Genoma Z - Capitulo 1


Hola a todos, hace mucho tiempo que no publico y se que todos los que aun siguen mi otra novela (El Punto Muerto) esperan el siguiente capitulo, pero he tenido algunas cosas que hacer por mi trabajo y estudios, espero logren comprender.

PD. Esta novela no sustituirá mi novela principal, pero dependiendo cuantos comentarios positivos o negativos reciba, pensare en subir los otros capítulos ya escritos.


Capítulo 1

Zoe Creekwolf


Han pasado años desde que hui de mi hogar, decidí partir de aquel lugar donde me sentía tan segura; para viajar con un hombre que creí seria el indicado, que sería capaz de mantener mi sonrisa tan resplandeciente con tan solo mirarlo a los ojos. ¿Estuvo mal poner mis esperanzas en alguien? Las personas cambian con el tiempo, eso era claro, pero… Él nunca cambió; simplemente oculto de mí su verdadera personalidad. ¿Debí hacer caso a mi madre en aquella ocasión?

Vivo mis días en un pequeño apartamento, en la peor zona de la ciudad, donde la policía solo es una simple fantasía; nadie es lo suficientemente tonto como para poner un pie en este vecindario donde alberga una guerra infinita entre pandillas, hogar de drogadictos, violadores, pedófilos y, por supuesto gente como yo; que solo hicieron una mala elección en la vida.

¿Por qué no regreso con mis padres? Esa es la pregunta que me hago todas las noches antes de caer inconsciente en una esquina del apartamento. Soy una idiota que no escapo cuando tuvo la oportunidad, pero en ese momento enserio lo amaba tanto, creía poder ayudarlo a cambiar. ¿Nunca han amado? ¿Saben lo que es entregarte ciegamente a una persona? Para mí era la persona ideal, era alguien que necesitaba en mi vida sin importar qué. ¿Qué siento por él en estos momentos? Odio, dolor, tristeza, todas esas emociones combinadas en un gran sentimiento que desgarra mi alma.

Ya es tarde para mí, él me convirtió en uno de ellos, un muerto viviente; una persona adicta a mi mundo ideal, donde todo está bien y nada puede dañarme. Así es, soy una drogadicta que no puedo pasar más de ocho horas sin heroína, cada día mí cuerpo necesita más dosis diarias, temo que empeore mi adicción a tal grado de perderme a mí misma, de no reconocerme y olvidar lo que un día fui. Jamás pensé que algo como esto podría sucederme; he realizado muchas cosas de las que no me siento orgullosa. He perdido la cuenta de cuantas veces he dejado que tengan sexo con mi cuerpo, que me usen como ellos quieran, desde mi boca hasta mi vagina. ¿Por qué lo digo de esa forma? Porque… Cuando estoy drogada mi mente se apaga, no siento nada, es como si mi alma se alejara de mi deplorable cuerpo lleno de errores y vergüenzas, quizás esta es mi manera cobarde de huir de mi realidad… mi maldita realidad.

¿Cómo estarán mis padres? Hay miles de cosas que quisiera decirles; desde que tengo memoria mis padres fueron mis grandes héroes, fui educada por dos personas totalmente distintas, ambos eran el complemento del otro. Mi madre me enseño que todas las personas merecen una segunda oportunidad, sin importar lo horrible que haya sido en el pasado; todos cometemos errores, lo único que realmente importa es que las personas acepten su error e intenten no regresar por el viejo camino. Mi padre… bueno mi padre me enseñó a ser independiente, me mostro lo peligroso que puede ser el mundo si te dejas arrastrar por la corriente; me forjo un carácter duro… solo recordar mi infancia me genera tristeza y las lágrimas comienzan a caer. Siempre fui consentida por él, no dejaba que nadie me hiciera daño, yo era su princesa y él era mi rey. ¿Qué he hecho? ¿A caso tengo idea del daño que les he causado? Dios… soy horrible, lastimé a las únicas personas que en verdad me han amado.

Me imagino a mi madre ya con canas por la edad, sentada en su sofá favorito a la par de la ventana mirando día y noche la calle con lágrimas en sus ojos, esperando mi regreso. ¡Ella no merece esto! En estos momentos quisiera poder correr a la puerta de aquella casa que me vio crecer y tocar el timbre incontables veces hasta que mi madre atienda; no habría palabras de por medio, la abrazaría fuertemente como cuando era pequeña y le repetía sin descanso cuanto la amaba.

Por otro lado, temo ver a mi padre de nuevo, no quisiera que viera en lo que me he convertido, le rompería el corazón ver a su princesa en estos momentos. Él siempre mostraba rudeza, pero conozco su verdadera personalidad e incluso es más frágil que mi madre cuando se trata de personas que le importan. No quiero que me vea de esta manera, me duele tanto haberlo decepcionado después de tener grandes expectativas de mí. ¿Qué hará en estos momentos? ¿Pensara en mí? Cuanto quisiera que pudieran escuchar mis últimas palabras antes que acabe la noche… Lo lamento tanto, papá, mamá, ustedes fueron mis héroes, mi ejemplo a seguir, y aunque no tengo idea del momento exacto donde tome camino diferente al que ustedes habían trazado cuidadosamente para mí… Los amo tanto y quizás…el verlos a ustedes felizmente juntos a pesar de ser tan diferentes, me hizo creer que él era indicado para mí, alguien totalmente distinto a mí. Lo lamento tanto, pero quiero que sepan que si muero esta noche mis últimas palabras y pensamientos serán solo para ustedes.

— ¡Zoe! ¡Hey! ¡Maldita sea, despierta!

Los gritos me hicieron despertar de mis pensamientos. —Lo siento Robert, solo estoy un poco nerviosa. —Nervios no es exactamente lo que siento en estos momentos.

—Si continúas así echaras a perder la operación. ¿Y sabes lo que significa si fallamos? ¡Una maldita bala en la cabeza!

Tiene toda la razón, nuestra adicción nos llevó a hacer tratos con la pandilla controladora de la parte norte de la ciudad. A cambio de ayudarlos a entrar a la base de operaciones de la pandilla rival y matar a su cabecilla, nos ofrecieron suficiente dinero como para no preocuparnos por las dosis de heroínas por una semana.

¿El lugar? Un edificio abandonado donde antes operaba una fábrica de gaseosas. ¿De qué sirve matar solo al líder cuando existen más miembros? Según nos dijeron, esto les mandaría un mensaje a todos los demás de lo poderoso que son sus enemigos. ¿Qué pienso yo? Realmente no me interesa los problemas de los demás, solo quiero el dinero, aunque estoy segura que solo somos el cebo para limpiar el camino hasta su objetivo.

—Cuando se escuchen los disparos de lado norte del edificio debemos esperar cinco minutos antes de entrar. Estamos seguros que enviaran a todos sus hombres a pelear. —Dijo el pandillero que había sido asignado para ir con nosotros, necesitaban asegurarse que cumpliéramos con el trabajo. Según escuche lo llamaban Drex, su apariencia me daba escalofríos con solo mirarlo, no quise preguntar el porqué de su sobrenombre.

— ¿Qué sucederá si hay más dentro? Es decir, más de los que podamos hacer frente. —Pregunté, aunque conocía la respuesta.

— ¿Has disparado alguna arma anteriormente? —Se rio de mí al ver mi expresión de terror.

—Descuida, le he entregado una semi-automática, hasta una novata como ella no tendrá problema alguno para usarla. —Dijo Robert mientras me daba una palmada en la espalda.

Y así fue como todo comenzó, los disparos fueron escuchados de lado norte tal y como habían dicho. Cientos de maldiciones fueron soltadas por ambas pandillas que intentarían sobrevivir una noche más.

En estos momentos quiero correr lo más lejos posible, pero nos hemos quedado sin dinero para continuar con nuestro vicio, y cuando mi cuerpo empieza a rogar por ella pierdo todo razonamiento, la cordura es algo que desconozco, soy una persona totalmente diferente; una loca.

—Es hora, muévanse. —Drex apuntó a una pequeña puerta.

Es hora de entrar, los cinco minutos han pasado. Cerré los ojos mientras usaba mis manos para cubrir mi cabeza,  corriendo hacia delante intentando no recibir una bala perdida; temó morir. Robert utilizo su arma e inmediatamente abrió la puerta, acto seguido se dispusieron a entrar a toda prisa dejándome atrás, soy la más lenta al parecer. Ya me habían advertido que me dejarían atrás si resultaba ser un estorbo.

—Si entras morirás.

Me detuve de inmediato, intente ver alrededor buscando a quien le perteneciera aquella voz, no había nadie. De seguro fue mi imaginación, quizás mi subconsciente está intentando protegerme, pero ¿Protegerme de qué? Mi vida era peor que la muerte, cada respiro duele, cada sueño abre una herida en mí. ¿No sería mejor morir?

Respire profundamente y me dispuse a entrar a la fábrica, corrí tras de ellos, de inmediato vi a Robert y Drex subiendo las escaleras al mismo tiempo que vigilaban a su alrededor para no ser tomados por sorpresa. Se dirigían a una habitación con un gran ventanal situado en la segunda planta justo en medio del edificio.

Subí las escaleras lo más rápido que pude, los gritos de auxilio, los insultos y todo aquello que pudieron decirse entre medio de la batalla fueron silenciados por el sonido de los disparos. ¿Qué sentido tiene morir por proteger algo que nunca fue tuyo y quizás nunca lo sea? ¿Respeto, poder? No vale la pena.

Por fin estoy en la segunda planta, me apresure a llegar al final del pasillo que conducía a nuestro objetivo. Un disparo seguido de un intento fallido de auxilio proveniente de la habitación retumba por el lugar.

Mi piel se erizo, en estos momentos imagino los peores escenarios, Robert pudo haber sido el objetivo de esa bala. Creo que al final estos sentimientos jamás desaparecieron, quizás ya no sea amor, pero aun así no merece morir.

Saque el arma que guardaba entre mi ropa, le quite el seguro y, acto seguido corrí sin pensar a la habitación donde dos posibles escenas podrían ocurrir. Fue misión cumplida, o Robert yace muerto en el frio suelo.

Entré a la habitación decidida a morir si fuese el caso y para mi sorpresa, la voz que escuche antes de entrar al edificio tenía razón; esta noche moriría. Drex está en el piso con un agujero en la cabeza, Robert estaba de rodillas con lágrimas en los ojos pidiendo misericordia mientras le apuntaban con una arma dos veces más grandes que la mía. ¿Uzi semi-automática? Creo que esa era el nombre.

Eran cuatro hombres en la habitación sin contar a mi “amado”, todos armados. ¿Qué haré en estos instantes? Lo único que pasa por mi mente en un momento como este es disparar.

— ¡Mátenla! —Dijo un hombre grande y fornido, bastante mayor como para estar en una situación como esta. Casi un anciano.

Logré aprovecharme del elemento sorpresa y apreté el gatillo de mi arma antes que alguno de ellos pudiera hacerlo. Solo tenía seis balas, sin embargo en un momento de adrenalina como este me pareció disparar cientos de veces; aunque en realidad dos balas impactaron contra el pecho del que estaba apuntando a Robert, a otro de los pandilleros logre impactarle una bala la cabeza y último le descargue el resto del cartucho en el pecho y abdomen. ¿Fue suerte? Si, lo más probable.

— ¡Gracias cariño! Enserio muchas gracias. —Se arrastró a mí para abrazarme, ambos teníamos claro que esto había sido la peor idea que pudimos haber tenido.

—Descuida, ahora solo salgamos de este lugar antes que sea demasiado tarde. —Mis ojos estaban cubiertos de lágrimas estaba aterrada por todo esto; prometo que si salgo viva de aquí, iré con mis padres y tomare la responsabilidad de mis actos, ya no quiero vivir así. Continuaba apuntando al hombre que aún seguía con vida, al parecer era el líder; ya no tengo más balas, pero rogaba que él no se hubiera dado cuenta de ello.

—Nada mal para una mujer, aunque estoy seguro que es tu primera vez disparando, los asesinaste por suerte. —Se acercó despreocupadamente hacia nosotros, lo sabe, definitivamente sabe que no me quedan más balas.

— ¡No te muevas o dispararé! —Mi mano temblaba descontroladamente, ya se acabó todo para mí.
El hombre me sonrió como si disfrutara vernos aterrados, tomó un arma de la mesa metálica que se encontraba en una esquina de la habitación, sin más la colocó delicadamente en el piso para después arrojarla hacia Robert. —Ya sabes que hacer. —Intercambiaron miradas entre ellos.

— ¡Matarla no estaba en el trato! Dijiste que solo la tomarías como tu prisionera para satisfacer a tus hombres. —Robert se puso de pie mientras tomaba el arma, se alejó varios pasos de mí.

—Ella mato a tres de mis mejores perros, necesitan venganza. ¿Quieres el dinero o no?

Entonces lo comprendí, había comprendido finalmente lo que sucedía. Nunca fue una sorpresa esta guerra allá fuera, todos estaban preparados para el ataque; de seguro todo acabara a favor de este hombre. Robert nos entregó a todos a cambio de dinero, de seguro es mucho más de lo acordado con la otra pandilla, pero… ¿Me vendió? No sé qué pensar. ¿Cuántos errores cometí en mi vida? Uno, solo uno… Haber confiado en él.

—Lo siento Zoe, pero enserio necesito el dinero, no es personal; últimamente es más difícil conseguir dinero para comprar droga para ambos. —Me apunto con su arma sin decir más, estaba decidido a jalar del gatillo.

Tire mi arma, después de todo ya no sirve para nada, ni siquiera sé cómo recargarla. ¿Qué es esto? ¿Lágrimas? Creo que nadie está preparado para morir sin importar cuantas veces lo haya imaginado, todos se doblegan al llegar el momento.

—Mi peor error fue haberme enamorado de ti, confié en que me protegerías e incluso después de todos estos años a tu lado, pensé que tú me amabas tanto como yo lo hice en el pasado. —Ojala estas palabras le duelan tanto como me dolerá esa bala. Los amo papá, mamá, gracias por la increíble vida que me dieron mientras estuve con ustedes.

Cerré los ojos y deje que las cosas sucedieran, solo espero que se apiade de mí y me dispare en la cabeza, dicen que es una muerta inmediata, ojala sea verdad.

—Lo siento Zoe, enserio lo lamento. —Robert lloraba, sus lágrimas valen menos que nada, espero no encontrarlo donde sea que me dirija después de la muerte.

El disparo se escuchó, sentí un dolor punzante, la bala atravesando mi cráneo hasta llegar a mi cerebro, mis pensamientos estaban desapareciendo, fue un dolor como nunca antes lo he sentido, es como todas las jaquecas juntas en una sola, es como si explotara mi cerebro. Todo va en cámara lenta. ¿Enserio así se siente morir?

Ahí estaba tirada en el piso, no respiraba, la bala cruzó todo mi cráneo, estaba sangrando y tiñendo de rojo todo bajo de mí. Robert lo había hecho, no titubeo ni un instante. ¿En verdad alguna vez sintió algo por mí?

— ¡Imposible! ¡Detrás de tuyo! —El rostro del hombre estaba pálido como si hubiera visto un fantasma.

La impresión causada por la bala atravesando mi cabeza, ese dolor indescriptible y la traición de la persona que creí amar me ha dejado inmutada, no sé qué decir, ni que hacer. ¡Espera! ¿Qué sucede? ¡Sigo viva! ¿Cómo? Veo mi cuerpo en el piso, tengo un agujero en la cabeza, nadie sobrevive a eso.

— ¡Dispárale idiota! —Robert se giró de inmediato tras escuchar la orden. Su rostro palideció al verme parada frente a él, intercambiamos miradas durante unos segundos y, sin más me disparo incontables veces hasta que su arma se quedó sin municiones, estaba asustado, lo notaba en su mirada.

Las balas han atravesado mi cuerpo sin causarme rasguño alguno, pero sigo sin comprender mi situación actual. ¿Ellos pueden verme? ¿Cómo es posible?

— ¡Santos cielos, corre! —Aquel hombre dejo salir un grito de pavor e intentó huir de la habitación junto con Robert.

Jamás he creído realmente que existiera un cielo o infierno, siempre me mantuve al margen de ambos bandos, entre ser creyente y ser atea, pero ahora no sé qué pensar. ¿Esto es obra de un Dios? Si es cierto esto, entonces me ha dado la oportunidad de vengarme de mi asesino.

Le arrebate de las manos la Uzi semi-automática a uno de los cadáveres que estaban en el piso, sin más fui tras ellos. Cada segundo que pasaba me consumía más el deseo de hacerlo sentir lo mismo que yo sentí, ese dolor que parecía que nunca acabaría, una eternidad.

Eran rápidos, pero no lo suficiente; al final del pasillo alcance a verlos corriendo cobardemente. Dejaré que el destino se encargue en decidir si morirán o no, dispare desde la distancia intentando que las balas los impactaran.

Uno de los cuerpos se desplomó impactando fuertemente contra el piso, dejó salir un grito mientras le suplicaba al otro ayuda. — ¡Por favor llévame contigo! —El otro parecía no importarle en absoluto y se dispuso a continuar corriendo por su vida.

Camine lentamente hacia el hombre que yacía en el piso arrastrándose lo más rápido que su cuerpo se lo permitía, el destino fue generoso conmigo, la bala había impactado en su pierna y abdomen, estaba muriendo desangrado.

—¡No te acerques! por favor, déjame ir. ¡Te lo ruego! —Sollozaba cada vez más rápido a medida me acercaba a él, logré reconocer la voz del infeliz que rogaba misericordia.

Llegue por fin frente a él, observé su rostro lleno de lágrimas, pálido por la cantidad de sangre que había perdido, incluso si lo dejara ir, moriría igualmente a causa de las heridas. Algo dentro de mí me pide a gritos que lo deje morir desangrado, sufriría mucho más.

—Lo lamento, realmente lo lamento. —Rompió en llanto, por primera vez lo he visto de esta forma tan deplorable.

— ¿Por qué tendría misericordia de ti? —Él no se compadeció de mí. ¿Por qué lo haría yo?  No quiero continuar con esta conversación, tire del gatillo hasta que las balas dejaran de salir y sus gritos cesaran en seco, quizás este mal por pensar de esta forma, pero… me sentí tan bien llenar su cuerpo de agujeros; se lo merecía.

Sirenas policiacas se escuchan cada vez más cerca, ya era hora. Ojala puedan hacerse cargo de mi cuerpo, si fuera posible desearía que lo hicieran llegar hasta mis padres, esto podrá poner fin a su preocupación, bueno… si es que siguen preocupados por mí, a estas alturas quizás ya han aceptado mi muerte al no saber nada de mí en años.

¿Qué es esta sensación? Es un hormigueo que recorre todo mi cuerpo, mis manos empiezan a desaparecer. ¿Esto es todo? Se me acabó el tiempo, creo que por fin descubriré que hay más allá de la muerte.

Mi visión empieza a desvanecerse, estoy quedando ciega. Todo comienza a tornarse negro. ¿Esto es todo para mí? No me puedo enojar, no sé qué fuerza o entidad me dio esta oportunidad, pero gracias, muchas gracias…



2 días después.

—Habían cientos de maneras para despertar tu don sin recurrir a tu muerte. Debiste hacer caso a mi advertencia. —La voz de un anciano retumba en mi mente. —Tienes suerte de ser tan importante para el futuro del mundo, no puedo dejar que mueras o se repetirá la misma historia.

Estoy muerta, ¿no? Es decir había muerto. ¿A quién le pertenece la voz? ¿Dios? Necesito abrir los ojos, estoy durmiendo, es un sueño seguramente.

—Tú no eres la única poseedora de un don, existen miles de personas con diversos dones esparcidos por todo el mundo, sin embargo tu habilidad es única. —Hizo una pequeña pausa para aclararse la voz. —Vengo de un futuro donde, tu muerte fue inevitable, nadie hizo nada por salvarte y, aunque parezca irrealista e imposible de creer. El mundo necesita de tu habilidad antes que la historia se repita.

¿Qué es todo esto? ¿Habilidad? Necesito abrir los ojos de inmediato, vamos… respira hondo, ¡necesito despertar ahora mismo!  

—En estos momentos estoy allá fuera en el mundo, apenas estoy descubriendo mis poderes, y si mis cálculos son correctos, salvarte la vida alterara el futuro radicalmente. Estoy seguro que nuestros destinos nos unirán para una misma causa, salvar a Cassie, ella es el núcleo que dará inicio a la noche eterna.

Desperté por fin, estoy un poco desorientada, no tengo idea alguna sobre mi paradero, a mí alrededor veo una habitación fría, me encuentro acostada sobre lo que parece una mesa metálica; con una sábana blanca cubriendo por completo mi cuerpo desnudo, mi rostro es el único descubierto. No hay nadie alrededor. ¿Dónde está él? ¿Mi imaginación? De cualquier forma debo salir de aquí, si en verdad estoy viva nuevamente eso quiere decir que tendré que explicar miles de cosas al mundo y, sin duda querrán realizar algunas pruebas en mí... No estoy de humor para esto, creo que mejor me apresuro.


¿Dios, el diablo? Algún ser superior fuera de nuestro entendimiento me ha entregado una segunda oportunidad, ha hablado de cosas que no entiendo en absoluto, pero… ¿Y ahora qué hago? ¿Dónde empezar? Mi primera parada era obvia, ¡mis padres!

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Acerca de Edd Lizt

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