Misiones de Asgarland cap 1




Capítulo: 1

"... (Concéntrate)..."
"... (Agudiza tus sentidos)..."
"... (Siente todo lo que te rodea)..."
Las palabras de mi padre resonaban en mi mente.
Me encuentro en el bosque de los alaridos. Hay varias criaturas cerca, pero mi objetivo es diferente,  es algo que no se mueve por sí solo, su mera presencia pasa inadvertida salvo para aquellos logran captar su atención.
Una leve brisa corrió por el suelo, sacudiéndolo. Mi objetivo ya está a la vista. ¡Ahora es la oportunidad!
Me abalancé sobre el suelo con gran agilidad como un ave rapaz y arranqué unas flores moradas con hojas blancas que resaltaban entre los matojos y la hierba.
"Lo tengo" Dije en voz alta para mí mismo.
Saqué una bolsa de cuero que llevaba encima y deposité las flores dentro. No era necesario tener delicadeza, bastaba con que conservasen su forma.
Ahora con el objetivo principal cumplido, era el momento. Salí corriendo del bosque a gran velocidad, con un sentimiento gozoso en mi interior. Mi misión había sido cumplida, había conseguido las flores del bosque que rodea la montaña, todo había salido bien, pero de poco servía la prematura alegría, ya que en mi bajada tropecé sin darme cuenta con un oso hambriento.
Me detuve en seco y maldije mi suerte junto a mí mismo por no haber podido percatarme antes de tiempo. La alegría se tornó en frustración. Había llegado tan lejos y estaba solo un paso de la salida de aquél bosque siniestro.
El oso se veía imponente, su pelaje negro brillaba reflejando los efímeros rayos de sol que penetraban entre las copas de los árboles. Estaba hambriento y parecía ser agresivo, lo puedo deducir por las innumerables cicatrices que tenía.
Mirándome fijamente, se alzó sobre sus dos patas traseras elevando su cuerpo unos metros por encima de mi estatura. Yo me incliné ligeramente y coloque mi brazo sobre el mango del cuchillo de caza que tenía atado en mi cintura. Se que muchos dicen que si ves un oso tienes que tirarte el suelo y hacerte el muerto, pero por la saliva que desprendía se notaba que estaba tan hambriento que se comería todo lo que estuviera a su alcance.
El oso rugió, una señal de intimidación, indicando que me iba a atacar en cualquier momento. Vi que una de sus múltiples cicatrices le atravesaba su ojo izquierdo, ese debía ser uno de sus puntos fuertes, lo se porque oí a uno de los guardias de la aldea comentar algo sobre criaturas con cicatrices. En ese caso lo que tenía que hacer si iba a atacar, lo tendría que hacer por un flanco adicional.
Desplace el peso de mi cuerpo hacia atrás esperando su ataque. El filo de mi cuchillo no sería suficiente para matarle si no acierto en un órgano vital.
La bestia alzó su brazo y descargó un zarpazo. Di un brinco hacia atrás esquivando el primer ataque, no desenvainé mi cuchillo todavía. El segundo ataque era un mordisco. Salté hacia un lado y me situé sobre en su punto ciego, en el lateral inferior de su campo de visión. Era tentador atacar, pero no podía confiarme en un momento como este, mi oponente era un oso curtido en muchas batallas.
Mi instinto acertó ya que inmediatamente el tercer ataque era con el dorso de su brazo izquierdo, lo que indicaba que era consciente de su propia debilidad.
Ahora tenía una ligera idea de como atacaba, aunque sus movimientos eran impredecibles, todos ellos siguen el mismo tiempo de reacción: 6 segundos para alzar el brazo 4 segundos más cuando descargaba el golpe, 5 segundos más para volver a atacar. En total 15 segundos son los que tarda para atacar, tiempo más que de suficiente para predecir su lanzar mi contrataque.
Con la idea de mi estrategia caminé hasta volver a ponerme en frente de la bestia, a unos escasos metros. La bestia se levantó de nuevo colocándose en su posición de ataque.
El oso volvió a atacar con su zarpa. Al contrario que antes me coloqué en frente de mi adversario esquivando su primer ataque. Estaba a menos de un metro de él. El oso ahora me tenía en su rango de alcance. Su segundo ataque era un mordisco, algo que había previsto nada más ver abrir sus fauces. Me agaché esquivando el mordisco, desenvainé mi cuchillo, me situé en su punto ciego y se lo clavé en el cuello. El oso rugió de dolor, empezó a mover la cabeza intentando sacarse mi cuchillo. Empujé la hoja y la arrastre rajándole el torso hasta el costado hasta lograr sacarla del cuerpo del animal mientras dejaba tras de sí una estela plateada.
Rodé por el suelo hasta estar a dos metros del animal. Estaba en guardia y atento a sus movimientos. Mi contrataque fue efectivo, pero insuficiente.
“... (Aunque tu enemigo esté de frente no olvides prestar atención a tu alrededor)..."
Los consejos de mi padre resonaron en mi cabeza una vez más.
El oso gimió y fijó su mirada en mí. Podía sentir su odio, su voracidad y su rugido. Pero sus movimientos fueron mermados por la herida.
"Esto va mal" Susurré.
Contaba con que mi acometida le espantase o le matase, pero solo he conseguido que entre en estado berserker. Eso no era bueno, un animal en ese estado de locura era completamente impredecible y peligroso.
"Si tan solo mi cuchillo fuese más largo. Si tuviese una espada..." Eran los pensamientos que circulaban por mi cabeza.
Mi sentido captó una pequeña vibración en el aire, algo así como un soplo. Giré un poco mi cabeza y vi que por detrás se estaba acercando un Wargo. Una genial forma de empeorar la situación.
Esto iba de mal en peor, ahora me toca luchar contra esos malditos lobos gigantes. Hablo en plural, porque donde ves a uno de ellos, da por sentado que hay una manada rodeándote. No se desde cuando han estado observándonos.
No puedo enfrentarme a tantos, no con solo con un maldito cuchillo.
"Recuerda que en cualquier situación que estés no pierdas nunca la calma ni dejes de pensar en la mejor forma de resolverlo" De nuevo se hizo eco la voz de mi padre en mi cabeza, sus consejos siempre aparecían en el mejor momento.
Respiré hondo y medité la situación de una manera diferente. Mi cabeza todavía albergaba incontables dudas.
Estoy rodeado, la batalla no es una opción, lo mejor en estos casos es una buena retirada, pero necesito que ellos se distraigan por un momento.
Con mucho cuidado empecé a dirigirme hacia unos matorrales. Lenta y tranquilamente, hay que andar con pies de plomo. Los Wargos me estaban siguiendo con la mirada, Mientras que el oso se estaba preparando para abalanzarse sobre mí. Si todo salía bien escaparía de una pieza y si no me llevaría a tantos como pudiese.
Ya estaba a unos pocos metros de los matorrales, si conseguía llegar a ellos escapar sería más fácil, sin querer pisé una rama seca. El crujido dio la señal de salida al oso, quien a pesar de sus heridas corrió hacia mí con la suficiente agilidad. No era el hambre lo que le impulsaba esta vez, sino un instinto de venganza.
Permanecí inmóvil, no por el miedo, sino porque antes de que el animal me alcanzase, los Wargos se abalanzaron sobre él. Inmediatamente me introduje entre los arbustos.
Mi plan había funcionado a la perfección. Los Wargos atacan siempre cuando la presa se pone en movimiento, nunca se atreven a abalanzarse si están a cierta distancia. No se si yo era su objetivo o era el oso, pero logré escapar.
Éste incidente era bastante habitual para mí, ya había estado en situaciones parecidas.
Salí del bosque hacia un camino. Suspiré aliviado, pero sabía que si los Wargos querían podrían salir del bosque. Pero ahora deben de estar ocupados comiéndose al oso, sus aullidos los delataban porque los Wargos aúllan para llamar a sus compañeros dispersados.
Busqué en una pequeña cartera que llevaba atada a la cintura y saqué las flores. Estaban hechas trizas por los bruscos movimientos que había realizado en mi lucha.
Antes de continuar observé de nuevo los alrededores. Estaba en la senda que se dirigía hacia la herrería, la cual se encontraba en una de las colinas de la montaña. Mirando hacia el sur se podía contemplar parcialmente la ciudad cercana: Mattel.
¿Por qué un herrero querría situarse tan dentro de la montaña? No tiene ningún sentido. Incluso la gente se quejó de ello, pero a él no parece importarle.
Nada más oír los portentosos martillazos que resonaban con el eco entre la montaña, sabía que estaba cerca.
Llegué a una casa bastante rústica, con un tejado plano, algo bastante poco común, porque casi todas  las casas de Mattel  tienen tejados en forma de picos para no desplomarse cuando nieva. Las demás tienen un tejado en forma de cono. Como nieve la casa del viejo será su tumba, algo bastante práctico, mueres donde vives y descansas por toda la eternidad en la propia casa que te asesinó. Pero supongo que tendrá un método para evitar que la nieve se acumule.
Al llegar, abrí la puerta y me encontré con un herrero llamado Morritz forjando lo que parecía ser un caldero en su taller. Era un enano, según él, por que en lo que a mí respecta no había visto uno en mi vida, ¿de verdad se puede llamar enano un hombre de apenas dos metros? Bueno, tal vez sea un enano gigante, o como él quisiera llamarse. Era calvo, todo su negro cabello fue a parar a su barba. Tenía unos músculos muy desarrollados,  muy propios de alguien que trabaja con metales de la noche a la mañana.
Nada más verme, detuvo sus golpes e introdujo el caldero en un barril lleno de agua. Al instante un fuerte vapor comenzó a salir. Cuando sacó el caldero del agua y éste había quedado reluciente. No se notaban para nada los golpes que recibió el metal al darle forma. Realmente era un trabajo de artesanía fina.
"El caldero de Revarack. Llegó después de que te marchases, y me pidió forjar un caldero para su tienda" Dijo colocando el utensilio de metal en una mesa "Bien, que tal Yahvis ¿me has traído lo que te pedí?"
"Si" Deposité el pañuelo con las flores destrozadas sobre las manos de Morritz "¿Puedo saber para qué las necesitabas?"
"Para hacer un buen té aromático" Su respuesta dejó perplejo.
“(No fastidies ¿acabo de arriesgar mi vida solo para que tú puedas beber té?)” Pensé apretando mis puños para que no volasen a su cara.
"¿A qué viene esa cara? Venga pasa a dentro"
Morritz tiene su casa al lado de la herrería, solo separada por una puerta. Algo práctico porque cuando se te incendie la herrería arderá también tu casa, y con suerte contigo dentro.
"Con permiso" Dije entrando en el hogar del maldito herrero.
La casa era simple, como cabía esperar de un explotador como tú. No había muebles lujosos, pero tenía muchas herramientas desconocidas. Incluso en la cocina estaban esas brillantes piezas metálicas que sueles fabricar. Curiosamente no había cuadros ni siquiera imágenes de él o de su familia. Solo herramientas.
El herrero sacó dos tazas de madera y puso hervir agua en una olla con tapa, algo raro porque no solía ver ese tipo de utensilios. Luego metió las hierbas dentro de la olla después de haberlas lavado con agua de otro barril.
"Tardará un rato. Las tazas de madera son las mejores para saborear el té, un consejo, evita beber de tazas de metal y no hagas caso de los locos que dicen lo contrario"
No se si quiero oír eso de un loco que por unas hierbas esté dispuesto a sacrificar mi vida ¿en serio te costaba tanto pedirme que te las comprara en la ciudad?
El herrero me miró como si acabase de leer mis pensamientos.
"¿Quieres algo?"
"Bueno, la verdad es he visto que haces unos impresionantes trabajos con el metal y me preguntaba si podrías hacerme una espada"
"Podría hacerlo ¿pero tú podrías pagármela?" Preguntó mientras llenaba las tazas y las servía.
Esto era de locos, ¿acaso los servicios que te preste estos meses no eran suficientes? Tanto trabajo buscando metales, leña, materias elementales y demás por la montaña para nada. Habría sacado más acompañando a los cazadores.
"Si"
"Mis precios son muy caros"
"Te lo pagaría a plazos"
"La gente que dice eso acaba endeudada"
"..."
Morritz dio un sorbo a la taza.
"¿Para qué quieres una espada?"
"Para defenderme de los bichos del bosque"
"El cuchillo te sobra para ello, ya he visto como te desenvuelves con las bestias" Tras un rato de silencio el herrero volvió a hablar “Yahvis, confiesa, ocultarlo no te ayudará”
"Vale, la quiero para entrenarme" Desvié la mirada. Era vergonzoso que pudiese ver a través de mí como si fuera mi madre.
Su mirada brilló por un instante.
"¿Quieres entrar al ejército?"
"Quiero ser un Caballero sagrado" Contesté con orgullo
Su cara cambió tras oírme, se notaba a leguas que estaba riéndose de mí a carcajadas en su interior.
"Caballero sagrado. Los Caballeros sagrados son la legión personal del rey, unos elegidos que conforman la élite de entre los mejores soldados de la Guardia real y ellos son la élite del ejército. No creo que puedas llegar a ser algo tan importante, como mucho serias capitán de la guardia de alguna entrada a la ciudad" Bromeo.
"¿Tan malo es querer aspirar a lo alto?"
"No, pero los Caballero sagrados se eligen por proezas militares y por sucesión genética cercana a la familia del rey. Seamos sinceros, son los hijos de los nobles con recomendación de la familia real. Aunque también hay excepciones" Dijo esto último en un susurro.
"Mi padre era un Caballero sagrado"
"No, que va, él era un soldado normal y corriente" Dio otro sorbo "Una división diferente y menor, es como comparar a un alcalde con un funcionario”
“(Solo porque tú lo dices. Por cierto tus ejemplos son horribles)” Pensé "¿Acaso lo conociste?"
"Bueno, podría decirse que nuestros caminos se cruzaron en alguna que otra ocasión"
Morritz no habló más del tema. Cuando pude ver que estaba atardeciendo me bebí el líquido de un trago, estaba templado y amargo, luego me levanté de la mesa. El día de hoy había sido una verdadera pérdida de tiempo.
"¿Qué tal el té?"
"Delicioso (Asqueroso, mejor sigue dedicándote a jugar tus metales)"
Salí de aquella casa y me dirigí hacia Mattel. Estaba decepcionado, cansado y frustrado. No había conseguido nada.
Llegar a la ciudad no fue un problema, solamente seguí el camino que conectaba con la herrería.
Ya estaba bastante tarde, el sol cruzaba por el horizonte dejando un cielo dividido en diversos colores, desde los más cálidos como el naranja y el rojo que acompañaban al sol, hasta los más fríos como el azul y el negro. Las nubes se veían negras y grises, las lunas se alzaban acompañadas de las estrellas a medida que se escondía el sol.
La ciudad Mattel no estaba muy iluminada. Los pilares de luz flotantes alumbraban solo una parte de la ciudad, la otra estaba abandonada. No había mucha gente, salvo los Defensores que vigilaban cada una de las entradas de la ciudad y la mayoría de ellos estaban en alguna taberna ruidosa.
Mientras caminaba vi a una mujer haciendo compras en una de las tiendas. Era una mujer de cabello cenizo, vestía como un Mago blanco llevando una túnica blanca con un pañuelo rojo atado a la cintura y botas marrones de piel. Me fijé que estaba cargando una cantidad de bolsas en sus brazos.
Nada más verme se acercó casi corriendo hacia mí.
"¡Yahvis! Es tan tarde ¿que has estado haciendo?"
Su voz es firme y su mirada directa. Se llama Slania y ella es… podemos considerarla algo así como una madre. Vivo con ella después de que mi padre muriese. No tengo otros parientes.
"Pues, yo estaba... haciendo recados para el herrero" Dije intentando ocultar mi frustración por haber sido utilizado descaradamente.
"¿Para Morritz? Ya me contarás en casa, ahora..." Depositó todas sus bolsas sobre mis brazos sin siquiera preguntarme "En marcha"
Mientras caminaba podía ver como las casas prendían luces dentro de sus habitaciones. Lo malo de Mattel son los múltiples niveles sobre las que estaba edificada. Era agotador subirlas, sobre todo si estas cargando tantas bolsas. Como dije, lo característico de esta ciudad son sus tejados puntiagudos, en ningún lugar los hay unos tan filosos. Los que tenían tejados cónicos pertenecían a la clase alta, pero ahora esas mansiones están derruidas y en desuso.
"Ah Mattel” Exclamó Slania “Cuanto cambia la ciudad por la noche. Hace tiempo era una próspera ciudad comercial que vendía Mitril, pero ahora solo es una ciudad de cazadores"
No sé que decir, sé que la ciudad dejó de prosperar cuando se acabó el Mitril y los demás recursos  que extraían de las montañas, de eso hace ya más de una década. Ahora ya no tiene futuro y por esa razón me pregunto por qué el herrero Morritz decidió instalarse en este sitio hará unos años. Pero tengo la sensación de que cuanto menos sepa de él y sus negocios, mejor.
El lugar donde vivo es un antiguo templo dedicado a una diosa de la montaña. Tiene dos plantas, en la primera hay una sala extensa con un agujero en el centro donde se hallaban las brasas sobre las que colgaba una cacerola con cadenas desde el techo y en la segunda estaban los dormitorios. Detrás hay una capilla donde la gente viene a rezar o para que Slania cure sus heridas.
Cuando entramos dentro Slania chasqueó los dedos y las barras de luz iluminaron por completo la casa. Dejé las bolsas en la mesa de la cocina y al volverme hacia Slania, vi como ella se asombraba.
"¡Estás lleno de heridas!" Gritó "¿Cómo no pude verlo antes? tengo que curarte. Ponte allí y quítate la camisa"
Me desvestí la parte superior de mi  atuendo con pesadez. Estaba cansado tras las aventuras que sucedieron en este día, sobre todo la parte de las hierbas de te. Eso sí que fue agotador, saber que he arriesgado mi vida para conseguir algo que crece cerca de la ciudad ¿qué tan poco vale mi vida?
Slania se acercó a mí y extendió su mano sobre mis heridas. Una luz blanca comenzó a emerger de la palma de su mano. Una sensación de alivió recorrió mi cuerpo. Mis heridas se estaban cicatrizando y desapareciendo.
“¿Por qué no te has curado a ti mismo?” Preguntó con un tono de preocupación “Te enseñé magia de sanación para este tipo de situaciones”
“Solo son rasguños no hacía falta curarme (Porque me agota mucho y luego no puedo ni respirar)” Contesté, pero ella no pareció muy convencida de escuchar mi respuesta.
Cuando ella terminó de curarme me dio una palmada en la espalda.
“Listo. Ahora pon la mesa” Ordenó con una sonrisa.
“(No soy tu criado) Enseguida voy” Contesté mientras me volvía a poner mi camisa.
Aquél día terminó sin más complicaciones.
Desperté de improviso cuando sentí un fuerte destello sobre mis ojos. Los abrí con pesadez dejando que se adaptasen a la luz. Lo primero que vi fue el techo de madera, cuando dejó de verse borroso rodé mis ojos hacia una pared también hecha de madera donde había una ventana por la cual entraba una ingente cantidad de luz que teñía las pares de todo tipo de colores.
"(Tenía que haber cerrado las cortinas)"
Odiaba la luz así como odiaba la oscuridad, no me sentía cómodo con ninguno de ellos.
Me levanté de la cama mientras frotaba mis ojos como si fuese un gato sin muchas energías  comencé a vestirme. Al acabar salí de mi habitación.
Al salir me encontré con Slania, quién nada más verme me regaló una de esas sonrisas maternales suyas que cautivarían a cualquier huérfano.
"Oh que sorpresa te has despertado bastante temprano"
Asentí con la cabeza en silencio. Nada más despertarme no me apetecía hablar ni expresar nada.
"Entonces ayúdame a poner la mesa, enseguida te preparo el desayuno"
"No tengo hambre"
Ella me miró como si hubiese la cosa más rara del mundo.
"Da igual que no tengas hambre. El desayuno es obligatorio" Su voz era tan seria y firme desde tan temprano.
"(No me apetece para nada) De acuerdo comeré algo”
Su expresión se suavizó un poco.
Sentándome en frente de la mesa miré con una mueca el supuesto desayuno que me habían preparado: carne de Elaphur junto con hierbas comestibles que se encuentran en las faldas de las montañas del este. Había también miel, pan y una cesta de diversas frutas. Empecé a zamparme lo poco que me permitía mi estomago. Slania se encontraba sentada en frente de mí. Estaba pelando una manzana, por alguna razón ella solo desayunaba frutas, pero a mi me daba tanta comida que esto parecía el almuerzo en sí.
"Yahvis" Me llamó.
Alcé mi cabeza al tiempo en que rotaban mis ojos con pesadez.
"¿Que vas a hacer hoy?"
"Pues... (Deja que repase: Soy un niño de 14 años y vivo en una ciudad semiabandonada, ubicada en lo alto de una montaña inaccesible. Mucho que hacer no tengo)"
Mientras mi mente trabajaba intentando elaborar el itinerario para el día de hoy, Slania continuó sin importar mi respuesta.
"Mira por donde, aquí tengo unos recados"
“¿Vas a ir a repartirlos por todo Mattel?”
“No, eso lo harás tú. Yo tengo que ir a visitar a una familia que vive cerca cuyo hijo ha vuelto a comer malas hierbas del suelo y ha enfermado, a sí que confío en ti para que me ayudes esta vez”
Su cara sonriente hacía cualquier negación imposible. Con resignación asentí. El recado que me encargó fue llevar unas cuantas bolsas cargadas de medicamentos hacia unas casas. A primera vista parece algo fácil, pero a juzgar por las direcciones, las casas a las que debería ir quedan lejos unas de otras y por lo visto Slania no podía encargarse de ello porque tenía que revisar los medicamentos que guardaba en una habitación especial de la casa-templo. Era uno de sus trabajos, no solo se dedicaba a curar a la gente, sino que también investigaba y creaba sus propios medicamentos.
Salí a la calle tras abrigarme y respiré profundamente el fresco aire matutino de la montaña. Miré al cielo, era de un color azul marino con algunas nubes de color gris. El sol estaba alzándose de entre los picos de las lejanas montañas que conformaban la cordillera, pero la luna junto con los tres planetas satelitales cercanos todavía eran visibles con claridad, de hecho de podían ver incluso cuando llegaba el mediodía y tomaban más protagonismo al atardecer. Los tres planetas duplicaban, triplicaban y cuadruplicaban el tamaño de la luna consecutivamente y aun así no llegaban a cubrir el cielo.
Sin perder más tiempo comencé a caminar. La ciudad de Mattel se ubica en las montañas de la cordillera y la mayoría de sus casas se encuentran esparcidas entre colinas ascendentes y descendentes, lo que dificulta mucho llegar de un extremo a otro.
Sin embargo, esto ya no era problema para mí porque me había acostumbrado a los duros caminos de las montañas.
Ya iba por el penúltimo paquete, cuando mi nariz captó un aroma inusual, como metálico y suave. El aroma provenía en la dirección a la que iba. Sintiendo un mal presentimiento corrí tan rápido como pude.
A mitad de camino hacia mi destino, divisé un objeto en el suelo, de ahí provenía ese olor. Era un brazo humano amputado sobre un charco de su propia sangre. Mirando con más detalle, en vez de amputado parecía desgarrado, pues no tenía cortes limpios y tanto la piel como los tejidos presentaban formas irregulares.
Continué mi camino hasta llegar a una casa. Era una casa normal y corriente, salvo por un pequeño detalle y este se conformaba por cuerpos inertes que yacían en el recibidor de la puerta.
La puerta estaba abierta, o mejor dicho, estaba destrozada y en su interior había más cadáveres junto a otra forma de vida. Wargos. Una manada de Wargos habían entrado en la ciudad y estaban devorando la carne de aquellas personas.
Nada más verme, uno de ellos dejó de mordisquear la cara de la niña y cargó contra mí.
Tire la bolsa a un lado y desenvainé un cuchillo largo que tomé prestado de la guarnición de los defensores hará tiempo atrás.
Esquivé las afiladas fauces del animal de un salto rodando. Blandí el cuchillo y unas gotas de sangre fresca se precipitaron contra el suelo. El Wargo avanzó unos pasos agonizantes y cayó al suelo.
Observé mi cuchillo. El filo estaba recubierto por una capa de luz aural, producto de mi magia, que ampliaba su filo y longitud unos centímetros hasta ser equipara con una espada corta. Esta técnica la desarrollé por mi cuenta a espaldas de Slania y me permitió derrotar al Wargo antes de que pudiese tocarme.
Los demás Wargo tornaron su cabeza en mi dirección al oír como su compañero se desplomaba en el suelo, aparentemente sin vida.
Un aullido se oyó desde el tejado y un Wargo negro apareció sobre el tejado y saltó hacia mí.
Esquivé su acometida lanzándome a un lado rodando por el suelo. Quedé frente la bestia que me miraba con ferocidad.
Un Wargo negro es dos veces más grande que uno convencional y son los machos alfa de la manada. Su peligrosidad es directamente proporcional a su tamaño. Pueden romper una espada de acero de un mordisco y rebanar un escudo pesado con sus garras. Hay que ser muy valiente o muy loco para enfrentarse a uno, sobre todo porque ellos no atacan solos, ya que a menudo actúan como señuelos para que los demás Wargos te acorralen.
Un mordisco seguido de un zarpazo. Sus ataques eran rápidos, costaba esquivar sin recibir alguna herida. No paraba de moverme intentando buscar un hueco para contratacar, pero por alguna razón el Wargo se anticipaba. Poco a poco sentía como las demás bestias intentaban acorralarme. Podría intentar escapar como la última vez, pero la situación era completamente diferente. La última vez el objetivo de los Wargos era el oso que había conseguido debilitar, pero ahora yo era el objetivo. Si por mí fuese podría ganar tiempo hasta que llegasen los refuerzos, pero esos Wargos han estado invadiendo el pueblo por un buen rato. Por mi mente no paraba hacerse la mima pregunta una y otra vez “¡¿Dónde están esos malditos defensores?!”
El Wargo negro dio un salto y se precipitó sobre mí con sus fauces abiertas esperando a recibir mi carne. Estaba a punto de esquivarle de nuevo, pero antes de darme cuenta dos Wargos comunes situados a ambos lados arremetieron contra mí en un movimiento de pinza por tres flancos. En ese momento me di cuenta de que era imposible salir ileso de aquél ataque, porque si esquivaba al negro cualquiera de los otros dos me tendría al alcance. La situación era completamente desfavorable, pero de podía salir de ella.
“Si logras entender la mentalidad del enemigo, la batalla estará a tu favor” Resonaron en mi mente aquellas palabras llenas de sabiduría.
La guardia del enemigo desaparece completamente cuando ataca. Los lobos gigantes estaban convencidos de que iba a volver a esquivar, por ello, sin que lo esperasen, lancé mi propia ofensiva en lugar de replegarme.
Di un salto y pateé el hocico del Wargo negro desestabilizando su acometida. Flexioné mi pierna y di un pequeño salto mientras giraba sobre mi mismo en el aire. Aterricé en medio de las dos fieras y giré en sentido de las agujas del reloj hiriendo a ambas bestias en el cuello. Su sangre se derramó como una fuente sobre el suelo y sus cuerpos levantaron el polvo cuando se desplomaron en el suelo.
Solo quedábamos el jefe de la manada y yo, o eso pensaba. De pronto una sombra cubrió mi cuerpo, rodé mis ojos y vi  un cuarto Wargo atacándome por la espalda. No pude prever aquello. Mi cuerpo se paralizó, mi corazón latía sin cesar y mis ojos no se apartaban de aquella figura que caía sobre mí. Todo se detuvo a mi alrededor, era consciente de que debía hacer algo, pero ya era tarde.
En ese momento, una flecha, una oportuna flecha se clavó sobre la cabeza de la bestia acabando con su vida. Esa misma flecha me despertó de mi trance y volví a la realidad.
Esquivé el cuerpo del Wargo rodando hacia un lado. Me fijé que le jefe de acercaba corriendo hacía mí a una gran velocidad en una desesperada acometida aérea.
El Wargo tomaba 4 segundos para saltar, 3 segundos para caer, 2 para volver a atacar con su mordisco y otros 3 segundos para reaccionar. 12 segundos, tiempo más que suficiente para acabarlo.
Salté hacia delante por debajo del cuerpo de la bestia, este intentó morderme pero su cuello no se flexionó lo suficiente. Con mi cuchillo cercené sus patas traseras con facilidad gracias al refuerzo de magia imbuido sobre el filo. El Wargo negro cayó al suelo rodando, volteó su cabeza para buscarme, pero lo único que encontró fue mi cuchillo clavándose en su cuello.
Quedamos cara a cara, el tiempo se detuvo por un instante. En un último esfuerzo, intentó atraparme con sus fauces, pero no podía moverse a causa de la hoja incrustada en su cuello.
Sentí su último aliento acariciar mis mejillas. Saqué el cuchillo y dejando que el cadáver se desplomase sobre el suelo.
Ya no había más Wargos por la zona, todo parecía haber acabado. Me levanté tranquilamente y busqué con la mirada a la persona que me había ayudado en este combate. A lo lejos, una figura se acercaba deprisa hacia mí.
“¿Estás bien, Yahvis?” Preguntó desde la lejanía.
En su hombro colgaba el arco de madera con el lanzó la flecha y abatió al Wargo. Era un hombre bastante alto y delgado de apariencia sencilla. Llevaba el atuendo típico de un cazador; ropa del mismo color del bosque y piezas de cuero, las cuales servían tanto para mantener el calor en las frías madrugadas como para resistir el viento y el agua.
El cazador se detuvo a escasos metros y me observó de arriba abajo con una mirada analítica. Mis rasguños se curaron al terminar la pelea por efecto de mi magia que se activó inconscientemente, solo mi ropa estaba algo dañada. Al comprobar que estaba bien dejó salir un suspiro de alivio.
“Gracias por ayudarme, Samvel” Agradecí no muy sinceramente.
El cazador colocó su mano en mi hombro y sonrió. Luego dirigió su mirada hacia los cadáveres de los lobos.
“Dime Yahvis” Dijo “¿Por qué hay Wargos dentro de la ciudad?”
“Eso es lo que me gustaría saber” Contesté “¿Dónde están los defensores, como pudieron permitir que los Wargos entrasen de esa manera?”
“Cálmate, Yahvis” Dijo alzando sus manos “Todavía es pronto para juzgar a los defensores, quizás hayan abierto un boquete la muralla”
Le lancé una mirada cargada de molestia.
“Puede ser (Tu teoría no me convence)”
El cazador volvió a colocar su mano sobre mi hombro.
“En todo caso me gustaría saber una cosa” Su expresión cambió a una más seria “Yahvis ¿qué hacías tu enfrentándote a los Wargos?
“Encargos” Contesté.
“¿Ahora Slania te manda a que te enfrentes con lobos gigantes?” Preguntó sarcásticamente.
“No” Expresé rápidamente “Slania me encargó que llevase medicina a varias casas y cuando llegué los Wargos me atacaron. Fue en defensa propia”
El cazador me observó en silencio viéndome con esa mirada penetrante que intentaba ver a través de mí. Como odio eso.
“Bueno, lo importante es que estás bien” Dijo soltando mis hombros y dándose la vuelta para volver a mirar a los alrededores.
“Samvel”
“¿Hmm?” Murmuró el cazador.
“¿Qué hacemos ahora?”
Samvel se quedó pensativo.
“Lo primero es buscar algún superviviente” Dijo con un tono convencido “Si encontramos a alguno lo enviaremos directamente con la curandera”
“¿Y si no los hay?” Pregunté.
“Entonces… mejor luego te lo diré” Me lanzó una mirada fugaz “Seamos optimistas, quizás encontremos a alguien entero”
Ambos nos adentramos dentro de la casa. No había que tocar la puerta puesto que ya no había alguna, tampoco daba la sensación de que a los residentes les importase mucho que entrásemos sin su permiso. Pero de lo que si estaba seguro era del hedor que emanaban sus cuerpos. Ese olor metálico de la sangre mezclado con los jugos gástricos que cubrían el suelo junto con los órganos destrozados me daba ganas de vomitar.
Imitando a Samvel, cubrí mi boca y mi nariz empleando la tela de la bufanda que envolvía mi cuello.
“¡Hola ¿hay alguien?!” Gritó Samvel mirando por todas partes “Yahvis, separémonos y busquemos por toda la casa, quizás quede algún superviviente. Por cierto, si encuentras más cadáveres no toques nada”
Asentí y nos separamos. Samvel exploró el primer piso y el sótano, mientras que yo me encargaba del segundo piso y las habitaciones.
El olor nauseabundo inundaba toda la casa. Era casi imposible avanzar, por lo que abrí una ventana esperando que el hedor se disipase. Al hacerlo pude ver a lo lejos la torre de la guarnición.  No estaban muy lejos la guarnición de la casa, lo cual me llevó a preguntarme acerca de la ausencia de los Defensores.
Investigué el piso de arriba, pero desgraciadamente no encontré a nadie, por lo que bajé las escaleras y me encontré con Samvel en la sala de estar.
“¿Has encontrado a alguien?” Preguntó y yo negué con la cabeza “Bien, entonces vamos a informar al alcade… ¿qué? Vamos, no pongas esa cara hay que hacerlo”
A pesar de mi negativa, la insistencia de Samvel prevaleció y no tuve otra alternativa que seguirle hasta el ayuntamiento.
Aunque Mattel es una pequeña ciudad en vías de desaparición, todavía forma parte del reino y por lo tanto su gobierno está en manos de los nobles que el rey designa para dirigirlas. El noble que tenemos es un ser bastante arrogante y corrupto, no me agrada especialmente porque parece odiar esta ciudad ya que siempre se le ve enfadado y quejándose de todo.
De camino, la duda que tuve en aquella casa me carcomía la cabeza como un pájaro carpintero agujereaba el tronco de un árbol, así que decidí preguntar.
“Esto, Samvel…“ El cazador me  miró de reojo “He visto que la guarnición no queda muy lejos ¿por qué no apareció ningún defensor para luchar contra los Wargos?”
Samvel dio un suspiro y luego comenzó a hablar:
“Yahvis, no todo el mundo puede enfrentarse a las bestias del bosque y salir de una pieza”
“Lo se, pero (ese no es motivo para no acudir)” Intenté interrumpirlo pero él continuó.
“Además...” En ese momento Samvel se quedó callado, como si hubiese tenido una poderosa revelación.
“¿Qué ocurre?” Pregunté sin darme cuenta de qué tan profunda era su revelación.
“Es curioso” Se rio nerviosamente “Hablando de los defensores, acabo de volver de la cacería y no vi a los guardias defensores custodiando la entrada”
“¿Por qué entrada viniste?”
“Por la Oeste”
“Si, es extraño esa entrada nunca está desprotegida, ni siquiera durante los cambios de guardia” Pensé en voz alta “Y esa misma dirección donde se encontraba la casa de… ¡No puede ser!” En ese momento el poder de la revelación afloró en mi cabeza de.
Miré a Samvel, quien se veía tan preocupado como yo.
La entrada Oeste es una entrada que vincula con el bosque directamente por lo que nunca debe quedar desprotegida. También es demasiada coincidencia que justo cuando no hay guardias los Wargos aprovechan para entrar ¿qué estará pasando?
“Con más razón tenemos que ir a ver al alcalde, hay que averiguar qué está pasando” Dijo el cazador aligerando el paso.
Poco tardamos en llegar. La casa del alcalde, el ayuntamiento era el edificio más grande de toda la ciudad y su ubicación residía en el centro de la misma. Realmente era un edificio imponente, ya que al igual que la guarnición estaba construido como una fortaleza. Si la guarnición de los defensores tiene una torre, el ayuntamiento tiene cuatro. Nada tiene que envidiarle a un castillo.
Cuando llegamos vimos a unas personas en frente de la entrada, aparentemente manteniendo una discusión con los guardias que custodiaban la puerta principal.
Nos acercamos a la muchedumbre, que eran solo diez personas. Los conocía a todos, estaban: el artesano, dos cazadores, un erudito, algunos pueblerinos y el autoproclamado caudillo de Mattel, Conrad, del cual sospecho que es el responsable de convocar esta revuelta.
“¡Exigimos que salga el alcalde!” Gritó Conrad.
“¡Lord Heldengard está ocupado y no quiere perder el tiempo contigo. Lárgate!” Exclamó uno de los defensores que hacía tanto de guarda de la mansión, como séquito personal del alcalde.
Naturalmente esa respuesta no agradó a Conrad.
“¡Desgraciado, fuera de mi camino!” Gritó intentando entrar a la fuerza.
“¡Atrás!” El guardia usó su escudo para alejar bruscamente a Conrad, quien cayó al suelo a varios metros de la puerta.
Conrad se incorporó mientras maldecía al guardia entre susurros dispuesto a volver a acometer contra el guardia, sin embargo Samvel se puso en su camino obligándole a detenerse.
“¡Fuera de mi camino!” Rugió el hombre.
“Oye, oye, tranquilízate” Dijo Samvel alzando ligeramente los brazos mientras mostraba una sonrisa nerviosa y forzada que lejos de apaciguar fomentaba la ira “Hablando se resuelven las cosas ¿me vas a contar qué estás haciendo aquí?” Decía mientras trataba de detener al furioso señor.
Finalmente Conrad calmó sus ánimos y resopló fuertemente. Cuando se relajó, todos nosotros nos sentimos aliviados, sobre todo los guardias.
“Tu presencia no cambia nada, Samvel. Todavía quiero ver al alcalde” Expresó Conrad.
“Lo entiendo, nosotros también hemos venido a verle, imagino que nuestros motivos son similares”
Conrad me lanzó una fugaz mirada. No éramos nada cercanos, de hecho parecía que mi mera presencia no le agradaba en absoluto, pues ni se molestó en siquiera saludarme y tornó su atención de nuevo sobre Samvel y el guardia.
“¿Motivos similares?” Preguntó Conrad “Si te refieres a la invasión de los Wargos, eso es lo de menos. Los Defensores se están encargando de ellos”
Su respuesta solo generó más dudas, en serio ¿qué podría ser más importante que tener lobos enormes, hambrientos y agresivos paseando tranquilamente en frente de tu casa?
“¿A qué te refieres?” Preguntó Samvel.
“Cada día esta desapareciendo gente” Expresó seriamente “Primero fue Loz, luego su familia desaparecieron de la noche a la mañana, sin dejar rastro de mudanza. También los Gralyers se esfumaron sin dejar rastro, seguidos de los Tammer y… Halrad desapareció ayer. No sé que diablos está pasando en este lugar maldito, pero debemos tomar medidas”
Ahora que lo dice, es verdad, hace ya cosa de un mes que no había vuelto a oír esos nombres. Si han desaparecido, no me he dado cuenta puesto que casi nunca suelo socializar con los vecinos puesto que el templo queda bastante lejos del centro.
“Me resulta difícil creer que hayan desaparecido así, sin más. Sobre todo tu hermano Halrad” Dijo Samvel.
“No me importa lo que creas. Los cazadores despreocupados como tu y el hijo de esa bruja vivís en vuestro mundo y hacéis lo que os place por eso… ugh…” El hombre no llegó a terminar su frase puesto que mi puño se había incrustado rápidamente en su abdomen y lo había lanzado hacia sus amigos.
No me gusta que me insulten, aunque me importa bastante poco. A nadie le gusta ser insultado, pero cuando ese alguien insulta tanto a mí como a Slania no puedo simplemente quedarme parado y dejarlo pasar por alto.
“Yahvis” Susurró Samvel con un tono lleno de decepción mientras colocaba la palma de su mano sobre su frente.
Conrad se incorporó con la ayuda de sus amigos, sin embargo le costaba recuperar tanto la estabilidad como la respiración. En ese momento me di cuenta de que me había excedido un poco. Una de las cosas malas que tiene este hombre es que no mide sus palabras.
En ese momento, antes de que ese hombre pudiese reprocharme nada, las puertas del ayuntamiento se abrieron de golpe. Todos volteamos al mismo tiempo centrando nuestra mirada en aquella persona que estaba parada en medio de la puerta.
Los guardias se pusieron firmes, con el escudo recto y la lanza en alto cuando el alcalde bajó las escaleras.
Lleno de orgullo y mirada de pocos amigos, el hombre se nos acercó. Observé que vestía sus pomposas ropas de lino y seda de llamativos colores como muestra de su nobleza, le encantaba la diferencia de clases y siempre resaltaba ese pequeño detalle.
“¡¿Qué está pasando aquí?!” Preguntó en un tono alto y nada alegre de vernos “Nos exijo una explicación”
“Señor hay Wargos dentro de la ciudad” Apresuró a decir Samvel.
“¿Wargos en la ciudad, acabáis de decir?” Preguntó el alcalde estupefacto “Eso no es posible, donde están los soldados, como tal calamidad puedo haberse ocasionado”
“Eso es lo que me pregunto yo” Dije, pero mi comentario fue ignorado.
Conrad presenció como Samvel se adelantó en hablarle al alcalde sobre el incidente de esta mañana, desviando la atención del regente a otro tema que Conrad mismo consideraba de poca prioridad. Lleno de furia se acercó al noble dirigente de la ciudad.
“¡Alcalde! hay una calamidad peor que el incidente de los Wargos, en Mattel están…”
“¡Silencio!” Interrumpió el alcalde “Si vos queréis una audiencia con nos, entonces debéis aprender a esperar vuestro turno” Volvió su mirada hacia Samvel “El asunto que vos nos informasteis es serio. Bestias salvajes en mis dominios, eso nos no vamos a permitir, me ocuparé este asunto personalmente, podéis retiraros, cazador” Tras darle nos a todos la espalda, el arrogante alcalde se acercó hacia sus guardias “Llevadnos a la guarnición”
“¡A sus ordenes señor!” Dijeron los guardias en voz alta al mismo tiempo.
Los guardias se fueron junto con el alcalde por la dirección que Samvel y yo hemos venido. De lejos veía como ese noble arrogante iba acompañado con un soldado a cada lado, por mucho que él insistiese en que se trata de una escolta a mí siempre me daba la impresión de estar presenciando una detención.
En ese momento, un grito me sacó de mis pensamientos.
“¡Samvel, bastardo!” Gritó Conrad agarrando al cazador por el cuello de su camisa.
Estaba a punto de intervenir, pero Samvel levantó su mano disimuladamente como señal de que no lo haga. Sintiendo curiosidad por como iba a afrontar la situación, me quedé mirando.
 “Espera, Conrad…” Logró decir mientras se resistía “¿No quieres oír la fantástica explicación?”
“¡Callate!” Escupió el hombre mientras lo zarandeaba
“Es en serio, hay una razón” Insistió Samvel.
Ante su molesta insistencia Conrad apartó sus manos del cuello de la camisa y dejó que Samvel se alejara un paso atrás.
“Habla. Y más te vale que no sea una de tus bromas porque si no te arrepentirás” Amenazó.
Samvel aclaró su garganta, cosa que molestó a su agresor.
“Dime Conrad ¿de verdad crees que alguien como el alcalde creería tu cuento acerca de las misteriosas desapariciones?”
“¡Estás diciendo que todo lo que te he dicho es solo un cuento ¿acaso estás mal de la cabeza?!” Gritó con toda su fuerza.
Sus gritos inconscientemente llamaron la atención de los sirvientes que se hallaban dentro la mansión, a los cuales el alcalde los denominaba esclavos suyos por derecho.
“No, claro que no. Sé que no ganarías nada inventando una historia como esa. A lo que me refiero es... piensa un momento acerca de la actitud del alcalde ¿alguien que no conoce, o mejor dicho no quiere conocer a la mitad de los que vivimos en Mattel le daría importancia a unas supuestas desapariciones que no tienen nada que ver con él?”
“Pero, sí que le dio importancia a la invasión de los Wargos” Reclamó el erudito cazadores que acompañaba a la muchedumbre.
“Eso fue más por orgullo” Explicó Samvel “Ese hombre considera que Mattel es su territorio por eso está dispuesto a actuar si hay una invasión, pero dudo mucho que tome las mismas medidas en el caso de Conrad”
“Entiendo tu punto, pero ¿qué quieres que hagamos ahora?” Preguntó un aldeano “Nosotros vinimos contando con la ayuda del alcalde para que inicie una investigación”
“La respuesta es simple: hacedlo vosotros mismos” Concluyó Samvel.
Un abrupto silencio se apoderó de la plaza. La gente comenzó a murmurar y a mirarse entre ellos. La sugerencia de Samvel les había pillado a todos por sorpresa.
Conrad dio un paso al frente mirando a la multitud.
“Detesto admitirlo, pero tiene razón. Esa parodia de alcalde no va a hacer nada y la gente seguirá desapareciendo, debemos tomar el asunto e investigarlo por nosotros mismos” Pronunció como si la idea fuese suya. “Liber, Hegrieve debatiremos los detalles en la taberna, los demás volved a vuestros hogares y si ocurre algo sospechoso avisadnos”
La gente vitoreó al autoproclamado caudillo y más tarde la muchedumbre se disolvió dejando el lugar vacío, salvo por los criados que aún cuidaban de la mansión en ausencia del alcalde.
Observé como Samvel se acercaba. Por alguna razón se veía demasiado feliz, como si todo saliese según sus planes.
“Que sencilla es la gente, solo diles lo que quieren oír y ya está” Dijo el cazador.
“¿Y yo que se supone que hay que hacer ahora?” Pregunté con expectación, ya que sentía que me había visto envuelto en todo esto y esperaba ser de alguna utilidad.
El cazador me miró “Regresa a casa y cuida de Slania”
Su respuesta me dejó descolocado, puesto que después de todas las aventuras que habíamos vivido el día de hoy eso era lo que último que esperaba escuchar, de hecho, una parte de mi interior se negaba con fuerza.
“¡¿Qué?!” Exclamé “¿Pero tu te has dado cuenta de lo que está ocurriendo, como me pides que me vaya?”
“Yahvis, todavía eres un niño, no deberías inmiscuirte en estos asuntos. Déjaselo a los adultos”
Lleno de frustración y enfado, me di la vuelta alejándome de ese cazador desagradecido y esa horrible mansión.
“Ah, Yahvis” Me volvió a llamar, pero este vez no hice caso y seguí caminando, sin embargo Samvel no paró de hablar “Cuando dije que volvieras a cuidar de Slania me refería a que fueras a ayudarla. Ya sabes, como hay Wargos libres por la ciudad y eso, quizás ella… bueno, imagínatelo”
Me detuve y volteé ligeramente mi cabeza para verle de reojo. Al mirarle entendí lo que quería decirme. De inmediato salí corriendo del lugar en dirección al templo sentía como el cansancio de subir y bajar colinas menguaba rápidamente mis fuerzas, pero todavía tenía ganas de reventar al primer transeúnte que se cruzase en mi camino ¿en serio era tan difícil nivelar un poco el terreno antes de construir una ciudad?
Mientras avanzaba, mis pensamientos fluían como una de las cascadas que hay a las afueras a de la ciudad imaginando todo tipo de situaciones, mi mirada pasaba observando los edificios uno tras hasta que algo captó completamente mi atención.
A lo lejos, cerca de unas casas se hallaba otro grupo de gente. Estaban bastante lejos pero se apreciaban que la mitad de ellos eran Defensores, se puede distinguirlos debido a sus enormes escudos y sus alabardas. A medida que me iba acercándome a ellos, veía que estaban juntando los cuerpos de las personas que fueron devoradas por los Wargos.  En ese momento recordé que Slania se fue esta mañana en esa misma dirección. Mientras me acercaba y veía los cadáveres amontonados, una sensación de ansiedad sacudió mi corazón. El sudor frío que recorría mi cuerpo lo empeoraba todo. Al llegar busqué entre la gente y los cadáveres tan rápido como me lo permitían mis ojos.
“Yahvis”
Aquella voz tan familiar estremeció mi cuerpo. Rápidamente fijé mi mirada en la dirección de donde procedía. Ahí estaba, Slania, aquella mujer que me hizo preocuparme estaba de una pieza, sin un rasguño tanto en su piel como en su ropa. Encargándose de los heridos con su magia y medicinas no parecía que nada malo le hubiese pasado.
“Menos mal” Susurré soltando un fuerte suspiro de alivio a la vez que de cansancio por haber recorrido media ciudad.
Cuando Slania me vio, terminó de tratar al aldeano se acercó a mí rápidamente, en lo que yo estaba tratando de recuperar el aliento y antes de que me diese cuenta los delicados pero fuertes brazos rodearon mi cabeza abrazándola contra su pecho. Era un abrazo cálido y agradable, pero me costaba respirar por no decir que era vergonzoso ser mimado de esa manera frente a todo el mundo.
“Slania, suéltame”
“Yahvis. Estaba muy preocupada” Dijo Slania apretando más el abrazo “Cuando me enteré de que había Wargos dentro de la ciudad me temí que fueras a pelear con ellos” En ese momento el sudor frío volvió a recorrer mi cuerpo. Tragué saliva sin saber que contestarle exactamente. De algún modo ella pareció sentirlo “¿Qué ocurre?”
En ese momento un soldado llegó corriendo por la misma dirección que llegué yo.
“Señor. Informe. Ha habido un avistamiento de cadáveres de Wargos en dirección noreste entre ellos el de un Wargo negro”
“Que extraño, no hubo destacamento en aquella zona” Dijo uno de los soldados con mayor rango.
Mientras los defensores se debatían el asunto, yo estaba completamente paralizado. Sentía como la presencia de Slania se hacía cada vez más siniestra, ni siquiera me atrevía a levantar la mirada, pero eso ella lo solucionó colocando sus manos a cada lado de mis mejillas obligándome a enfrentarla cara a cara.
“Así que Wargos negros ¿Eh?” Su cara apacible lucía una bella sonrisa y ojos entrecerrados, pero lejos quedaba tal tranquilidad puesto que denotaba con esmero un aura viva como las llamas esperando consumirme “Ya hablaremos de esto tranquilamente en casa” Sus delicadas manos soltaron mis mejillas y me alejé de ella unos pasos todavía temblando ligeramente “Primero ayúdame, todavía hay heridos. Por cierto ¿has entregado todos los paquetes que te di esta mañana?”
“No. El último no puede entregarlo por… eso mismo”
“¿Lo llevas contigo?” Asentí con la cabeza, saqué la bolsa y se la entregué “Bien, estas hierbas de Granaceas serán muy útiles para tratar la infección”
Tras un buen rato curando las heridas, terminamos el trabajo y tanto los defensores como los civiles agradecieron nuestros esfuerzos. Y antes de que me diese cuenta, el tiempo pasó volando, ya era casi de noche y estaba caminando de regreso a casa.
El sol ya se había ocultado tras las montañas, pero seguía alumbrando el cielo otorgándole una infinidad de colores oscuros. La luna brilla en un tono plateado y los planetas satelitales la acompañaban vagando juntos en ese vasto cielo brillando de color verde, azul y rojo sucesivamente. Suspiré sin olvidar lo que me esperaba en casa.
Y así otro día que se acababa en esta solitaria ciudad perdida entre las montañas, conocida como Mattel.

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