciona con la voz y pensamiento. También te deja navegar por las ondas satelitales. Es como la internet, pero más rápida.
―¿Inter...? ¿que? ―medio preguntó confusa.
―Nada, no importa ―respondí para cambiar de tema ―el cual no era muy importante―.
―¿Y ahora? ¿A dónde vamos? ―preguntó Alejandro mientras miraba por la ventana― Ah... y Leo... al parecer tienes visita ―dijo mientras volteaba y me señalaba un lugar por una de las ventanas de la habitación que daba a la costa.
―¿Tan rápido llegaron? ―dije mientras cerraba el cajón de la mesita y me acercaba a la ventana. Ya en la ventana, ví llegar tres barcos de diferentes colores. Uno rojo, uno blanco y otro negro.
Todos, acercándose a la ventana lograron ver los tres barcos que se aproximaban rápidamente, pero luego, cambiaron la mirada al plano tropical que estaba delante de sus ojos. Un hermoso paisaje de una isla no muy grande, pero sí lo suficiente como para decir que bien se pudiera perder cualquier persona si se apartaba hacia el bosque que se encontraba detrás del resort, que se lograba ver claramente a los lados de este y que daba a un volcán inmenso. Se podía ver todo el exterior, desde la playa, hasta casi el puente que dividía una piscina gigante de agua pura no salada. Si alzabas el cuerpo, podías ver un poco más abajo, las entradas al Resort, grandes entradas techadas.
―¿Quienes vienen? ―preguntó Arma.
―Tu nuevo familiar, Alma y alguien más.
―¿El de la carta? Pensaba que era una broma de mi padre.
―Pues no, no lo es ―dije mientras me apartaba de la ventana, y, acercándome a la puerta, la abrí, pero esta vez, con el dispositivo que vinimos a buscar― Ábrete ―dije mientras presionaba el botón principal del dispositivo, que realmente parecía solamente un logo más, con mi índice derecho.
La puerta se abrió rápidamente, como cuando entramos y deteniéndose con algo, volvió a dejar de funcionar.
―¿Es en...? ―dijo Alejandro sorprendido― Maldita magia por dios, lo hace todo posible y más fácil.
―Ja, ja, ja ―eché a reír― Sí, aunque este dispositivo funciona con y para todo y solo hay uno de estos... ―dije mientras me reía y salía por la puerta colocándome el nuevo dispositivo en la muñeca derecha― ¡Nos vamos! ―grité fuera ya de la habitación.
Todos salieron de la habitación y se repitió casi el mismo ciclo de llegada, excepto que Daniela pasó observando todo el plano del Resort, como si ya no le importara la altura. Ya en el elevador, dí la orden de bajada con mi voz y este bajó automáticamente.
―No presionaste el botón del dispositivo, ¿cómo es que bajamos? ―pregunta Alejandro.
―No necesito presionar el dispositivo ya ―le mostré mi dedo índice de mi mano derecha― Ya que está pegado a mi ADN nativo... él capta y recibe mis órdenes desde mi cerebro, incluso, no tengo que hablar, pero es para no confundirlos.
―¿Y cómo funciona el dispositivo? ―preguntó Angélica― ¿No es como los otros? ―dijo mientras movía su brazo derecho para mostrar el suyo.
―Este funciona con nano materia, magnetismo y cargas simplificadas de magia. El dispositivo capta las señales de mi cerebro, las ordena de forma correcta antes de enviar una señal mágica al objeto o lo que sea, para que la nanomateria haga su trabajo ―dije para salir de una explicación confusa y tediosa.
Justo al terminar de explicar, las puertas del elevador se abrieron y salimos de este. Justo en la entrada, se encontraban dos gemelas, y, aunque iban vestidas con diferentes ropas, se podía notar que ambas eran iguales físicamente, de contextura delgada, estatura promedio ―unos ciento setenta centímetros para ser un poco más exactos―, de cabellera negra, corta y larga ―como si intentasen diferenciarse una de la otra―, una tenia lentes finos y pequeños ―como si fueran para leer― y otra unos un poco más anchos y grandes... ―de los usuales― ambos anteojos eran de color gris claro con blanco en algunas partes de estos.
Al acercarnos, les avisé para que se volteasen a hablar con nosotros ―ya que estaban conversando entre sí. Al darse cuenta, ambas corrieron hacia mí entusiasmadas, al llegar cerca, se detuvieron, inhalaron fuertemente y justo al acto se dedicaron a pensar mientras se miran a los ojos.
―Dile tú primero ―dijo la de lentes finos y cabello corto.
―No, tú ―respondió suavemente con pena la de lentes grandes con cabello largo.
―De acuerdo ―dijo mientras me miraba volteando la cabeza― Señor Leonardo. Ya volvimos de nuestra parada en el Centro de Investigación Mundial, nos reportamos para nuestras respectivas vacaciones anuales ―dijo sin prisa.
―De acuerdo, sean bienvenidas al Resort, Amelia, Emilia ―dije mientras señalaba a cada una respectivamente con una leve pausa.
La primera tenía los lentes finos y llevaba puestos una bata de laboratorio blanca, pantalones negros con toques blancos por aquí y por allá y zapatos deportivos simples de color negro, Amelia. La otra, su gemela, de lentes regulares, tenía la misma bata de laboratorio pero esta tenia pantalones blancos con retoques negros ―en los mismos lugares, pero al color contrario de su hermana― y zapatos deportivos blancos, Emilia. La misma ropa, pero ambas al contrario en color que la otra.
―Gracias señor, es un placer verlo otra vez y tiene visitas frente al edificio, debería ir pronto... nosotras nos vamos a cambiar. Suerte ―dijo mientras agarraba a su hermana del brazo y la jalaba hacia dónde se dirigían, y, cruzando el pasillo del Lobby que daba también al cuarto de cambio y luego la cocina, desaparecieron.
―Es cierto, debemos irnos ―dije mientras caminaba hacia la puerta.
―Nunca había visto gemelas, aunque se distinguen una de la otra bastante bien... tanto que no pareciera que quisieran verse parecidas, como si no les gustara, no se parecen en nada a mis bellas estrellas gemelas ―dijo Arma mientras colocaba sus manos sobre su cinturón de cuero que colgaba de su traje de baño, donde se encontraban sus dos magnums pesadas tipo Águila del Desierto. «El cual es un modelo antiguo para el año que estábamos, pero bueno... ―pensé al observarlas― la gente seguía usando hasta arcos, como si no les importara y bueno, tampoco es que continuara la producción de armas después de la última guerra de hace más de diez años» seguí pensando por los callados pocos segundos.
―Si... y lo hacen por verse diferentes, aunque les gusta a veces jugar a “quien es quien” colocándose pelucas que guardan para engañar a los incautos. Lo cual hacen bastante bien, porque son muy buenas actrices.
―Pero si se nota que son diferentes hasta en personalidad ―replicó.
―Son informantes, saben actuar, incluso pueden hasta cambiar su personalidad, pero no lo hacen cuando estoy yo, algún amigo o familiar presente.
―Ya... ―respondió confusa.
―¿Y quienes eran exáctamente ellas Leo? ―preguntó Angélica.
―Eran las encargadas de la sección de Búsqueda Informativa Táctil. BIT para abreviar.
―Oh, claro… habías dicho que no se encontraban…
―Sí, ahora vámonos… nos esperan ―comenté para irnos.
Después de la corta conversación, salimos por la única entrada/salida del lugar hacia la playa, una puerta automatizada que se abrió cuando nos acercamos,y se cerró inmediatamente al salir. Vimos que habían varias personas ya en la playa, pero dos solamente al lado de los barcos ―yates para ser precisos―.
―Me pregunto cómo hacen para crear todas estas cosas aquí en Terranova... ―preguntó Alejandro.
―Es muy fácil responder tu pregunta... las transportamos desde la Tierra hasta aquí en naves de carga, con mucho dinero de por medio ―respondí ligeramente a su comentario.
―Entiendo pocas cosas... ¿pero casi todo? ―preguntó confuso.
―No, no todo, hay cosas que si se hacen aquí, pero las que son muy difíciles de hacer o que no hay maquinaria para hacerlas, si se transportan... como los botes, trenes, aviones, etc.
―¿Y hay aviones? ―preguntó desconcertado.
―No… pero sí yates, barcos y trenes ―comenté.
Ya después de explicarle, vimos como las otras dos personas se acercaban... una era Alma, vestida como doctora, sin el traje y totalmente de blanco... y justo a su lado, una persona desconocida, de unos ciento setenta a ciento ochenta centímetros de estatura, moreno y de rasgos asiáticos... claramente provenía de la Tierra, ya que ningún otro rasgo de Terranova se le parecía, aún con los “revividos”... tenía los ojos color rojo oscuro y el cabello negro cortado. Vestía un traje de cuero con un tapabocas negro, parecido a un viajero errante, de esos que van de pueblo en pueblo buscando algo sin saber a veces lo que buscan… si aventuras, combates, o algo de “entretenimiento”. El joven ―porque claramente se veía que no llegaba a los veinte años― tenía una espada de tamaño medio, la cual estaba envuelta en una funda de piel oscura, y, en su brazo izquierdo, una rodela de hierro solido.
―Alma, ¿vino contigo? ―pregunté mientras señalaba al joven.
―Sí, un contacto de la tierra me preguntó si conocía a Arma y que si podía enviarle a su pequeño hermano “perdido” ―dijo mientras se reía entre dientes―. A mi punto de vista, parece como si no lo quisieran con ellos y ya.
―Y no lo hacen... ―respondió el joven para después quitarse el tapa boca para respirar mejor.
―¿Entonces tu eres mi “hermano”? ―preguntó Arma confusa mientras cruzaba los brazos―. No te pareces en nada a papá, ¿quizás provienes de la familia de mamá...? ―preguntó mientras bajaba los brazos para relajarse.
―Es un poco confuso de explicar... provengo de la familia de una de las hermanas de mi tía. Mi madre, nunca quiso que estuviera de aquí por allá vagando, pero un día, no hace mucho... estuve buscando una manera de “avanzar” en mis estudios, tal como mi madre siempre quiso que hiciera... como ya sabes, solo nuestra familia ha estado en búsqueda del dominio total del fuego ―comentó el joven―. Hace ya un par de semanas, encontré un pequeño pergamino que estaba sellado en el sótano de nuestra casa. Ese fue mi pequeño error y por eso estoy aquí.
―Ya... me enviaron a un marginado, genial. Aunque esa no es la historia completa, ¿no? ―preguntó interrumpiendo al joven.
―No, pero puedo resumirla a que, el pergamino que encontré, me hizo avanzar un paso más como sucesor al trono de mi padre, nuestro rey... Ah y que ellos piensan que soy de los que piden perdón fácilmente, por eso me enviaron aquí... porque pensaban que aquí no tendría alguna oportunidad y me “perdería”, para así no tener que volver a verme... y sí, mi padre me odia. Aunque  desde que llegué aquí, este mundo no hace más que impresionarme... tanto que voy a explorarlo más a fondo y me quedaré a entrenar mis habilidades, con tu ayuda, claro ―comentó casi dándole una orden a Arma.
―Dudo que esa sea la verdadera razón por la cual te enviaron aquí, precisamente conmigo y con Arma ―dije para que no le diera órdenes a mis amigos, ya que esto era otro mundo, en donde las reglas las hacía yo―. Pero de acuerdo, creo que ya supimos el por qué estás aquí... ahora, ¿cuál es tu nombre? ―pregunté cruzando los brazos.
―Ignis. Mi nombre es Ignis.
―Gusto en conocerte Ignis ignacio... espero molestes mucho a Arma mientras estás por estos lugares ―dije con sonrisa de guasón y burlándome de su doble nombre-apellido.
―¡Oye! ―gritó Arma con tono molesto.
Mientras conversábamos, se escuchaba a lo lejos un sonido de algo quemándose... para cuando vimos al cielo, logramos ver como una bola de fuego se acercaba a nosotros rápidamente... esta, en unos cuantos segundos se acercó hasta nosotros... caminando hacia el frente, di unos cinco pasos.
Todos, confusos, entraron en un estado de alerta. Yo solo esperé a que la bola de fuego se acercara lo suficiente para recibirla.
La bola de fuego que iba cambiando sus colores de rojo a dorado llegó rápidamente hacia nosotros, y, de un golpe, cayó frente a mí.
―¿Es... una...? ―preguntó confusa Angélica.
Una capa de color rojo con adornos dorados que envolvía una figura, había caído frente a todos nosotros. De inmediato, se sentía como si el aire se calentara. Y, justo después, la capa se fue abriendo lentamente.
―¿Pero qué...? ―dijo Alejandro mientras todos los demás miraban tan sorprendidos como él.
―Bienvenida, Maestra ―dije mientras veía como una figura salía de entre la capa de color rojo carmesí.
Una mujer de ojos azules, rubia ―dorado realmente―, de cabello largo, alta y esbelta... la cual vestía prendas de la realeza ―como si fuera una reina― del mismo color que la capa, la cual ahora estaba colgando detrás de ella.
―Gracias, joven pupilo ―respondió ella después de acercarse a mí con los brazos abiertos.
―Siéntase como en casa ―le dije mientras la abrazaba gentilmente.
―Leo, ¿nos explicas quién es esta dama? ―preguntó Alma mientras se acercaba.
―Sí, claro... pero no creo que yo deba hacerlo ―respondí mientras me separaba de la mujer―. Oryü ―dije mientras observaba el cielo.
Inmediatamente, un destello dorado se acercó desde lo alto de las nubes. A varios cientos de metros desde donde nos encontrábamos, cayó Oryü velozmente ―tan rápido, que solo un destello fue lo que se logró percibir―. Oryü, inmediatamente, se acercó a la mujer y esta le dio una fuerte bofetada. Oryü, por el golpe, abrió los ojos ―los cuales apenas se veían por las vendas― sorprendido.
―Eso duele, ¿sabes? ―dijo con voz seca, como si no le importara ―o no le doliera del todo―.
―Sí, lo sé. Ya es hora de que te quite el encanto, ¿no? ―dijo la mujer mientras hacia un circulo con forma de dragón en la frente de Oryü.
Al instante, varios destellos pequeños salieron de entre los vendajes de Oryü, y, poco a poco, se fueron cayendo los pedazos de estos.
Al caerse todos los vendajes, vimos como la figura de Oryü tomaba forma. Un hombre de cabellera dorada ―al igual que la mujer―, de ojos rojos. Alto y musculoso, aunque de contextura delgada. Iba vestido de la misma manera que la mujer, con ropa de la realeza de color rojo y dorado para los bordes y accesorios. Eran muy parecidos uno del otro ―una pareja perfecta―.
Inmediatamente, ambos se besan. Luego, al retirarse, Oryü comenzó a hablar.
―Lo siento, no pude presentarme antes muy bien que digamos. Yo soy... yo. Nadie más. Y esta dama aquí presente es mi bella esposa, Maestra… La Reina de los Dragones Legendarios.
―Mucho gusto ―dijo mientras hacia un gesto con la cabeza de arriba a abajo.
―Nosotros somos los Reyes Dragones de Edén, la ciudad dragónica y la primera ciudad que fue creada en este mundo.
―Tengo una pregunta ―dijo Daniela.
―Adelante ―dijo Maestra con un gesto de mano.
―¿Donde queda Edén? Nunca la he visto y he recorrido casi todo el mundo.
―Yo tampoco y he estudiado bastante sobre Terranova ―comentó de inmediato Angélica.
―Es normal que no la conozcan, solo los dragones y pocas personas más, saben dónde queda. Está ubicada en la atmósfera de Terranova, al límite del cielo y esta se mueve constantemente ―dijo Maestra explicando.
―¿Qué hace allá? ―preguntó Daniela confusa.
―Es una pregunta... bastante difícil de responder. Pongámoslo en el punto y final de: un hombre nos dejó en el espacio ―respondió sarcásticamente.
―¿Un... hombre? ―preguntó Angélica desconcertada.
―Es todo lo que les puedo decir ―y dejó la explicación hasta ese punto.
Mientras que conversaban, un leve sonido salía del dispositivo de mi mano izquierda ―el normal―. Era una llamada de auxilio… que provenía de parte de Adél.
―¿Una llamada de emergencia? ¿Qué estará pasando? habrá que volver ―dije confuso―. Dejemos todo lo que falte para luego.
Justo al instante, me encaminé con los demás hacia el resort ―que no estaba muy lejos― para ver de qué trataba la llamada de Adél.
Al caminar un poco, vimos como parte de la piscina estaba desorganizada. Al acercarnos más, veíamos más y más desastre. Confusos, comenzamos a correr hacia la entrada, para luego encontrarnos a Adél en el suelo, junto con todas las mesas, sillas y adornos destruidos y dispersos por todo el lugar.
―¿Qué ha pasado? ―le pregunté a Adél mientras la sujetaba y levantaba suavemente del suelo.
―Arri...ba ―dijo forzosamente mientras señala hacia el cielo.
Todos miramos hacia donde señalaba Adél, para luego encontrarnos con la misma persona que nos había “molestado” anteriormente. Un sujeto vestido con una túnica totalmente negra, con una capucha que le cubría toda la cara como antes, pero esta vez, la mascara que traia, según pude recordar, formaba una sonrisa, no una cara triste que apenas se distinguía en la conmoción del pueblo.
Saltando, me coloqué frente a la persona. Sin poder visualizar su rostro, le formulé la pregunta más fácil que se podía hacer en el momento; «¿Quien eres?».
Al cabo de unos segundos, la persona no reaccionó con palabras, si no que solo se limitó a entregarme una carta, como lo había hecho anteriormente. Inmediatamente, saltó hacia atrás para apartarse.
Al abrir la carta, ya en el tejado del resort, a lo alto de las treinta plantas, solo encontré las palabras “los mensajeros” escritas en tinta blanca, en una pequeña hoja negra ―lo contrario a la anterior―.
―¿Y esto significa que...? ―pregunté mientras cambiaba de vuelta mi vista hacia él. Aunque ahora, no estaba solo. Había otra persona igual a él a su lado, la primera que encontramos en la villa, el hombre con la máscara triste. Este, comienza a hablar detrás de la máscara como si sus palabras emitieran un eco dentro de mi cabeza.
―No estamos obligados a decirte hasta que debamos, así que mejor que te prepares, porque pronto, más pronto de lo que crees, nos volveremos a encontrar.
―¿Sí?, ¿ustedes creen que se podrán ir tan fácilmente después de interrumpir en mi lugar vacacional? ―dije acercándome a ellos.
―No. Y también sabemos que tendrás un momento agradable con nuestros pequeños juguetes ―dijo mientras sacaba una pequeña tarjeta negra de dentro de su túnica― Esto los entretendrá mientras que preparamos todo para el acto final.
El hombre lanzó la tarjeta al aire, la cual esta se quemó en llamas negras, para quedar un pequeño símbolo en el aire. El símbolo, parecía a un pequeño dragón con sus alas alargadas, como si se preparara para volar. Al instante, la segunda persona desapareció y se escuchó un rugido muy fuerte detrás de mí. Volteandome para ver qué sucedía, me encontré con un dragón en la entrada del hotel, cubierto en una capa negra gruesa de energía, junto con varios Golems ―cuatro, dos de cada lado― hechos con la misma energía a su alrededor. Y, al volver a voltear nuevamente, ambas personas ya no se encontraban presentes.
De Inmediatamente bajé de un salto, para caer cerca de los chicos.
―¿Donde estabas? Te tardaste mucho ―dijo Arma mientras disparaba sus dos grandes pistolas que resonaban fuertemente al tocar la piel del dragón.
―Se escaparon, aunque no deben de estar lejos.
―¿A quién le importa? debemos detener estas cosas antes de que destruyan todo el lugar ―replicó mientras detenía sus disparos― Estos cosos no mueren... mis armas no les afectan.
―¿Y el mono? ―pregunté mientras miraba alrededor.
―Allá arriba ―dijo señalando por encima del dragón.
Saru estaba golpeando con todo lo que tenía al dragón desde arriba, pero este ni sentía sus golpes y solo intentaba hacer que se bajase batiendo sus alas y moviendo su cuerpo como un perro mojado cuando se está secando. Al poco tiempo, el dragón movió su filosa cola hacia su espalda y golpeó a Saru lanzandolo hacia nosotros. Para este, llegar soportando su empuje con el suelo y dejando huellas de sus pies con arena traída por el viento en línea recta.
―No, nada funciona, mis golpes támpoco les afectan.
―Saru, ¿que te he dicho yo sobre pensar primero antes de entrar agresivamente a un combate? Así nunca ganarás nada ―dije mientras cruzaba los brazos.
―Pues pensé que serviría de algo golpearlo un poco, si no, pasar al plan Be, que era pensar el por qué no le afectaba.
―Es buena tu idea, pero no funcionará golpearlo ―respondí.
―¿Por qué? ―preguntó confuso mientras se rascaba la cabeza.
―¿Vez esa magia que lo cubre? Pues es Magia Negra ―dije mientras movía cruzando las manos como si fuera un gesto de mago clásico―, la cual lo protege del daño físico y mágico.
―¿Entonces cómo lo detenemos? ―pregunto.
Mientras hablábamos, los golems comenzaron a golpear a todos los que se encontraban alrededor. Daniela, Alejandro, Kirth y los demás intentaban retener sus golpes lo más posible y hacían todo lo que podían para que no alcanzaran algo “importante” del lugar.
Por otro lado, el dragón solo permanecía en medio de todo rugiendo furiosamente.
―Pues facil ―dije mientras presionaba mi dispositivo antiguo―, solo hay que destruirlos desde adentro, como ya lo hemos practicado antes.
Sacando unos guantes de cuero negro de mi dispositivo ―los cuales aparecieron frente a mi mientras se reconstruian rápidamente―, me los coloqué y los ajusté bien al tamaño de mis manos.
―Entonces es más fácil de lo que creí ―dijo como si hubiera tenido un idea brillante por su cuenta mientras señalaba con el dedo índice hacia arriba.
―Já... sí, es más fácil de lo que creíste. Ahora, a hacer lo nuestro ―dije dándole la orden de ataque furtivo.
―A la orden ―dijo después de colocarse también unos guantes parecidos a los míos, pero estos eran de color marrón menos oscuros.
Al comenzar a golpear a los golems, estos se fueron rompiendo poco a poco y la magia que los cubría se iba debilitando. Después de varios golpes, varias piezas de ellos se rompieron y cayeron al suelo, para luego hacer que su magia desapareciera casi por completo... Ahí es cuando todos comenzaron a atacarlos mortalmente, destruyendolos y haciendo que se volvieran un tipo de arena negra. Uno trás de otro fueron cayendo... y al final, los cuatro rápidamente dejaron de existir.
―Uf, más duros imposible ―comentó nuevamente sobándose los nudillos.
―Venga, no costó tanto, solo que creo que necesitaré unas manos nuevas para mañana ―dije sarcásticamente.
Justo terminar, el dragón comenzó a moverse dando círculos y moviendo su cola de lado a lado intentando golpear cualquier cosa, como si intentara controlarse. Parecía a una persona en la sala de espera de un hospital mientras alguien de su familia estaba siendo operada de alguna herida fatal. Como si esperara algo...
―¿Qué le pasará? ―preguntó Angélica― parece que sufriera.
―Es la magia que lo controla. Aunque hayamos destruido los golems, la magia seguirá en su cuerpo... y morirá.
―¿Va a morir? ¿No se puede hacer nada por él? ―preguntó con dolor agarrándose el pecho.
―Lastimosamente no. Yo también conozco esa magia y se usarla, pero es tan letal que puede causar síntomas visibles en el emisor que lanzó el hechizo. Aunque es un puede, no se cuanta practica tuvieron los hombres con el hechizo, ni el cómo hicieron para encerrar al dragón en una tarjeta mágica.
―El dragón y los golems aparecieron en un portal desde el cielo ―comentó.
―Sí, lo supuse. No pude detener a los hombres y cuando volteé a ver que pasaba, ya no estaban. Ya deberían estar muy lejos, pero igual los buscaré.
El dragón, moviéndose de un lado a otro, iba perdiendo fuerzas y poco a poco, caía al suelo, casi arrastrándose del dolor. Gimiendo y chillando, pedía a “gritos” su libertad.
―Ayudenlo... hagan algo... ―dijo Angélica ahora cubriéndose los oídos y cerrando los ojos para no ver la escena que sucedía frente a ella.
―Sólo queda... esperar ―cerrando los ojos y bajando la cabeza respondí sin poder hacer nada.
Todos, miraron hacia otro lado, o veían en silencio como moría la criatura... pero de pronto, dos destellos de luz brillaron y aparecieron frente al dragón lanzándolo hacia el aire, para luego hacerlo transformar en una bola brillante de energía de color dorado y en un instante desaparecerla en varios brillos que se esparcieron por el aire hacia las nubes.
Oryü y Maestra estaban frente a todos, agarrados de la mano uno con otro.
―No podíamos seguir viendo la escena, tuvimos que devolverlo a Edén como parte de un nuevo ser ―explicó Maestra mientras nos observaba.
―Él estará bien, pero necesitará mucho tiempo para sanar sus heridas, tanto físicas como mentales ―continuó Oryü observando a Angélica en particular.
―Gracias ―comentó Angélica sollozando.
―Creo... que es hora de volver a armar todo. Espero tengan tiempo ―dije mientras miraba a los dragones presentes.
―Claro, será un gusto ayudar ―dijo Maestra, mientras que Oryü simplemente cerraba los ojos y movía la cabeza en afirmación.
―Yo voy a ver quien es el culpable de todo esto ―comentó Oryü― Lo haré pagar.
Justo al decir sus palabras, no se despidió, ni hizo un gesto de despedida... simplemente se fue, desapareciendo con el lugar.
Ya todo tranquilo, caída la noche sobre nosotros, comenzamos a reordenar todo. Adél, recuperada, estuvo cambiando las mesas, los manteles, los platos y todo lo que se había roto. Saru ayudaba con la decoración y las luces rotas, junto con Daniela, Angélica y Arma. Los demás, traían cosas para comer, beber y pequeños accesorios ―la mayoría de estos eran fuegos artificiales― para disfrutar de la fiesta nocturna.
Ya todo arreglado, mi reloj digital nuevo, marcaba las once de la noche... luego, todos ―las más de treinta personas presentes― comenzamos a comer, beber, charlar y disfrutar de la música de fondo, una música clásica ambiental con un violín y un chelo lento. Al terminar de comer, beber y/o bailar, los chicos fueron a sus reservar sus cuartos... algunos se dirigieron a los suyos previamente ya reservados. Otros, como Kirth, Leviatán, Saru, Arma, Luna y Daniela, simplemente decidieron seguir en la fiesta y bailar. Angélica estaba exhausta, por lo cual se estaba quedando medio dormida y decidió irse a dormir. Yo, por otro lado, no seguí ningún patrón y comencé a caminar lentamente alrededor de la playa, para pensar en lo que había pasado, suceso tras suceso...
Primero fue el ataque a la mina de cristales, lo cual había sido un evento creado por otra persona que estuvo controlando todo desde fuera, de eso no cabía duda. Luego, el ataque del primer hombre en el pueblo, el cual causó un pequeño alboroto, no fue mucho, pero solo fue el inicio de todo. Luego, el simple ataque a la mayor fuente de energía de este y otros mundos, Yggdrasil... también estaba seguro que fue causado por otra persona... ya que no muchos sabían lo que la magia de Yggdrasil podía llegar a hacer... Y por último...fue esto. Lo cual todo estaba planeado de cabo a rabo y no sabía si por ambos hombres, o por alguien que movía los hilos ocultos de esos hombres... y ahí me entraron las preguntas... ¿serían simples marionetas?, ¿o podrían llegar a causar un desastre peor?. Ya de eso estaba seguro... y de lo que también estaba seguro, es que no estaban solos... Ahora, solo me quedaba irme a dormir, ya que mañana sería otro día más largo aún.


~Continuará~





Siguiente Capítulo:
UN BUEN VIAJE A LA MUERTE
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Acerca de Leonardo Payares

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