Oscuridad Infinita Capítulo 3.

Muy buenos días, tardes o noche para todos, les escribe uno de los tantos autores de este blog, DarkLeonZero, trayéndoles un poco más de Oscuridad Infinita. Espero les agrade este nuevo capítulo que les traigo llamado "Bienvenidas Esperadas", y espero que se diviertan con los nuevos personajes -los cuales son muchos-, y la nueva aventura descriptiva que nuestros protagonistas construirán para el capítulo y para ustedes, los queridos seguidores de la novela.









CAPÍTULO III:
BIENVENIDAS ESPERADAS









Al día siguiente, pasaron las horas en la casa de los niños, ambos, fueron a la escuela desde temprano, e hicieron sus deberes, para luego volver, al comenzar caer la tarde, y,  divirtiéndose por su cuenta, viendo televisión y jugando uno que otro juego por aquí y por allá de su habitación, les alcanza la noche rápidamente. En esto, sus padres salen a trabajar despidiéndose de los niños previamente, dejándolos a ambos con su abuelo, que iba apenas llegando de hacer sus recados. «Hasta mañana» dicen los padres despidiéndose. «Cuídense» les responde el hombre para despedirse y cerrar la puerta principal al salir ambos.
―¿Hola? ¿hay alguien? ―dice en voz alta, pero sin gritar, el hombre, después de entrar, para que su voz se escuchara por toda la casa.
―¡Abuelito! ―gritan los niños desde el cuarto al escuchar a su abuelo llegar, y, corriendo hacia la sala, le dan la bienvenida con dos fuertes abrazos.
―Jaja, hola niños, ¿se divierten? ―pregunta el hombre al soltarlos del abrazo.
―No mucho… Estábamos esperando que llegaras y así poder seguir con el cuento de anoche ―dice la niña mirándolo fijamente, sin siquiera pestañear.
―Sí, tenemos que seguir, quiero saber que pasa después de que salen de la ciudad ―dice el niño apretando y jalando la mano de su abuelo.
―Sí, ya se está haciendo tarde, así que mejor comenzamos de inmediato… Casi ―dijo el hombre mientras se acercaba a la cocina, después de liberarse de los jalones del niño―. Primero, haré la comida, esperen un rato a que esté, yo les aviso.
―¡Gracias! ―gritan los niños mientras se sientan en la sala a ver un canal de novelas en una pantalla blanca con un reproductor de películas que se encontraba en una de las paredes de esta exclusivamente para la pantalla.
Después de unos minutos, el abuelo termina de hacer la cena, huevos revueltos con un par de panes para cada plato. «Listo, comamos» dice llamando a comer a los niños. «Sí!» responden los niños emocionados.
Todos se sientan en una mesa de mármol de la cocina y los niños comen lo más rápido que pueden. El abuelo no se queda atrás y rápidamente terminan de comer. El abuelo lava los platos sucios mientras los niños corren hacia sus cuartos. El abuelo, al terminar con los platos, sube hacia donde están los niños, su cuarto. «Bueno, al parecer no debo decir si empezamos» dice mientras busca el libro para comenzar a leer.
Los niños, arropados y listos para comenzar a escuchar la historia, esperan en silencio a que su abuelo comience. Este, apaga la luz de la habitación, se sienta en una pequeña silla ―la misma en la que estaba sentado el día anterior―, enciende una pequeña lámpara, abre el libro, busca entre las páginas y encuentra donde había quedado. «Aquí está… Este capítulo se titula; Bienvenidas esperadas». Y justo al decir el nombre del capítulo, comienza a leer.


Después de salir de la ciudad, pasamos la frontera este, para poder entrar al bosque que daba directo al lugar que nos dirigíamos.
Después de caminar toda la noche, decidimos acampar por unas horas. «Bueno, hora de descansar un rato» dije mientras observaba a nuestro alrededor, buscando algún peligro.
En cuanto nos detenemos, Angélica y Daniela se lanzan al suelo.
―¿cuándo se supone que llegaremos maestro? ―preguntó Daniela mientras se relajaba.
―Oh, es cierto, nunca has estado en la mansión... bueno, no te preocupes falta poco, como un día creo… ―respondí dudando, aún conociendo la distancia que faltaba.
―¡¿Cómo que crees?!  ―respondió Angélica enojada.
―Venga, venga, no grites, falta poco ―respondí tratando de calmarla.
―Espero que sea verdad, porque si nó, me enojaré ―dijo frunciendo el ceño―, nunca pedí que me arrastraran tanto con ustedes ―dijo negando algo con la cabeza.
―¿Querías que te dejara sola en la calle? ―dije mientras terminaba de asegurar el lugar.
―Nunca te pedí nada ―dijo fríamente.
―Oh, vamos, se que te divertiste ―dije mientras sacaba bolsas de dormir de pieles de diferentes colores de uno de los comandos de mi dispositivo.
―Sí, pero no se hasta donde me piensan llevar ―dijo colocando su vista hacia otro lado y frustrada por la verdad.
―Pues, en su momento lo descubrirás. ―dije dándole ánimos.
―Aún no me cuentan nada de nada… ―dijo mirándome fijamente.
―¿Qué quieres saber? ―preguntó Daniela después de solo dedicarse a observar.
―Pues primero; ¿cual es la energía de la que hablaban antes? ―dijo preparándose para el interrogatorio.
―Todo ser viviente de nuestro mundo, Terranova, posee Energía, la cual ayuda a canalizar y extraer, según cada persona y raza, las habilidades internas de dicho sujeto ―respondí a la pregunta lo menos confusamente posible.
―Osea que yo también la tengo ―afirmó.
―Así es, probablemente ―respondí justo después de ella.
―¿Y por qué no puedo usarla? No sabía que teníamos esta… Energía ―dijo confusa.
―El “Despertar” ―dije haciendo unas comillas en el aire― de cada persona es diferente... muchas, no “despiertan” ―volví a hacer las comillas― siquiera. E incluso, muchas lo hacen, cuando mueren... y se llevan su poder a la otra vida, recordando así su pasado y por fin, logrando despertar completamente ―dije mientras terminaba de arreglar las bolsas de dormir en el suelo y encendiendo una pequeña fogata para iluminarnos.
―Ya veo… ―dijo agachando la cabeza y bajando los hombros.
―Tu madre… ―intenté decir.
―¡¿Conociste a mi madre?! ―bramó de inmediato.
―Ujum… ―solo decidí pronunciar esa palabra y hacer un gesto de sí con la cabeza.
―¡¿Por qué no me lo dijiste antes?! ―dijo levantándose bruscamente del suelo, lo cual hace que hasta Daniela se asombre.
―He, calma… no era mi intención ocultarlo o algo parecido, ya ves que te lo acabo de decir ―dije mientras me acomodaba debajo de un árbol.
―Pero pudiste decírmelo antes ―dijo exaltada por la noticia.
―Sí pues… No me pareció el momento indicado, por los sucesos y eso ―respondí negando con la cabeza.
De inmediato, Angélica se volvió a postrar en el suelo, con la cabeza baja. Y solo seguía repitiendo la misma frase en susurros «conoce a mi madre...» una y otra vez. Y después de unos instantes, se levantó bruscamente.
―¿Como era mi madre? ―preguntó mientras se acercaba a mí caminando.
―Ella… pues… que te podría decir, es bella y ―volví a ser interrumpido.
―¿Sabes dónde está? Hablas como si siguiera viva ―dijo ya cerca de mí.
―Sí, pero no puedo decírtelo ahora mismo, lo siento ―dije mientras volteaba a mirar hacia un árbol cualquiera.
―¡¿Eh?! ―gritó fuertemente― ¡¿Por qué no?! ―me preguntó muy enojada mientras se acercaba más.
Ignorandola, seguí observando al árbol.
―¡Dime! ¡¿Por qué no?! ―siguió insistiendo, hasta que comenzó a acercarse rotundamente hacia mí.
Daniela se acercó para que no siguiera intentando «Si el maestro no quiere decirlo, es mejor que no lo intentes, no le sacarás nada ya» dijo mientras le colocaba una mano al hombro.
―Pero… ―replicó.
―En su momento te lo diré, no sigas por ahora, ten paciencia ―dije sin reacción alguna, mientras cerraba mis ojos― Ahora duermanse, debemos seguir antes del amanecer.
Y esas fueron mis últimas palabras hacia ellas. Recuerdo… que desde ese momento, Angélica no quiso ni fijar la vista en mí toda la mañana. Fue algo que me esperé, pero que no debía, ni siquiera por poco, retractarme, ya que sabía cuál sería la consecuencia de ello.
Varias horas más tarde, una alarma en mi dispositivo se activó, para despertarme, e indicarme, que ya era tiempo de seguir nuestro camino y para mi sorpresa, sucedió lo mismo que ya llevaba pasando estos últimos días.
Al despertarme, esta vez, solo observé a Daniela en el suelo durmiendo plácidamente. Angélica no se encontraba. «Esto es...» quise terminar de pensar siquiera, pero oí un ruido detrás de unos grandes arbustos de pequeñas hojas verdes cubiertas por la oscuridad del bosque.
Me preparé rápidamente para cualquier animal salvaje del bosque, ya que sabía lo peligroso que era el mismo y me acerqué a Daniela para protegerla.
Unos instantes después, apareció Angélica detrás de los arbustos y con mucha cara de sueño.
―¿Qué haces? ¿no dormiste? Es malo no dormir ―dije mientras me relajaba.
Ella decidió ignorarme, para seguido postrarse al lado de un árbol cerca de su bolsa de dormir.
―Lamento informarte, que ya es hora de partir y si tan siquiera deseas acompañarnos hasta que encuentres a tu madre, un gusto será para mí, reunirte con ella nuevamente ―dije mientras tocaba a Daniela para despertarla.
Ella solo se dedicó a aceptar levemente moviendo la cabeza.
Después que Daniela se levantara, recogimos todo y caminamos nuevamente hacia nuestro objetivo conmigo guiándolas. Y debo decir, que Angélica siguió ignorando cada comentario que hacía... incluso ignoraba los de Daniela, que eran para ser amigable, algo raro en ella incluso.
Después de caminar por un par de horas y cruzar gran parte del bosque, decidí contarle la verdad a Angélica, aún sabiendo que no arreglaría mucho.
―Tu madre… ella…, ―dije con una larga pausa― me pidió que no debía decirte jamás lo que le había pasado, ni el por qué te abandonó. Y sé que ahora mismo, debe de saber que yo te estoy diciendo estas palabras ―dije enfocando mi vista en el camino.
Angélica estuvo caminando a mi lado después de eso. Esperando, quizás, a que le dijera cualquier otra cosa sobre su madre… pero no pasó. No hablé más en el camino, ni yo, ni Daniela, ni mucho menos ella, que no despegaba su vista de los grandes árboles oscuros y marchitos, pero sobre todo quemados, del bosque, como si éstos le fueran a responder las muchas preguntas que quería hacerme, sólo con observarlas... O eso pensaba yo al verla de reojo.
Unas cuantas horas después de pasar por un largo y ancho camino al medio de árboles caídos, quemados hasta convertirse en cenizas, o destruidos por su propio peso, llegamos a divisar una luz de diversos colores cálidos. La señal que necesitábamos para encontrar una salida y lograr respirar aire fresco.
Después de alcanzar la luz y salir al tramo montañoso, nuestros ojos se fueron acostumbrando a la brillante luz del amanecer… para, inmediatamente, contemplar un hermoso paisaje desde lo alto del borde de un amplio acantilado en una de las salientes del bosque.


―Este paisaje es difícil de describir… es uno de los pocos que podré nombrar, de los muchos que hubieron y habrán a lo largo de esta historia… y espero esto ustedes dos me lo perdonen si no lo recuerdo del todo bien― dice el hombre mayor en susurros leyendo el libro ―casi parecido a una gran pausa si no lo lograban escuchar sus nietos―, mientras mueve las hojas hacia otra página.


El paisaje estaba conformado por un grande, amplio y vasto campo verdoso, lleno de colores naturales… muchos verdes de todos las tonalidades posibles, desde el más claro, al más oscuro. Muchas flores que brillaban desde lejos con los rayos del sol que apenas y se lograba ver detrás de los árboles del bosque al mirar hacia atrás. Una gran mansión del más puro blanco jamás imaginado que reflejaba el brillo de los colores alrededor y justo al pié de una inmensa montaña con una gran capa de hojas, ramas, flores rosadas y blancas al tope de esta. Un gran bosque cubría la falda de la montaña, la cual abrazaba buena parte de lo que a lo lejos podíamos observar, un inmenso edificio blanco detrás de la dicha mansión, como si el mismo bosque quisiera proteger las estructuras de cualquier tipo de peligro que pudiera ocasionarse, o como sí deseara ocultar algo detrás.
Y, como ya dije, nosotros veíamos todo esto desde lo alto del risco donde nos encontrábamos.
También pudimos ver el cielo, que se abría, desplegaba y cubría muy bien la gran luna gris que se encontraba sobre y detrás de la montaña. Y el cual el mismo cielo, nos mostraba un gran planeta azul, detrás y no muy detrás claro, de la hueca luna.
―Ahí está, pueden verla a su derecha ―dije señalando con mi dedo índice la gran mansión entre las montañas y el campo.
―¡Guao, qué grande! ¡¿siempre ha vivido en esta casa y nunca me había traído?! ―gritó Daniela sorprendida y ya completamente despertada de su somnolencia.
―Ahora que recuerdo... una vez te traje, pero eras muy pequeña, te traje junto a tu familia y probablemente a lo que lleguemos recuerdes varias personas conocidas, que jugaban contigo de pequeña… o quizás no ―respondí a su pregunta intentando hacer que recordase algo, ya que ella, aunque no lo hubiera dicho ni ella ni yo hasta los momentos, no lograba recordar gran parte de su pasado.
―Yo no logro recordar nada antes de recuperar parte de mi memoria hace unos meses, así que no sabría qué decir cuando lleguemos ―respondió y aclaró lo que acababa yo de decir.
―No te preocupes, yo me haré cargo de todo, tú solo sonríe y da una buena impresión ―dije burlándome de ella.
―¡Como si pudiera solo hacer eso! ―respondió Daniela enojada.
―¡Es broma, es broma, no te lo tomes tan mal! ―respondí alejándome lentamente― Bueno, continuemos, ya falta poco, es mejor bajar por este camino, será más peligroso pero unas tres veces más rápido ―dije para asustarlas un poco.
―¡Comprendido! … ¡De acuerdo! ―gritaron ambas―
―¡si pasa algo yo lo protegeré! ―exclamó Daniela segura de sí misma.
―Me alegran mucho tus palabras, pero no te confíes, este bosque está maldito, tiene la costumbre de atrapar a sus presas con sus peores miedos y aún se desconoce cómo lo hace… pero el caso es que muchas de las personas que se atreven a entrar…, no logran salir. ¡Se los come vivos! ―grité alzando mis brazos y haciendo una postura de oso al acecho.
―¡Au! ―gritaron ambas chicas al mismo tiempo de la impresión.
―No se preocupe―e, esta―estaremos bien, solo manténgase a mi lado ―respondió Daniela temblando.
―Sí―sí ―respondió Angélica detrás de ella.
―Bueno ¡andando! ―grité para dar comienzo a nuestra caminata.
Caminamos por el borde del risco del bosque y llegamos a bajar en casi su totalidad todo el tramo peligroso... se sentía la energía maligna y nosotros nos esperábamos lo peor, ya que mi descriptiva del bosque, no era del todo falsa. Aunque después de caminar unos cuantos metros más de lo que faltaba para terminar el inmenso bosque, escuchamos algo entre los árboles… un sonido de algo grande acercándose rápidamente, haciendo eco por todas partes.
―¿Qué fue eso? ―preguntó Daniela sacando una espada corta y algunos cuchillos ornamentados con oro y plata que siempre estaban en su traje, pero que nunca llegó a usar ―los cuales fueron hechos en la villa que se crió y creció... y exclusivamente para ella― para luego fijar la vista hacia donde provenía el sonido, el cual no sabía de dónde provenía, por lo que daba vueltas y vueltas buscando la causa principal junto al inicio del eco.
Pudimos notar una sombra con ojos brillantes saltando de árbol en árbol y ambas chicas se sorprendieron.
―¡¿Quién es?! ¡responde o atacaré! ―gritó Daniela preparándose para el ataque. Sin alguna respuesta de la silueta.
La sombra, acercándose cada vez más, va aumentando la velocidad a la cual se desplaza entre las ramas y emitió un sonido extraño mientras salía de la oscuridad, para luego ocultarse entre unos arbustos tan oscuros y negros como la noche.
―¿Qué está pasando Leo? ¿Qué es eso? ―preguntó Angélica aferrándose a mí.
―¡Ya que no me dices, quien eres, atacaré! ―gritó Daniela, pero sin respuesta alguna.
―¡Alto, Daniela! ―grité para detener su ataque, pero sin poder detenerla se fue acercando más y más a los matorrales.
La sombra saltó sobre nosotros, sorprendiendo a las chicas, que claro, ya llevaban un rato asustadas por el cuento lúgubre que les compartí en lo alto del risco. Esta sombra, rápidamente tomó forma humana y para mi sorpresa, era una figura que yo conocía a la perfección, pero que no sucedía lo mismo con las chicas que tenía a mi alrededor todas asustadas.
Justo después, Daniela reaccionó inmediatamente, lanzando sus cuchillas para iniciar, e ignorando mi mando completamente. Enfrentándose luego en un combate directo con su espada en contra de la figura, siguió y siguió atacando… pero la sombra no hacía más que esquivar todos sus golpes, los cuales eran rápidos y precisos, ya que obtuvo un muy buen entrenamiento por parte de mí y de sus primeros maestros.
Daniela atacó varias veces a la sombra y después de varios intentos fallidos, la sombra desapareció saltando hacia los árboles para ocultar su presencia, evitando más ataques o defensas innecesarias.
―¡¿No me escuchas?! ¡Que guardes tus armas! ―grité otra vez agarrando a Daniela de la mano que sostenía su espada― es inútil seguir con esto.
―¡Pero maestro! ―replicó Daniela tratando de soltarse.
―¡Nada de peros! ―respondí a su queja.
Al final, Daniela dejó de insistir y se calmó. Mientras, Angélica, confusa, no sabía que hacer, ya que no podía luchar como nosotros, o por lo menos, no por ese entonces.
Luego de que ambas apartaran su miedo hacia otro lado, comenzaron las mil y un preguntas.
―Maestro, puede explicar ¿qué está pasando aquí? ¿qué era eso? ―preguntó Daniela enojada.
―¿Deberíamos continuar? ¿esperamos a que vuelva? ―preguntó Angélica detrás muy confusa por la situación.
―Tranquilas… no pasa nada… ―dije moviendo la cabeza en negación― dejen que se acerque, no les hará daño. Y no intenten nada… hablo contigo Dani ―tomé una pausa allí y la miré fijamente―. Deja de atacar sin pensar antes lo que ocurre y menos si no digo que ataques.
Inmediatamente, la sombra volvió a escucharse y de árbol en árbol fue danzando hasta llegar hacia nosotros… y justo después, me atacó impulsandose con los árboles quemados.
Aparté a las chicas como pude; a Angélica la lancé hacia Daniela, empujandolas con eso a ambas al pie de un árbol cercano, para luego, defenderme del ataque.
Los ataques provenían de todas direcciones, pero siempre desde lo alto de cualquier árbol. Eran fuertes, precisos, ágiles y flexibles… no había forma de evitarlos y cada vez se hacían más y más rápidos.
Y así la sombra continuó… atacándome, reteniéndome en la misma posición y controlando los pocos movimientos que quizás pudiera hacer. Una patada tras otra fueron golpeándome con más fuerza cada vez. Y yo, solo me dedicaba a defenderme o esquivar levemente, cambiando la dirección de mi cuerpo y los golpes con diversas técnicas de Aikido ―técnicas que sabía bastante bien aplicar, como las de muchas otras artes marciales antiguas―.
Después de unos segundos, las chicas comenzaron a desesperarse… Daniela quería atacar, pero no podía seguir el ritmo de la sombra... y Angélica no podía hacer nada más sentir su propia debilidad mientras observaba sus manos frente a sí temblando de la impotencia.
Decidí acabar con esto, para no darles más presión y poder seguir con nuestro camino.
En una oportunidad, ya después que la sombra atacó más y más fuerte cada vez... preparó, por menos de medio segundo, una patada con mucha más energía aplicada. Y me dio la oportunidad de contraatacar. Completando yo, en ese medio segundo, o quizás un cuarto de segundo por el cambio de defensa a ataque, un hechizo en su árbol para retenerlo con su sombra, inmovilizándolo así en este.
La figura, ya mejor observada, pero igual borrosa, quedó trabada de sus pies en lo alto del árbol. Yo, observando su confusión, decidí atacar directamente… con una aura asesina, llegué a lo alto del árbol de un salto y lo asusté de tal manera que no tuviera las ganas de seguir impulsándose. Pero, calculando mal mis movimientos, solté la sombra cuando salté y ambos fuimos a dar al suelo húmedo de la noche.
Yo caí sobre la sombra, apoyando mi cabeza en su pecho y él debajo de mí esperando que me moviera… alcé mi rostro y nuestras caras se acercaron... él, sorprendido, no supo cómo reaccionar.
Sí... él. La sombra era un hombre... uno alto, aunque no se podía observar del todo bien, porque estábamos recostados y muy juntos. Su piel era de un color moreno claro, tenía el cabello castaño oscuro y cuando movía su cabeza, este le brillaba con la luz del sol. Sus ojos eran marrones claros, casi hacía juego con su cabellera... Vestía un Short largo, más de lo usual, porque era un short personalizado, cortado desde un pantalón azúl celeste y que a este le habían hecho cortes horizontales y huecos, en la sección de los muslos.
Después de unos pocos segundos, nos echamos a reír. Él comenzando y yo siguiéndole. Era muy graciosa la posición en que nos encontrábamos, aún más, con dos mujeres a nuestro alrededor. Casi parecíamos… Bueno, que no parecíamos.
Luego, nos separamos, levantándome y ayudándolo a él, seguimos riendo por unos pocos segundos más.
―¡Ja, ja, ja! ese es el Señor al que estoy acostumbrado ―dijo el hombre con un acento campestre―, pensaba que era otra persona al verlo con dos mujeres... ¿no tiene suficiente con sus sirvientas ya? ―preguntó el hombre.
―¡Ja! ¡sabía que eras tú! todos los Monos sois iguales, siempre en los árboles... espero que nos hayas venido a escoltar ¿no? ―respondí a su pregunta burlándome.
―Oh, no sea tan malo, después que me he entrenado tan duro... ¡Solo para vencerlo! ―gritó con el mismo acento campestre de antes mientras me miraba con furia.
―¿Y sí crees poder? ya ves que no. Aunque sí que has mejorado mucho ―respondí inmediatamente después de su grito.
―Pues siempre salgo ganando, esta vez me agarró en este bosque maldito… y más con la ventaja de sus sombras, que son una discordia a veces ―respondió decepcionado.
―¡Ejem! ―dijo Angélica detrás― ¿Qué está pasando aquí? ―preguntó muy, pero muy enojada. No por su tono de voz, sino en su expresión facial al yo poder voltear a verlas… y sí, Daniela estaba igual.
―Pues… ―intenté decir y fui interrumpido por el hombre a mi lado.
―Estábamos jugando un poco ―dijo sonriendoles.
―¡Esperen! ¡¿cómo que estaban jugando?! ¿no eran enemigos o algo así? ―preguntó Daniela confusa y enojada al mismo tiempo.
―¿Eh? ¿Cuándo dijimos que éramos enemigos? ―preguntó el hombre― ¡Oh, cierto! no me he presentado, ni Leo les debió de haber dicho sobre mí… creí que en el tiempo que me fui les había contado algo, cualquier cosa ―dijo mirándome rápidamente y volteando enseguida hacia ellas.
―Nunca dijimos que fuéramos enemigos y por eso te dije que no atacaras… incluso, ya mismo los iba a presentar ―respondí.
―¿Y qué era la pelea entonces? ―preguntó Angélica.
―Una pelea amistosa de bienvenida ―respondí― Ahora… les presentaré a este caballero de aquí presente… Él es Son Gokü… o como lo llamo yo... Saru, que es mono en japonés.
―Así es señoritas, pueden llamarme como gusten, pero creo que me he acostumbrado más a Saru, o Mono, como me llaman muchos ―siguió hablando con acento campestre.
―Ya… como sea, continuemos… si esto fue solo una distracción, ya no importa, quiero llegar a la mansión, estoy cansada de tanto caminar ―respondió Daniela malhumorada y sin fuerzas por el cansancio.
―Yo igual ―dijo secamente sin más Angélica.
―Sí, ya no falta mucho ―les dije para que no se tumbaran en el suelo como ante― Andando, faltan unos pocos minutos más desde aquí para llegar. Y comenzamos a caminar hacia la salida.
Unos minutos después de que se miraran unos a otros aburridos, alguien por fin decidió hablar.
―Eh... Leo, una pregunta ―dijo Angélica ahora ignorando todo lo sucedido, como si ya no le importara nada.
―¿Sí? ¿Qué pasa? ―respondí confuso.
―¿Cuántas personas  viven en tu mansión? ―preguntó sin rodeos― es que quiero tener en cuenta cuantas personas raras seguirán apareciendo.
―Alrededor de unas doscientas… ―dije dudando― o quinientas... ―continué para sacarla de su pequeña duda y sorprenderla.
―Guao... ¿por qué tantas? entiendo que sea una mansión y todo, pero no creo que necesiten vivir tantas personas en una sola casa.
―Como pudiste ver desde la colina, es bastante grande… y la mayoría viven ahí con sus familiares, aunque muchas de ellas están fuera y casi nunca hay más de sesenta. Eso es incluyendo a los empleados, aunque para los días festivos y todo lo relacionado, pueden haber hasta mil personas ―respondí creando una referencia a lo grande que es la mansión.
―Claro… ¿Son todos conocidos? ―preguntó con todo, sarcásticamente.
―La mayoría, sí, ya que he viajado por todo el mundo y casi todo el mundo me conoce, ya que soy uno de los poderes más grandes del planeta, tanto en economía, como fuerza política y todo eso. Aunque yo no me ocupo mucho de esos trámites, para eso tengo gente que lo hace por mí y que lo sabe hacer, sin romper las normas de contrato… ―respondí mientras caminábamos– Ah, ya llegamos… a su derecha podrán ver la mansión.
La gran mansión que tanto hablamos y que vimos anteriormente, estaba al final del gran campo verdoso, el cual ahora, estaba lleno de todo tipo de animales de granja... la mansión, para alrededor de mil personas o más, con un estilo europeo antiguo ―de los cuadrados, tipo castillo―, de cuatro pisos de altura y en el cuarto poseía una habitación extensa con un jardín que apenas se lograba observar, pero que sus flores brillaban junto con los ventanales del gran edificio. Cuatro secciones de jardín extendidos por todo el frente, con una inmensa fuente a la mitad. Un patio trasero dividido en dos secciones y que no podíamos ver si no desde la colina o ya detrás de la mansión. Logramos ver a lo lejos, detrás de la mansión, el bosque que conectaba a la montaña… Y a los lados del edificio principal ―que es la mansión―, llegando casi a la montaña, dos baño termales en el cual podrían caber hasta doscientas personas… ―sí, era muy extenso el terreno en su totalidad, que también se encargaba de ocupar toda la zona para no dejar huecos mal vistos―.
―¡Qué grande es tu casa! ―respondieron las chicas impresionadas.
―Sí, bueno, no es del todo mi casa, pero sí. Vamos rápido, aún falta para llegar como ven ―respondí para luego continuar caminando… Saru, por su parte, no habló en todo el rato si no hasta llegar.
―¡Entendido! ―respondió Daniela emocionada.
Unos minutos después de atravesar el largo camino del campo, luego el del jardín y el gran pórtico columnado... llegamos por fin a las puertas de la mansión. Toqué la puerta principal, agarrando una cadena al medio de ambas puertas y que inmediatamente se alzó para ocultarse. No hubo respuesta inmediata. «¿Habrá alguien en casa? es raro que nadie responda…¿que has hecho mono? no me digas que tendré que usar mi llave» dije confuso. Y sacando una llave grande de uno de los bolsillos de mi ropa, que claro, apareció automáticamente después que me la colocara, la empujé dentro de la cerradura de las puertas ―que estaban al centro de ambas― para abrirlas. Se quedó atascada… y luego por fín, decidió girar.
Las puertas se abrieron, dejando salir un aire frío y pesado desde dentro de la mansión... y como no era algo que debería molestarnos ―ya que pasamos toda la noche con el frío mortal del bosque―, entramos a la casa. Y para nuestra sorpresa, varias personas estaban al frente de la puerta, donde el gran salón principal se ubicaba. Salón que era muy grande y muy bien iluminado. Las paredes eran de un blanco puro, al igual que la pintura del exterior. La habitación tenía cualquier cantidad de mesas pequeñas pintadas a blanco y negro. Tenía muchos cuadros de todos los colores, cosa que hacía muy buen contraste con el reflejo del brillo del candelabro de la habitación, que estaban colgando alto en el techo del tercer piso y que a su vez, era tan grande que lograba iluminar cada rincón. Los muebles, ubicados por aquí y por allá, cerca de alguna mesa, mesón o estante, estaban hechos con pieles falsas de tela blanca, con sus soportes de madera pintada en negro. En total, todo era blanco y negro… y solo los cuadros daban una impresión de vividez al ambiente. Todo era tan puro y limpio, que hasta podías quedarte observando la habitación hasta que te cegara su resplandor ―cosa que no podía pasar de igual manera―.
―¡Bienvenidos sean Leo y compañía! ―gritaron todos los presentes frente a nosotros ―trece personas en total―.
―¡Ja, ja, ja! ¡He vuelto! ―respondí a su enérgica bienvenida asombrado.
Me acerqué a la mitad del salón, caminando entre todos... donde había unas láminas de cerámica de diversos colores ―lo que los hacía especiales―, ubicados cada uno en un círculo guiado por líneas hacia estos. Para formar ―por lo que se podía observar― una estrella de seis puntas y cada pieza de cerámica poseía un color diferente a la otra. Un círculo en el medio de todo ―que es donde me ubiqué―, que ocupaba gran parte del círculo ―sí, eran dos círculos, uno dentro de otro más grande, pero que el del medio no tenía ningún color único y que no llegaba a tocar ninguna de las líneas que se unían par formar la estrella―.
Saru desapareció al momento que llegué a tocar el centro del círculo y reapareció en una de las puntas de la estrella ―la cual era de color marrón oscuro―, junto con cuatro personas más que se encontraban dándome la bienvenida, en alguna de las otras puntas.
Me coloqué en posición Militar en forma de saludo, mientras que las otras cinco ―incluyendo a Saru― personas se colocaban en posición de reverencia, agachando su cuerpo, poniendo la rodilla izquierda en el piso, el pie derecho adelante, la mano derecha al pecho y la izquierda detrás.
―¡He vuelto gente! ―grité hacia los presentes.
―¡Bienvenido de vuelta Señor! ―gritaron Saru y las otras cuatro personas.
―Al menos están todos, no como la última vez que salí de casa hace unas semanas, que nadie vino a despedirse ―les hablé a los cinco que se posaban alrededor del círculo.
―Tú sabes bien por qué no estábamos aquí ese día ―habló una mujer de las cinco personas que estaban en el círculo.
―Sí, sabes que estoy bromeando, no molestes, ja, ja ―respondí a sus palabras con una gran sonrisa burlona.
―Sí. Tú sabes que también estoy haciendo lo mismo. Ya fuera de las bromas, te puedo decir; ¡Bienvenido de vuelta, Gran León! ―siguió mi juego y respondió cortésmente.
―Ja,ja... Gracias, espero que esta vez podamos estar más tiempo juntos, Arma ―respondiendo a su bienvenida, nombrando su nombre para que sea conocida por las demás personas.
Ya después de la breve presentación, todos se retiraron de sus puestos fijos y se colocaron en una fila para presentarse a las chicas.
―Ya que ustedes son nuevas aquí, las presentaré... ―les dije mientras observaba a las personas que se encontraban alrededor― Chicos, estas damas aquí presentes tienen por nombre Angélica y Daniela ―dije señalándolas con la mano entre cerrada y la palma hacia arriba―, espero se lleven bien con ellas mientras ambas viven aquí... ¡¿Queda claro?! ―bramé muy fuertemente dando la orden y fruncí el ceño para afirmar mi dictado anterior.
―¡Si, señor! ―respondieron todas las personas al mismo tiempo ―las quince que se ubicaban en fila frente a nosotros―.
―Bueno, ya… dejemos el papel Militar por ahora, es hora de que las chicas los conozcan... preséntense uno a uno de Menor a Mayor ―dijo mientras señalaba a los jóvenes que se encontraban presentes.
―¡Por fin! ―respondieron los chicos mientras relajaban y estiraban sus extremidades dormidas por la posición anterior..
―Voy primero... Soy Daniel, soy uno de los más jóvenes de esta casa... digamos que el tercer menor de la familia. Soy asistente del señor Leo y me ocupo de buscar información comercial. Tengo trece años. ¡Mucho gusto! ―contestó un niño de cabello corto liso y de color negro, vestido formalmente, con unos zapatos de vestir, un traje negro, e incluso una corbata negra sobre una camisa blanca.
―Mucho gusto Daniel ―respondió Angélica.
―Hola Dani, un placer conocer a alguien con casi mi nombre ―respondió Daniela.
―Voy segunda. Mi nombre es Sara, tengo trece. Me encargo de Administrar las pérdidas y ganancias anuales de la casa. También ayudo en parte a recolectar información para futuros avances económicos ―respondió una niña de cabello largo ―que le llegaba hasta un poco más bajo de los hombros― castaño oscuro. También llevaba un vestido de gala blanco de una sola pieza.
―Mucho gusto ―respondieron ambas sincronizadas, para luego mirarse una a otra y reirse entre dientes.
―Voy tercera. Soy Ann, tengo quince años. Me encargo de asistir en varias secciones de este gran hogar, ya sea cocinando, limpiando, o incluso, la guardia... sea de día o de noche ―comentó una señorita de cabello corto ―poco más arriba de los hombros― negro y vestía un traje de sirvienta negro con blanco.
―¡Sigo yo! ―dijo otra persona sin esperar― mi nombre es Clarisa y me encargo de la asistencia de la guardia nocturna, aunque solo unas horas… tengo dieciséis años.
―Mucho gusto a ambas ―respondió Angélica primero.
―Claro, un gusto en conocerlas, siento que me llevaré bien con ambas ―dijo Daniela detrás.
―Ahora yo. Mi nombre es Román, soy el asistente en los turnos de la guardia, tanto diurno como vespertino. Y ayudo en recolectar información para nuevas tácticas de defensa que puedan necesitar. Tengo dieciséis. ―dijo un hombre con un traje militar de camuflaje a escala de grises ―no como los convencionales que son a diferentes tonos de verdes―.
―Mucho gusto ―dijeron ambas otra vez sincronizadas y se dedicaron a hacer una reverencia sencilla.
―Bueno eso es todo con los jóvenes presentes, los demás… al parecer no se encuentran aquí, así que los dejaremos para otra ocasión. Ahora es el turno de los encargados de las secciones; Búsqueda de Información Táctil, BIT ―dije nombrando sin falta las letras iniciales―. Recolección de Datos Digitales, RDD. Control de Datos, CD. Mantenimiento y Defensa. Aunque…, no se encuentran ni BIT ni CD. Así que iremos con los restantes... Preséntense en el Orden mencionado.
―¡Señor! ―respondieron cerrando la posición militar que seguían teniendo.
―Soy la encargada de la sección RDD, Recolección de Datos Digitales. mi nombre es Helen. Tengo veintidós años, es un placer conocerlas ―dijo una mujer de cabellera ondulada de un color castaño muy claro brillante ―natural sin duda―. Vestía un traje de empresaria color beige.
―Yo soy Adél. La ama de llaves y jefa de la sección de Mantenimiento. Tengo veintiséis. Espero que nos llevemos bien en todo el tiempo que podamos pasar juntas ―dijo la mujer, de pelo rubio y vestida en un traje de su profesión color negro con bordados elegantes y brillantes de color dorado a través de toda la larga vestimenta.
―Por último voy yo… Mi nombre es Sofía. Me encargo, siendo jefa, claro, de la sección de Defensa, tanto pública como privada. Me encargo de cuidar desde la zona de Montaña, hasta la Llanura fuera del Bosque de los perdidos… creo que de ahí vienen ¿no? ―preguntó rápidamente― Tengo veintiuno ―prosiguió―. Es un placer conocerlas… ¡Ah! y pueden llamarme Sofí si gustan… es más sencillo.
Esta última mujer, llevaba un traje militar negro corto... ―sí, la mayoría de los trajes eran negros, blancos, o de pocos colores claros y oscuros― de esos que son con shorts y solo camiseta ajustada. Tenía el cabello negro y muy largo ―le llegaba casi a los glúteos―, liso y sedoso, ya que solamente el viento ―el cual no era muy fuerte, ya que las puertas estaban cerradas y no habían muchas ventanas abiertas― tenía la fuerza suficiente para hacerlo ondear libremente.
―Igualmente, Sofí ―respondieron ambas emocionadas.
―Bueno eso fue todo con la parte de las secciones de la casa..., es hora de presentar a los Reyes Elementales… como falta uno, cambiaremos de patrón. Será: Fuego, Agua, Tierra, Aire y Luz… por último seré yo.
―¡Entendido! ―respondieron inmediatamente las personas que faltaban por presentarse.
―Yo soy la Guardiana del templo del Fuego y Reina de la ciudad del desierto. Mi nombre es Arma, es un placer ―dijo dando un paso hacia delante una mujer de ojos rojos, cabello largo y rojizo que vestía un traje rojo pero brillante por los diversos cristales que colgaban de este. El traje era de esos que usan las bailarinas en Arabia… esos lisos y de dos piezas, con muchos adornos… junto con su velo del mismo color, pero que no le cubría todo el rostro.
―Mucho gusto señorita Arma ―respondió Angélica, mientras que Daniela no dijo una sola palabra… solo se dedicó a observar.
―¿Sigo yo? de acuerdo ―dijo uno de los hombres dando un paso al frente, mientras que Arma daba el paso de vuelta a su posición original―. Mi nombre es Leviatán, soy el Protector del Altar del Agua y Rey del Océano Negro. Mucho gusto ―complementó el hombre de cabellera gris larga ―hasta la cadera― y diversas tonalidades de azules claros. Vestía un traje ajustado de buzo ―raro para la ocasión― color azul marino con negro.
―¿Vas a…? ―quiso preguntar Daniela.
―Oh, no, no… vengo de ―respondió el hombre―. Acabo de llegar de mi ciudad natal al fondo del mar.
―¿Significa que eres…? ―complementó Angélica.
―Un Sireno. Sí ―respondió amablemente el hombre a la pregunta personal.
―Genial, nunca había conocido a uno ―respondió Angélica sorprendida y emocionada.
―Gracias, no es algo que me digan mucho, ya que no muchos saben lo que soy… así que… si pueden, manténganlo en secreto ―dijo haciendo una expresión pidiendo secreto, con el dedo en la boca y guiñando un ojo.
―De acuerdo. Claro ―respondieron ambas.
―Bueno, es mi turno... Ya me conocen, pero de igual forma me presentaré. Yo soy Son Gokü, o Saru, el más joven de los Reyes y no uno precisamente… Soy el Rey y Guardián de la Tierra y su dicho altar, aunque mi padre debería ser el Rey actual... se retiró hace un tiempo sin decir nada, así que yo ocupo su puesto ―dijo Saru colocándose las manos en la cabeza y sonriendo.
―¿Se retiró? ―preguntó Daniela.
―Esa es otra historia ―dije evitando el tema.
―Ahora yo... Soy el Dios del Viento, maestro del aire. Rey del Templo del Cielo y Guardia del Altar del Aire. Mi nombre es  Kirth. Es un placer conocerlas chicas ―dijo un hombre joven de cabellera verde clara y larga ―casi tanto como la de Leviatán―. Llevaba ropa ligera; un pantalón blanco y una camisa por dentro del mismo color, junto con una corbata blanca para hacerle juego.
―Muy… blanco ―dijo Angélica―, más de lo que pensé que incluso yo podría estar alguna vez.
―¿Gracias? ―dijo el joven― me gusta el blanco, aún conociendo que el viento no tiene un color, me siento fresco cuando me visto con este color… ―siguió― claro, tengo mucha más ropa de diferentes colores, pero hoy me agarraron con esta.
―Ya veo… ―dijo Daniela haciendo un gesto de confusión con las cejas.
Escribiendo en un dispositivo holográfico, se presentó la última de los guardianes que se encontraban presentes.
―Yo soy Blanca, soy la Guía de la Luz, Reina de la Alta Dimensión, Maestra de Alma y Guardia del Cielo, si es que creen en este ―Ella no habló, sólo se dedicó a escribir en su dispositivo holográfico y dejó que este transmitiera su escrito con una grabación con voz de mujer predeterminada―. No hablo por razones personales y por la seguridad de alguien en específico... pero de vez en cuando podré hablar con ustedes. Mientras no esté el señor Leo presente, podremos hablar tranquilas, espero nos llevemos bien y que no les moleste esta presentación tan confusa.
Todo lo que ella escribía, era dictado por una voz desde el dispositivo. Nada era dicho por ella… Ella, una persona sonriente, blanca, de ojos blancos... ―no parecían naturales siquiera―, de cabello muy blanco brillante y largo ―hasta más abajo de las rodillas, casi tocando sus tobillos. Una persona... que iba vestida de traje de oficina blanco, incluyendo sus zapatillas blancas de taco bajo. Llevaba un collar de diamantes y una muy pequeña tiara con tres diamantes alrededor.
―¡¿Qué le hizo, Maestro?! ―preguntó Daniela enojada.
―Ja, ja... la pregunta debería de ser, que me hace ella a mí ―respondo riendo―. Pero igual eso no importa por el momento, ya que todos se presentaron, ahora es mi turno...
Colocándome en posición Militar y con una expresión facial seria… me presenté.
―Yo soy Leonardo. Soy el Líder de los Reyes Elementales y poseo el control del sesenta y cinco por ciento del planeta. Soy el Creador y Destructor de la Oscuridad y las sombras... y defensor de los Demonios, al igual que de los Humanos. Soy el Rey Elemental de la Oscuridad y Guardián del Altar de las Sombras de la Muerte. Estoy aliado con todos los Seres Elementales y los Reyes de cada raza existente... conozco al setenta por ciento de la población actual. Deseo la paz en todo el mundo, mientras que se mantengan los límites de los Pecados Dictados ―dije mirando fijamente a las chicas―. Bueno, creo que eso es todo lo que necesitan saber de mi por ahora, espero se sientan cómodas en esta casa, nuestra casa... ―dije mirando a todos en la habitación― Y si necesitan algo, no duden en pedírselo a cualquiera que se encuentre disponible.
―Tengo dudas ―dijo Angélica mientras levanta la mano.
―Sobre las dudas que tengas, después te las aclararé con más calma ―dije levantando la mano levemente para interrumpirla―. No te preocupes, te responderé todo lo que quieras saber.
―Está bien ―respondió.
―Ahora... ¿Alguien sabe dónde está Oryü y Maxwell? debieron de saber que volvía hoy ―pregunté confuso y algo enojado.
―Oryü desapareció de repente antes de que usted llegara... no dijo a dónde iba y lo único que recuerdo es que lo buscaron varios espías. Y Maxwell… supongo que durmiendo por ahí ―respondió Arma.
―Entiendo… entonces no debería tardar mucho en volver… Sobre Max, pues… ni modo, no puedo hacer nada contra eso. Y hablando de espías… ―respondí mientras cerraba mis ojos y los volvía a abrir lentamente.
De un pilar de humo negro, pocos segundos después de abrir mis ojos, apareció, detrás de mí, un ninja espía mensajero vestido completamente de negro hasta la cabeza ―ya que estaba cubierta por una máscara― con un collar que tenía un dije en forma de águila. Susurrándome al oído me dijo; «Están atacando Yggdrasil».
―¿Eh…? ¿Quiénes? ―pregunté sorprendido con los ojos bien abiertos.
El mensajero sacó de su traje una carta blanca sellada con una equis dorada brillante y con un símbolo con forma de Dragón al medio de esta, para luego colocarla en mis manos.
―Veamos… Oh, ya veo ―dije igual de sorprendido que antes.
Leí la carta, revisando cada detalle escrito.
―Bueno, al parecer no es tan malo, pero tendré que ir de igual manera a comprobar la situación. Igual... tenía que pasar por ese lugar de todas formas... ¿Pueden y quieren venir conmigo ustedes? ¿Angélica? ¿Daniela? ―pregunté observándolas a ambas.
―Como ordene maestro ―respondió Daniela inmediatamente.
―Si quieres... por mí no hay problema ―respondió Angélica confusa por la pregunta.
―Bueno... necesito que vengan las dos, ya que necesito comprobar algunas cosas. No tuvimos mucho tiempo para festejar, pero será luego que lo hagamos... igual, en la noche es la fiesta, así que, aún tenemos bastante tiempo ―dije sonriendo.
―¿Y a dónde vamos exactamente maestro? ―preguntó Daniela igual o quizás más confusa que Angélica.
―Vamos a Yggdrasil, el Árbol de la Vida, proveedor de toda Energía que se distribuye a todo el mundo y a otros más.
―¿Dónde queda eso? ―preguntó Angélica esta vez.
―¿Te acuerdas de la cueva que defendimos en la montaña antes de llegar aquí? ―dije.
―Sí... ¿pero no estaba en construcción...? o eso pude notar, porque habían muchas secciones cerradas ―respondió.
―No, está siendo remodelada para poner mejor defensa, ya que ahí se ubica una mazmorra para delincuentes de clase media, pero al parecer… ―tomé una pequeña pausa― se han liberado de sus celdas y se han apoderado del árbol sagrado. Y ya que Yggdrasil no diferencia entre bien o mal… no tiene manera de defenderse. Y mientras más gente se encuentre ahí, más energía podrán acumular… si es que saben como hacerlo, que lo dudo ―respondí a su pregunta y le creé más en su mente probablemente.
―Maestro, pero cuando fuimos todos estaban en sus celdas. Ya que cuando nos dividimos, pasé por la mazmorra… ¿Cómo pudieron escapar? ―preguntó Daniela consternada.
―Fácil ―dije rápidamente―. Solo alguien con las llaves pudo dejarlos escapar y ese alguien debe ser fácil de influenciar.
―¿Y quién podría ser? ―preguntó Daniela nuevamente.
―Probablemente sea Sol, que es el encargado de cuidar la mazmorra… o Luna, que nunca se encargó de ella, ya que como vieron, está en la ciudad.
―¿Eh? ¿Cómo pudo hacer algo así el jefecito? ―preguntó asombrada.
―No lo sé, Oryü no escribió nada de eso en la carta, así que aún no sabría darte una información exacta… puede que lo hayan hasta asesinado, pero lo veo muy poco probable.
―¿No sería mejor apresurarnos entonces? ―preguntó Angélica ante la discusión.
―No, Oryü lo tiene controlado por ahora, aunque podemos ir rápidamente con mis habilidades, no te preocupes.
―Pero la cueva está a más de un día de aquí caminando... ¿cómo vamos a llegar tan rápido? ―preguntó.
―¿Y? soy uno de los cuatro líderes mundiales... podemos llegar rápido si lo deseo, de una u otra forma ―le contesté presumiendo.
―De acuerdo entonces… ¿Cómo iremos? ―continuó con la fase de preguntas.
―Pues sencillo, viajaremos entre las sombras ―dije secamente sin más que contarle.
―¿Eh? ¿Cómo que entre las sombras? eso es imposible ―respondió confusa y mientras, Daniela solo tenía una sonrisa en la cara.
―Bueno, ya lo veras… pero antes, tengo que buscar unas cosas en mi habitación, así que eso podrá esperar ―contesté sin responderle nada.
―¿Qué va a buscar, Maestro? ―preguntó ahora Daniela… una total ronda de preguntas era esto ya. Y nadie más alrededor hablaba sobre nada, ni en murmullos.
―Necesito cambiarme de ropa, buscar unas pastillas de energía y sacar mis armas, las voy a necesitar… creo ―dije evitando más y más preguntas, aunque sabía que no iba a poder retenerlas.
―¿Crees? ―preguntó Angélica.
―Bueno, es una probabilidad, no estoy seguro, quizás no hayan bajas esta vez… pero es mejor prevenir que lamentar… Por cierto, Adél, necesito que les busques nuevas vestimentas a las chicas… con las del dispositivo no podrá hacer mucho. Ah... y que sean resistentes a los elementos, ya que las van a necesitar en el árbol, más que todo el de luz... Y, por favor, tráeme un dispositivo para Angélica, versión SP ―dije marcando todo en su mente.
―¡Como ordene! ―respondió inmediatamente mientras rápidamente tomaba camino a buscar el pedido.
―Bueno, mientras, acompáñenme a mi habitación chicas… y los demás, pueden retirarse ―dije mientras caminaba al centro del círculo de elementos.
―¡Entendido! ―dijeron mientras se retiraban por diversos pasillos que quedaban a la izquierda y derecha de las puertas principales... Saru, Arma y Leviatán, fueron por el pasillo de la izquierda, mientras que Kirth fue por el de la derecha. Los chicos y chicas de cada división, fueron derecho a las escaleras principales que se ubicaban después del círculo, la cual daba a las muchas habitaciones del segundo y tercer piso.
―Ahora es momento de irnos... síganme ―les dije mientras me acercaba al círculo. Y caminando unos pasos, me coloque justo al medio del círculo― Colóquense ahí ―señalé dos lugares no marcados alrededor de mí.
Ambas se colocaron en los lugares donde les indiqué y unos segundos después se abrió el piso desde el círculo formando otro círculo más pequeño, separándose de la posición original, para luego crearse una pequeña caja de seguridad metálica parecida a un elevador eléctrico, junto con una especie de rejilla que se combinaba y creaba una especie de barandilla de seguridad pequeña hecha de acero. Luego, solo grité; «¡Subimos! ¡último piso por favor!» como si le diera la orden a alguien. Y dicha plataforma subió con la orden, hasta lo más arriba que pudo llegar… el tercer y último piso, donde quedaba una habitación ubicada al centro de un gran jardín al exterior… el jardín, por supuesto, no se podía ver desde donde estábamos, ya que era una habitación..., y que dicho jardín solo lo mencioné cuando estábamos en la colina del bosque.
―Y esto señoritas… es mi habitación ―dije con orgullo mientras movía mi brazo alrededor, con la mano abierta, para mostrarla.
Después de que la plataforma subiera, se mostró mi habitación; Grande ―tamaño para reyes quizás la podría describir―, con una cama para tres personas, un centro de juegos, un bar, un centro de audios y videos antiguos ―para lo que se usaba en ese entonces―, un jacuzzi ―al final de la habitación para la parte de atrás cerca del bar―, dos balcones cercados y divididos por un espacio abierto detrás del bar, que tenían mesas y sillas para un total de doce personas en cada uno, bordeando la parte de atrás de la habitación y divididos en tres mesas y doce sillas de cada lado ―para un total de veinticuatro personas―, la cama, la cual poseía dos mesas de noche a sus respectivos lados, cuadros en las paredes ―que hacían referencia a la historia, o para el que no la conociera, paisajes muy antiguos de arte y tradiciones, tanto de las diferentes razas, como de los humanos en esencia― y estantes de exhibición de armas, medallas y trofeos alrededor de toda la habitación.
La habitación tenía… sus colores únicos, por así decirlo ―y era como me gustaba―. Estaba totalmente de negro; desde la cama, hasta el bar, pasando por los cuadros ―sus recuadros de madera― y los estantes de exhibición. Y solo había blanco y otro color, por dentro de cada objeto.
―Es más impresionante de lo que pensé… ―dijo Angélica sin palabras para describirla― Y más aún con la forma de entrar. Supongo que pocas personas tienen acceso a este lugar.
―Todo el que quiera entrar es bienvenido, a menos que bloquee la entrada al ascensor… ―respondí― Aunque casi nunca está cerrado... Y solo existen cuatro llaves, las cuales las tienen las dos personas más cercanas a mí, otra yo y otra para Adél ―expliqué.
―Bueno... ¿al final qué vinimos a buscar? ―dijo Daniela como si no le impresionara del todo.
―Ya lo dije... mi equipo.
―¿Dónde está? no veo nada que sirva como equipo aquí… ni mucho menos armas.
―Aquí… ―dije mientras caminaba hacia la cama.
Junto a la cama, se encontraba una mesa pequeña. Me coloqué frente a ella y me incliné colocando mi mano en uno de los agarres de sus cajones. Abrí el primero y dentro, un muy pequeño ―casi invisible― botón cerca del borde se podía ver. Lo presioné... y al instante, tanto como cuadros, como la cama, y, hasta algunos muebles de la habitación, se partieron a la mitad, o cambiaron de forma desplazándose hacia atrás y bajando a más del piso de la habitación u ocultándose entre las paredes.
Mientras, los muebles especiales subían o salían de dichos lugares con innumerables tipos de armas, más que todo modelos variados de corta y larga distancia, como también objetos elementales. Habían espadas muy antiguas ―incluso algunas desgastadas y oxidadas―, de toda clase, tamaños y formas... desde cuchillos hasta espadas a dos manos de más de dos metros. Armas de fuego, de una bala, de cartuchos y otras que tenían especies de tanques alrededor. Y por supuesto, cada arma venía con un color diferente, o similar según el modelo.
―¡¿Por qué tienes tantas armas?! ―preguntó Angélica asombrada.
―Casi toda la casa tiene armas ocultas, a veces es necesario ser precavidos, no se sabe cuándo atacará el enemigo, y… por mi parte, soy un coleccionista de armas, tanto antiguas como modernas como puedes observar.
―De acuerdo, comprendo la situación ahora… ¿y? ¿cuál de todas es parte de tu equipo? ―preguntó nuevamente.
―No lo sé… ¿cuál crees que es Daniela? ―le pregunté mientras hacía un gesto de felicidad exagerado con la cara.
―¡¿Eh?! ¿Por qué tengo que decidir yo? no sabría con certeza… ―respondió mirando perdida entre todo el equipo de la habitación.
―Jaja, tengo rato viéndote como miras la habitación y todas las armas a tu alrededor… por eso tú me responderás, ya que te veías interesada en lo que vinimos a buscar ―respondí aún con el gesto en la cara.
―Uhm… ―contestó mientras tenía la vista fija por varios segundos en cada equipo de la habitación.
Buscó alguna que pudiera ser el equipo que yo buscaba. Revisó los estantes con armas de largo alcance… negó con su cabeza al pasar y buscó en los demás lugares uno a uno. Revisó a fondo las pizarras ―antes cuadros― con armas de medio alcance, aún con la negación marcada en la expresión de su rostro y aún negando levemente. Luego, se enfocó en las de cuerpo a cuerpo, que se encontraban en unos armarios ―donde estaban los armarios de ropa― al lado de mi cama. Pero con la misma duda, vuelve a negar
―No están aquí ―respondió con seguridad.
―Oh… ¿Y esa respuesta por qué? ―pregunté sorprendido
―Porque hay muchas que se adaptan a su estilo, pero ninguna lo suficientemente bien elaborada como para que las use y mucho menos que se puedan usar ―respondió de manera rápida y precisa.
―Ja… tienes poco tiempo conociéndome y viéndome sin armas, pero aun así, me conoces bien… exacto, aquí no están… ―dí la vuelta y presioné otro botón que estaba oculto debajo de una lámpara en la misma mesa.
Al instante, se abrió una puerta al lado de la ventana la cual se encontraba tapada con unas cortinas detrás de la cama y esta ―la cama― se movió hacia delante para darnos paso libre.
―Aquí guardo todo el equipo especial e importante ―dije caminando dentro de la habitación, la cual estaba apagada.
Las chicas, siguiéndome, caminaron hacia la puerta que se acababa de abrir. Yo, encendí la luz en cuando entraron. Mientras que nuestros ojos se acostumbraban a la profunda luz del cuarto, decidí graduarla un poco. Aunque, mientras más cerca nos encontrábamos de la luz principal, más dificultosa se volvía nuestra visión... pero claro, las armas no se encontraban cerca de ella.
―No puedo ver nada… ¿qué está pasando? ―preguntó Angélica frotándose los ojos.
―¿Eh?... ¡Oh, claro!, se me olvido eso… esperen…―di unos pasos y presioné un botón en la pared al lado de la puerta de donde entramos― ¿Ahí está mejor?
―¿Pero qué..?. Asombroso. Tantas armas... tanto equipo... tanta tecnología… ―dijo Daniela atónita y muy pausadamente― ¿Cómo consiguió todo esto maestro?
―Jaja, más de cincuenta años de búsqueda y más de trescientas personas buscándolas alrededor del mundo, tanto aquí en Terranova, como la Tierra, como otros mundos y dimensiones. Y, después de años de búsqueda… aun me faltan muchas más ―dije observando las armas, mientras las tocaba pensativamente por unos instantes.
―¿Me podré quedar con alguna…? ¿Ah? ¿Síííí...? ―reclamó emocionada.
―Quizás algún día, pero por ahora, se quedarán aquí guardadas ―contesté a su petición negándoselas.
―Aaaah… que malo es usted…―desilusionada, se limitó a suspirar y a resignarse.
―Bueno, ahora dime… ¿Cuál de todas estas es ahora?
―Jaja, esta vez es fácil… son esas dos espadas en la mesa central… y aquellos dos Revólveres antiguos, junto con esos guantes estilo Ying Yang al lado… es más que obvio ¿no? están muy bien puestas.
―Bien… has aprobado esta, solo que no usaré las espadas ya. No me siento a gusto con ellas… pero, te dejaré elegir momentáneamente algún arma de todo el cuarto. Así que elige bien la respuesta.
Después que dijera con exactitud cuales eran mis armas, decidí darle un premio por adivinar, no podía negarme.
―Quiero esa Wakizashi de ahí si no es mucha molestia ―dijo rápidamente.
―¿Segura? lo elegiste muy rápido… y recuerda, no podrás cambiarla después ―contesté a su petición.
―¡Sí! esa me gusta ―respondió más que contenta.
―De acuerdo.
Caminando hacia la espada corta, la agarré  y se la coloqué en sus manos temblorosas de emoción. Ella solo respondió con un abrazo, una gran sonrisa y un «¡Gracias!» muy feliz. Para luego seguir con un «¡La cuidaré como si fuera mía!». Yo solo me digné a responderle «Pues deberías ¿no?» Y luego de agarrar mis armas, los Revólveres y los guantes al lado de estos, salimos de la habitación.
Justo después se escuchó el ascensor descendiendo, como si alguien lo hubiera activado. Otros pocos segundos después, se escucharon las compuertas abriéndose mientras que alguien llamaba al subir y entrar.
―¡Hermanito Leo…! ¿Estás…? ―preguntó una persona desconocida.
―Sí, estoy aquí a tu lado ―respondí.
―¡Oh, te encontré! ―respondió la persona.
Una niña morena de unos trece años de cabello rojizo atado a una cola rosada, de ojos rasgados rojizos, que vestía a su vez un pantalón corto rojo y una camisa blanca con un corazón pintado, la cual corrió el breve tramo que faltaba de distancia y se lanzó sobre mí a abrazarme.
―¡Oh…! Ja,ja. ¿Cuándo regresaste? ―pregunté con un gesto de confusión.
―Hace una hora, pero no pude ir a tu reunión porque estaba investigando unas cosas… lo siento ―respondió la niña.
―¿Cómo te fue en tu viaje? espero que te hayas divertido mucho ―dije reclamando una buena respuesta.
―¡Sí…! ¡claro! ¡estuvimos en muchas partes…! En especial en la ciudad de Neo Japón que se llamaba… Neo… Neo… ―dudó por unos segundos antes de responder― ¡Ah, sí! Neo Tokio. Es la capital, si mal no recuerdo... ¡y es grandísima! y llena de gente extraña… ―bajó sus hombros― ¡Pero fue divertido! ―volvió a subirlos emocionada.
―Jaja... me alegro, ahí voy muchas veces a comprar cosas... hubo muchas partes del Japón moderno que visitaron tú y Andrea ¿verdad?.
―¡Sí!, pero no recuerdo los nombres ya… Jeje ―respondió sacando la lengua, mordiéndosela un poco, golpeando suavemente su cabeza y cerrando un ojo.
―Guao… ese gesto… ―dije sorprendido.
―¡Ejem!... ―interrumpió Daniela― ¿Maestro? ¿Quién es ella? ―preguntó mientras la miraba fijamente.
―¡¿Algún día dejaras de ser celosa? bueno, dudo que pase, como sea… déjenme presentársela. Ella es Maria, la segunda al cargo de la Limpieza de la casa y mi asistente personal ―dije señalándola con mi mano.
―¡¿Eh?! ¿su asistente dijo…? y…y… ¡¿personal…?! nunca pensé que le gustaran las niñas y menos tan... pequeñas ―dijo atónita por la noticia.
―Jajaja, no, no me gustan las niñas… María es descendiente de una familia de demonios que ha estado a cargo de la casa por generaciones dos generaciones humanas, es longeva, pero su aspecto se debe a que es un súcubo, es un demonio que toma la forma de una mujer atractiva para seducir a los varones, sólo que... únicamente funciona en las noches. Y, se convierte nuevamente en una niña de día. Tiene diecisiete realmente, casi dieciocho, si mal no recuerdo… cumple dentro de dos meses. Lo malo de esa maldición es que olvida todos sus recuerdos de cuando es grande… se podría decir que tiene doble personalidad ―dije explicando la situación detalladamente, aunque creo que eso fue malo en ese entonces.
―Eh… comprendo… ―dijo pensativa― ¡¿Qué?! ―gritó luego―. Te tengo que vigilar niña… no me agradan los súcubos… ¡y…! ¡y menos si están cerca de mi maestro! ―dijo señalándose con su dedo pulgar a sí misma, mientras la miraba celosamente.
―He he, que no soy tuyo… ―respondí negativamente al trato que me querían dar.
―Aun no puedo creer que tenga mi misma edad… ―dijo luego.
―Oh, es cierto, ambas cumplen el mismo dia… y si no me equivoco, ya se conocían de pequeñas… aunque María no ha cambiado mucho.
―¿Eh? no podría recordar, ya que no tengo memorias de mi pasado… pero no tengo nada en mi mente para reconocerla ―respondió a la situación con la misma excusa de no tener memoria, lo cual le dio a Angélica  más preguntas por hacer luego de que todo se calmase.
―Yo tampoco recuerdo nada ahora mismo, aunque quizás cuando vuelva a mi forma original logre recordar algo… con este cuerpo, mis memorias y habilidades son muy débiles ―dijo María observando su cuerpo.
―¿No estaban atacando el árbol al que íbamos? ―preguntó Angélica dándole vueltas a la situación para no comentar nada inapropiado.
―Sí, pero aún queda tiempo, aunque mejor recojo mis cosas y nos vamos lo más rápido posible, luego hablaremos de si se conocen o no ―dije mientras agarraba mi equipo que se encontraba tirado en el suelo, consecuencia del abrazo repentino de María― Ah, casi se me olvida. Aún no las presento... María, ellas dos son Daniela y Angélica ―las presenté señalándolas a cada una según las nombraba.
―Mucho gusto ―dijo Angélica moviendo la cabeza de arriba hacia abajo, mientras que Daniela simplemente se quedó observándola.
―Bueno, denme un momento y agarro algo extra ―dije mientras caminaba por la habitación, para luego encontrar un brazalete que estaba en un pequeño mueble al lado de la mesa principal de comer, al lado del bar.
―¿Qué es eso? ―siguió preguntando Angélica.
―Un brazalete especial que se combina con mi reloj, el cual le da varias funciones extras… y aunque no se si lo usaré, es mejor prevenir que lamentar ―dije respondiendo a su tan fácil pregunta.
―Pero maestro, ya los que poseemos tienen más de veinte funciones… ―replicó confusa Daniela― Y no es como si las usara todas… ―dijo murmurando a sí misma.
―Sí... ahora el mío tiene cincuenta y dos. usándolas cada una. No tan a menudo como quisiera, pero las uso ―seguí contestando a las cuestiones que me hacían responder.
―¿Para qué tantas? normalmente no uso mas de diez ―dijo observando su dispositivo.
―Esa eres tú, yo sí las uso. Bueno, ya que estamos listos, es hora de que vayan a cambiarse e irnos ―dije mientras caminaba al elevador―. Vamos.
―¡Vámonos!... ―gritó felizmente mientras sostenía la espada que le presté.
―De acuerdo ―dijo Angélica.
Ambas se subieron en el ascensor, junto a mí y María ―la cual no habló más―. Ya listos, doy la orden de descenso.
―Abajo, por favor ―dije como si hablara con alguien más ―otra vez―.
Bajamos. Y justo se encontraba esperándonos Adél con la ropa de las chicas y un brazalete blanco.
―Veo que lo hiciste bastante rápido, no pensé que estuviera listo para cuando bajáramos de nuevo, bien hecho ―felicitándola por su trabajo le sobé la cabeza suavemente,  ella solo se limitó a consentirse con el gesto.
―Usted sabe lo rápido que trabajo, aunque tengo un rato esperando, ya que no sabía si estaba ocupado, de cualquier manera, aquí están.
Me entregó el brazalete y le dio la ropa a cada una de las chicas, una ropa Ninja de combate de color marrón con protectores en las rodillas, codos, muñecas, busto y unas mallas ligeras ornamentales alrededor por aquí y por allá, ubicadas en los puntos más propensos a recibir daño; brazos, piernas, torso y cabeza. Y un vestido blanco combinado con azul, con toques de diamantes reales en los bordes.
―¿Eh?... ¿Por qué me das este vestido tan costoso...? no creo poder aceptar algo tan valioso… ¿Y si se rompe? ¿como lo pagaría? ―dijo Angélica preocupada mientras estira los brazos para devolvermelo.
―Acéptalo por favor, es un vestido hecho especialmente para ti ―le dije mientras empujaba sus manos hacia ella nuevamente.
―Pero… es que yo… bueno… ―titubeó demasiado― si insistes… ―aceptó al final mientras fijaba su mirada complacida en el vestido.
―Bueno, ahora váyanse a vestir para irnos ―les di la orden para comenzar nuestra campaña.
―De acuerdo ―respondió.
―Como ordene maestro ―respondió Daniela.
―Síganme las llevaré a donde puedan cambiarse ―dijo Adél mientras caminaba hacia el pasillo izquierdo del lugar―. Por aquí por favor.
―Bueno, yo me retiro, tengo cosas que hacer. Pasenla bien chicas, un gusto conocerlas ―dijo María mientras se despedía, para luego salir por las grandes puertas de la mansión.
Las chicas fueron a cambiarse. Y minutos después, llegaron junto con Adél, con las nuevas vestimentas que les habían entregado ya puestas. Mientras se acercaban las miré y solo me limité a decirles: «Les quedan muy bien, se ven lindas, me gusta».
―¡Gracias Maestro! es más cómoda de lo que pensé ―respondió Daniela feliz al halago mientras se acomodaba mejor el traje. Por otro lado, Angélica se arreglaba mejor el vestido con cara larga.
―¿Qué pasa, no te queda bien? debería quedarte perfectamente, aunque puedo mandarlo a ajustar si quieres ―dije para animarla.
―¡No! no es... me queda bien ―asintió― es solo que…―dijo seguido mientras miraba al suelo con desilusión.
―¿Eh?... pensé que te gustaría el regalo ―dije cruzando mis brazos con duda en mis emociones.
―¡Si me gusta gracias! me queda perfecto, la talla es perfecta ―respondió ahora con alegría.
―Bueno, si insistes... y ya que estamos todos listos... ¡es hora de partir!
―¿Cómo nos iremos? ―preguntó.
―Como ya dije antes… A través de las sombras… ―contesté.
―¿Y eso es…? ―pausó sus palabras y negó algo con la cabeza― ¿como? ―volvió a preguntar.
―¡Así! ―grité.
Mis ojos se volvieron de color negro ―y yo solo veía negro―, mientras... levanté mi brazo entero hacia el frente. Fui creando un círculo mágico delante de mí, dibujándolo con la los dedos, a la altura de mi pecho. Luego, de crearlo, moví mi mano ―todo esto sin ver― e hice caer un círculo al suelo ―apenas visible para mí―. Al caer, se extendió lo suficiente para que nosotros pudiéramos caber completamente en él, sin ningún espacio fuera de lugar. Mientras, Adél, se apartaba para no quedar dentro del círculo.
―Que tengas buen viaje jefe ―escuché decir a Adél.
―Gracias, volveremos pronto. Ah y una cosa Adél..., prepara lo que te pedí por mensaje.
―De acuerdo, lo tendré listo para cuando vuelva. Las cuida bien ¿me oyó...? sinó se las verá conmigo.
―Sí, sí. No les pasará nada… lo prometo… ―respondí asustado aun con los ojos ennegrecidos― Cuídate... ―dije seguido, antes de partir.
Levantando el brazo, hice que el círculo mágico se duplicase, levantándose sobre nosotros. Luego, bajando mi brazo, ambos círculos se cerraron combinándose en medio de nosotros para así salir de la mansión, entrando en un plano oscuro y frío, que nos llevaría hacia nuestro destino.





~Continuará~


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Acerca de Leonardo Payares

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