Mi Relación con Las Flechas de Cupido.




I
LA PRIMAVERA DE SU AMOR

           ―¿Se imaginaron alguna vez con la pareja perfecta?... ¿No?. ¿Sí?. Bueno, el caso es que yo sí, varias veces... y más de las que puedo recordar… Muchas más.
           Dice un anciano de cabello corto canoso que se encuentra a pleno día en un jardín lleno de flores.
―Pero no siempre fue así, oh no… no siempre ―continuó―. Hubo un tiempo en el que solo pensaba en vivir mis días en paz y tranquilidad. No sé por cuánto tiempo duraron esos pensamientos..., pero sí se cuando cambiaron.
Acomodó mejor la silla de madera en la que se encontraba.
―Hoy, les contaré una historia que me dejó marcado hasta el día de hoy. Hasta mis cincuenta y tres años de casado. Esta historia tratará sobre desamores y caídas sentimentales que viví al comienzo de mi estúpida pero feliz precóz juventud. Esta fue, es y será, mi Relación con, como yo las llamo, las Flechas de Cupido.
           Mientras el hombre habla, es rodeado lentamente de jóvenes menores a la adultez que visten pantalones y camisas de diferentes estilos, colores y aspectos. Y todos, absolutamente todos, se van sentando en silencio a meramente dedicarse a escuchar las palabras del anciano. Todos, incluyendo una baja mujer blanca de largo cabello negro con gris que se encuentra sentada a su lado y que parece tener más o menos su misma edad.
―Hace mucho tiempo, cuando tenía veintitrés años, me enamoré por primera vez... O no, por primera vez no.
El hombre negó con la cabeza.
―Pero era la primera vez que lo confesaba tan abiertamente, ya que la primera vez era más que obvio. El típico enfrentamiento cara a cara diciendo “me gustas”. Sí, era un poco tímido con las mujeres, pero creo que aprendí a vivir con eso gracias a mis amigos en general. Y aquí es donde comienza toda nuestra aventura, con esas simples dos palabras… “me gustas”.
Cuando lo hice… no fui rechazado. Era impresionante el hecho. Y aún más saber que también a ella le gustaba. Ella, que era una persona alegre, opuesta a mi yo de entonces. Ella, la excesivamente extrovertida que había logrado formar grupos sociales que jamás pensé que podrían llevarse bien. Ella, quién a muchos hombres había rechazado… Era raro. Un caso que me sirvió para darme cuenta que en el amor, los sentimientos pueden a veces coincidir. Y el cual no termina siendo en “solo amigos” mientras se apartan más y más el uno del otro. Pero ese no es el caso… El  caso es que me aceptó y comenzamos a salir por varias semanas. Ese año recuerdo que había terminado la universidad por vacaciones de invierno. Oh, navidad… que bella época del año. Oh… la navidad que nunca olvidaré.
Recuerdo que cuando terminaron las clases, ya ella y yo llevábamos casi un més. Y para fin de año lo cumpliríamos. Sí, nos volvimos novios a finales de Noviembre. Lo que de cierta manera me había arriesgado a pasar otra navidad con mis amigos una que otra hora, porque seguramente irían a casa de sus novias, novios o familiares. No pasábamos mucho tiempo juntos… pero sí que nos divertíamos cuando nos reuníamos en cualquier lugar. Arcades, parque de diversiones, mi casa, sus casas ―la de ellos. y rara vez―, la universidad después de clases si no teníamos actividades de club, entre muchos otros lugares que se nos ocurrieran.
Aún a mis setenta y nueve años de edad los sigo viendo y nos seguimos divirtiendo aún cuando ya no estemos todos.
           Recuerdo que estuvimos ―esa navidad― ella y yo, hablando continuamente mientras nos divertíamos juntos... incluyendo las cenas románticas y el sexo. Recuerdo, también, que le regalé un collar que me costó una buena parte de mi sueldo, junto con la ayuda parcial de mis padres, era de diamantes… un collar bastante caro. Mis padres estaban felices... por primera vez después de años me veían enamorado y realmente feliz otra vez. A veces me criticaban sobre cuidarme tanto fuera como dentro de la “cancha”, pero ya todo eso lo sabía.
           A principios de Diciembre, salimos juntos a esquiar. Ni ella ni yo sabíamos cómo, pero eso fue lo divertido. Nos ayudamos el uno al otro mientras nos caíamos para seguir intentándolo. Lo pasamos bien y el hotel también ayudó un poco en la aventura. Tenía o tiene, un espacio de Yoga, un espacio al aire libre y un baño termal para parejas... era un hotel de lujo, aún siendo el único que había… eso fue difícil. Después que terminamos nuestro largo día, noche, y madrugada, volvimos a la ciudad.
           Mis amigos se burlaron de mí sobre muchas cosas. Me hacían preguntas de si lo habíamos hecho, de como, y cuantas veces. Pero a ninguno les hice saber la verdad. No se las dije hasta hace unos pocos años y ya cuando no es de importancia. Oh juventud... que de tiempos.
           Cuando terminó el interrogatorio, volví a mi casa, donde aún vivía con mis padres. Sí, no era del todo bueno para una relación, pero no era malo por la situación económica en la que en aquellos tiempos vivía. Y aún a mi edad, vivimos con nuestros hijos.
           Dice el señor mientras le agarra la mano a la mujer a su lado. Su esposa.
           ―Pronto recibí una llamada de mi mejor amiga. Tenía noticias poco agradables al oído. Y tenía algo que ver con ella, mi novia. Una mujer llamada Masumi. Una mujer alta, blanca, rubia y de ojos azules. Era modelo y vivía con sus padres en una zona privada, la cual nunca visitamos porque quedaba muy lejos. Ella se hospedaba en unos apartamentos lujosos cerca de la universidad, por lo que íbamos de vez en cuando allí a… Pero de igual forma, era toda una mujer perfecta.
           La noticia que me dio no la entendí al principio cuando me la explicó, y solo la ignoré. Recuerdo que tampoco me gustó, ya que estaba hablando mal de ella, así que le colgué el teléfono. Llamó y llamó... pero no contesté. Cuando desistió, al fin pude irme a dormir. No me gustaba colocar mi teléfono en modo vibrar, ya que quizás Masumi podría llamar.
           A la mañana siguiente, ella ―Masumi― estaba ahí en mi casa hablando con mis padres. Reían juntos y se encariñaron rápidamente. «Es una buena chica» decían mis padres mientras la halagaban como si ya yo no lo supiera. Luego me dieron dinero para salir a algún lugar. Era veinticuatro de Diciembre y ya era demasiado grande para regalos elegidos por ellos. Les prometí que volvería para celebrar con la familia, con ellos..., pero no fue así. Tanto Masumi como yo nos la pasamos en el cine, luego nos dirigimos al centro comercial y por último, al hotel. Nos divertimos, y terminó.
           A la mañana siguiente desperté solo en la cama, junto a una nota que decía que no podía continuar con la situación. Que debíamos separarnos, y que no quería hacerme sufrir.
           Al principio no comprendí a lo que se refería. Me quedé pensando en qué sucedía. Pero después de matarme..., sí, es la palabra correcta... la cabeza pensando, y no encontrar ninguna razón exacta, decidí salir y preguntar por fuera. Mi primera parada fue en la recepción. No sabían nada. No la habían visto desde que había entrado conmigo en la noche por cuenta propia, y que si mal no recordaban, hubo un momento que tuvieron que cambiar puestos, pero que no podían saber exactamente quién era, ya que entraba y salía demasiada gente… Desistí. Me fui a buscar información en la universidad con sus amigas, amigos y conocidos que aún rondaban por ahí, vivían o se mantenían en los clubes aún en la fecha… pero nada. No sabían dónde estaba o donde podría estar luego, porque ya no hablaban por las vacaciones.
Se sorprendieron mucho cuando llegué corriendo desesperado preguntándoles, pero eso no sirvió... No sabían nada. No sabía qué hacer, así que me senté en una plaza cerca de mi casa cuando volvía pensando en dónde podría estar. Eran las diez de la mañana. Sabía que debía volver, ya era otro día y probablemente mis padres estarían preocupados. Cuando vi mi teléfono, tenía más de diez llamadas perdidas... Eran mis padres y mi mejor amiga. Cuando llamé, ninguno contestó. No sabía qué pasaba, pero no podía ser nada bueno, así que me dirigí a casa.
           Al llegar, vi a la policía en el frente. Me acerqué a preguntar. Mi madre estaba hablando con un oficial. En cuanto me vio, corrió a abrazarme. Estaba muy feliz de verme sano y salvo.
           ―¿Qué pasó? ―pregunté confundido.
           ―Nos desvalijaron la casa. No queda nada… y a tu padre le golpearon. Pero está bien, los médicos le están atendiendo ―contestó mi madre mientras se secaba las lágrimas.
           ―¿Quién pudo hacer algo así? ―volví a preguntar mientras maldecía en mi mente a los culpables.
           ―Alguien a quién no podemos tocar ―dijo el oficial mientras se acercaba―. Un grupo llamado La Mafia. Pero no son realmente una… son solo vándalos que se encargan de estafar a la gente ―continuó explicando mientras anotaba algo en un pequeño cuaderno de notas.
           ―¿Alguna razón en específico? ―pregunté más calmado.
           ―Solo dos, según tu padre… ―contestó preocupado el oficial―. Hurto y Escape ―remarcó―. Les robó dinero y se mudó a esta ciudad ―decía ahora mientras anotaba o marcaba cosas en su cuaderno.
           Sorprendido, fui directo hacia mi padre que aún estaba siendo atendido. Le pregunté sobre el asunto y respondió lo mismo mientras se disculpaba una y otra vez. Mientras se disculpaba, Mana se acercó por detrás. Mana, mi mejor amiga, la persona que más apreciaba y que había ignorado el día anterior por mi falta de interés.
           Traía noticias sobre el asunto. Según su fuente de información, había escuchado que mi novia era parte del plan desde el inicio. Que estaba aprendiendo sobre nosotros; nuestra seguridad, por donde entrar, los lugares en donde se encontraban ciertas cosas y que cantidad de cosas habían en la casa que se pudieran llevar entre equis cantidad de hombres. Al parecer la cantidad era la suficiente... por eso pudieron llevarse todo tan rápido antes de que llegara la policía.
           Una inmensa angustia me cubrió. El saber que ella era parte de todo desde el inicio y que me había mentido sobre toda su vida me dejó sumamente frustrado y enojado… tanto, que eché a llorar de la impotencia y la falta de credibilidad en las personas.
           Tanto mis padres como Mana se sorprendieron por mi repentino colapso. Era algo sumamente inusual en mí. Intentaron calmarme, pero no lo lograron. No podía aceptar la verdad de que probablemente todo se pudo haber evitado si no hubiera caído por alguien tan rápido. Si no me hubiera dejado seducir. Pero poco después, tuve que enfrentarme con la realidad. Todo había pasado y ya no se podía hacer nada. Me reí hasta más no poder y me di palmadas en la cara. Ya después de calmarme, pensé que hacer. Aún temblaba claro, pero ya podía continuar, no debía caer… no ahí.
           Mis padres decidieron comprar otra casa más lejos, en otra ciudad. Yo me negué, pero no tenía partido en la situación. Debíamos hacerlo… Mudarnos otra vez.
           En menos de tres días teníamos un apartamento. No encontramos una casa disponible. El apartamento era rústico, totalmente hecho de madera. Venía con un inmueble básico, pero no estaba del todo mal. estaba dividido en dos secciones, la cocina-lavado y el cuarto principal. Solo había uno y con eso teníamos suficiente. Pero lo que sí no me agradaba era la idea de vivir alquilado. Era algo que podía ser, otra vez, una inestabilidad.
           Ya era treinta de Diciembre. Estuve demasiado ocupado con la remodelación del apartamento y las compras a último momento. Pasábamos todos los día ajetreados, pero eso hizo que compartiéramos más en familia. Ya cuando mis padres tenían todo listo para el fin de año, decidí, por otro lado, hacer mis propios planes. Aún cuando eramos una familia, quería ese año compartirlo con mis amigos. Siempre salíamos juntos y no quería este año ser la diferencia. Así que ese día salí a caminar y a visitar los alrededores para ver qué podríamos hacer. Varios de mis amigos vinieron a la ciudad donde me mudé en trenes. Me enviaron un mensaje sorpresa que solo decía de forma anónima, tu casa está llena de gente. Eso me asustó, ¿otra vez lo mismo?, pensé. Pero cuando llegué a mi casa, ahí estaban ellos, festejando, compartiendo con mis padres. Habían llevado regalos, comida y me invitaron a salir a los pocos minutos. Mis padres aceptaron. Ya era seguro, no le debíamos nada ya a nadie.
           Mana también llegó poco después. Alguien le había informado. Claro, era parte del grupo desde hacía años. Había traído a su novio esta vez. Un añadido al grupo. No me cayó bien de primer plano por cómo se comportaba con ella, pero yo no era quién para juzgar, y menos con lo que había pasado. Así que me dediqué a ignorarlo, cosa que no le gustó a Mana.
           Comimos, bebimos, reímos, lloramos de la risa o de la borrachera de algunos… Nos insultábamos, golpeábamos levemente y tuvimos peleas entre nosotros, pero nada grave. Después fuimos a la plaza principal y observamos los fuegos artificiales. Era nuestro típico Fin de año.
           Cuando terminamos, llegó la hora de la despedida. Pero faltaba alguien… Mana. Inmediatamente supimos y pensamos que había ido a hacer sus cosas. Así que los que quedábamos nos despedimos y separamos. Todo parecía volver a la normalidad… Excepto cuando ya pasada la una recibí otro mensaje anónimo… Era ella, lo dejó bien claro.
           El mensaje que recibí decía lo siguiente:
Perdóname. Sabía lo que pasaba pero no podía detenerlo ni avisarte. Me amenazaban con matarlos. Según el líder, les debían mucho… Así que solo me quedó la opción de sacarte del lugar antes de que pasara. Si le decía a tus padres preguntarían más sobre el asunto. Lo siento realmente… Perdóname… y probablemente no vuelvas a saber más de mí por un muy buen tiempo. Lo siento realmente. Perdóname.
Eso resolvió muchas preguntas y me creó más en la mente… pero no las podía resolver. Así que hice como si olvidara el asunto y nadie más volvió a hablar del tema. Debíamos continuar.

II
FORMANDO UNA VIDA


        ―Lo que sigue será mi primera experiencia…
        Dice el hombre mientras se acomoda en la silla.
        ―El por qué no la conté de primero, es porque no me gusta hablar de ellos. Menos de ella. Pero siempre siento que es parte importante en la historia, así que quería dejarla para después. También fue ella por qué dejé de darle tanta importancia a las relaciones… pero claro, eso no me detuvo. Ni ella, ni las siguientes. Y dudo que ya algo lo pueda lograr. Fui, soy y seré feliz con mi esposa.
        Comenta el hombre tomando la mano de la mujer que tenía a su lado.
        ―Cuando tenía dieciséis y estaba en la preparatoria, formé mi primer grupo de amigos. Los que aún conservo y que sigue creciendo de vez en cuando. Era muy bueno en los estudios, en los deportes y en las artes en general. Aunque regular en la cocina y música. Simplemente no me llamaba la atención para aprenderla.
        Uno de esos años, fui elegido por el comité disciplinario para el consejo estudiantil. Y poco después, para dicho consejo como vice-presidente.
        Aquí es donde comienza nuestra historia… con ella. Con la presidenta. Y si hasta ahora se preguntan dónde vivía en aquellos tiempos… puedo decirles que en un pequeño pueblo, del cual aún puedo hablar muy bien, porque es de mi país natal, Japón. Pero que igual no hablaré de él, ni de los que países que visitamos. Pero sí puedo decirles que soy mitad Nippon, Japones, y mitad Europeo Español.
           Hablando un poco más de mí ya que entré al tema… sé hablar cinco idiomas y estoy, actualmente, retirado de mis trabajos como profesor y traductor. Ahora…, un poco a la historia.
           La presidenta y yo nos volvimos cercanos en poco tiempo. Las clases y las actividades de club nos tenían a top, por lo que no podíamos tener una relación correcta. Eso no nos importó, por lo que seguimos trabajando mientras salíamos por las noches. Quedábamos en cualquiera de nuestras casas para trabajar y pasar un rato a solas. Era la relación casi perfecta… Pero todo no comenzó allí. No. Debo comenzar contando desde más atrás… unos cuantos meses más. Al inicio de clases de ese año. Al inicio de una de las tantas primaveras que más me han gustado, de muchas que he vivido. Y no lo digo por haberme enamorado a primera vista de una blanca joven de cabello negro largo y de buena figura… No. Todo se lo amerito a las amistades que a los pocos días de ingreso fui formando. Mis amigos. Mis fieles siempre-allí compañeros.
           Aquella primavera conocí a mis dos mejores amigos. En una pelea… ja. Pero tranquilos, era una pelea amistosa, una discusión sobre quién se quedaría con quién y quién viviría en una serie de zombies que pasaban de temporada en la Tv. Eso fue gracioso. Estaban peleando por dos personas que al siguiente capítulo, el cual colocaron ese mismo momento, murieron dejándolos triste a ambos. Ninguno tuvo la razón y en esa misma hora después de ver el capítulo se disculparon.
           Me reí y me dieron mal visto. Me presenté sin poder aguantar la risa y me disculpé. Luego hablamos y hablamos sobre más series, dramas, películas y animaciones, que los tres veíamos. Nos llevamos bien. Teníamos mucho en común y no solo por las series. También vivíamos cerca y cada día nos íbamos a casa juntos. eso nos hizo volver muy amigos en poco tiempo.
           Las semanas siguientes hicieron que el grupo se extendiera... otras personas nos escuchaban hablar y nos acompañaban. Unas fueron pasajeras, otras se quedaron. Así se formó un grupo de tres mujeres y cinco hombres que, la mayoría, vivía en la misma dirección, por lo que aún con actividades de club, nos esperábamos para irnos juntos y hablar de cualquier cosa. Eran muy buenos días aquellos.
           Recuerdo también que uno de esos días había salido en la Tv un Anime nuevo con el cual se formó una polémica. Todo era porque era dedicado a mujeres y pensaban que acabaría con equis protagonista. Con equis hombre, de dos, de la serie. Todos la veían, era raro. Luego me la recomendaron. Ya para el capítulo tres me fue gustando y se volvió otro tema de conversación... Pero creo que ya es hora de cambiar a otra parte, me dejé llevar por los recuerdos.
           En la cuarta semana de clase llegaron los primeros exámenes. Muchos de mis amigos lo hicieron bien, otros regular. Yo, por mi parte, saqué nota casi perfecta, quedando en el segundo puesto de la lista de mejores diez de segundo año y primero entre los exámenes generales. Lo que llevó a una leve alabanza y una invitación a comer, para luego extorsionarme con la excusa de que querían que les enseñara. Sabía que por allí iba la cosa, pero no me negué… para mí era un placer ayudarlos. Y pronto recibí una llamada del director. Decían que era importante, así que fui inmediatamente.
           Cuando llegué, estaba una mujer hablando con el director. Era ella, la presidenta. La blanca joven de cabello negro largo y de buena figura. Pero aún no entraremos en su parte. Quiero esta vez contarles un poco más de mi vida. Pero descuiden, pronto será.
           El director me hizo entrar, me felicitó e inmediatamente me pidió un favor. El de formar parte del comité estudiantil. Me negué. No quería una responsabilidad como esa aún. Insistió de otra manera. Me invitó a formar parte del comité disciplinario, también llamado comité de convivencia escolar. No era su intención directa colocarme el cargo del comité estudiantil ya que no era su decisión. En esa, acepté. Me interesaba hacer cumplir algunas reglas que veía muchos no seguían, aún siendo un poco menos disciplinado. Tampoco es que les quitaría la libertad sobre todo. Pero todo eso no duró mucho más de dos semanas ya que me ocupaba tanto tiempo que no podía siquiera pasar tiempo con mi familia. Todo era trabajo, trabajo y trabajo, solo para mantener el orden. Descubrí el por qué nadie quería ese puesto y como no me gustaba tanto como pensé, lo dejé.
           Pero no todo fue malo. Pude acercarme un poco más a la mujer anteriormente mencionada. Ella observaba mi progreso cada día. Y supongo que ella fue la razón del por qué quise luego participar en el consejo. Me agradaba, y yo a ella. Habíamos conversado entre los tiempos libres, los cuales eran menos de media hora. Pero llevábamos bien la situación.
           Pronto se corrió la noticia de que el vicepresidente del comité había dimitido. Que debía atender ciertos asuntos familiares y que no podría seguir al cargo. Ahí fue cuando me volvieron a llamar… en el comienzo de la tercera semana, una semana antes de más exámenes.
           Me pusieron la condición de pasar con buena nota los exámenes del segundo periodo. Y eso hice. Claro, todo eso lo hacia con las clases que les impartía a mis amigos. Yo los ayudaba y de vez en cuando resolvía mis dudas sobre cosas pequeñamente importantes. Las corregíamos y pasábamos lo que quedaba de noche viendo películas viejas hasta despedirnos.
           En ese entonces vivía en una gran casa tradicional. Mis padres tenían buen sueldo y no nos faltaba nada. Donde mis amigos y yo nos reuníamos era la sala. Ahí, en una mesa de centro japonesa pequeña hecha de madera junto con sus blancos cojines. Ahí era donde nos sentábamos a estudiar para luego ir a mi cuarto, el más grande, a ver las películas. Tenía mi computadora y mi tableta portátil para navegar. La Tv era grande y estaba conectada a un antiguo, pero buen equipo de sonido. También teníamos palomitas, dulces y bebidas. Eran buenas reuniones, aún pasando cada tres semanas.
           La semana de los exámenes pasó rápido y volví a salir en la lista de los diez mejores. Esta vez en el primer lugar de ambas listas. No me creía más inteligente que los demás, ni lo era. Creo que todo se debía a que no muchos eran tan aplicados como yo. Y tampoco las clases de artes servían para la clasificación. Deportes por igual.
           Recibí la llamada del director mediante la voz de la presidenta. Tenía una insignia muy pequeña en forma de flor que se colocaba en el cuello de la camisa y la cual se entregaba al mejor en los exámenes de forma simbólica. Había varios que la tenían desde exámenes pasados. No era el único tampoco.
           Cuando la presidenta se acercó con este, una música en el parlante principal se tocaba. Era el himno de la escuela. Sonó hasta terminar, aún cuando ya me habían entregado el símbolo titular.
           Según lo que me dijo, eso pasó porque hacía dos años ya que nadie sacaba un puntaje de noventa y cinco puntos. El mio era de noventa y seis en tres materias y noventa y cuatro en otras dos, formando un total de noventa y cinco general. Mi anterior había sido de noventa exactos. El de la presidenta ochenta y nueve. Los regulares eran entre los setenta y ochenta y cinco. Y todo es porque era un muy buen instituto donde los exámenes eran realistas. No solo era estudiar lo visto y presentar. Oh, y el segundo lugar de noventa y dos puntos fue tomado por uno de mis amigos llamado Kenji. Habíamos superado el primer y segundo lugar de la presidenta con el vicepresidente el cual no presentó esa vez, pero que luego sacó noventa y uno. Él era el antiguo primer lugar. Aunque no éramos perfectos. No… pero sí que nos aplicamos varios días seguidos como conté.
           Luego de la pequeña celebración, nos dirigimos, la presidenta, varios de mis amigos y yo, a donde se encontraba el director. No los dejaron pasar. Realmente poco después supe que la presidenta y el director eran familia. Y lo supe porque al entrar, la presidenta le dijo: «Pa’- Director, lo he traído». Cambiando las palabras, padre y director a último momento.
           Recibí un cordial saludo explicativo sobre la relación, el cual solo consistió en él aceptando el hecho, que se pensaba más que claro por su parecido y la pregunta sobre el tema del consejo, lo cual ya venía con un «Acepto» directo.
           Mi vida a partir de ahí no fue muy diferente. Divertirme con mis amigos, ver series. atender el consejo y poco a poco acercarme a la presidenta.
           Al terminar el período, comenzamos a salir. El consejo se formaba casi exclusivamente por mujeres. Solo habíamos dos hombres, los cuales éramos el bibliotecario y yo. Era un caso raro… si saben a lo que me refiero. Pero ya en esos años se estaban aceptando más las cosas de ese tipo. En la realidad, yo era el único hombre relativo. Claro, tampoco lo notaba del todo. Hablaba con todos por igual.
           El consejo no era del todo malo. Sí, me ocupaba horario de club, pero en las tardes al salir de todos los deberes, seguíamos yendo juntos a casa. Incluyendo ella. Cosa que volvía celosos a mis amigos... teniendo también en cuenta que algunos se burlaban del hecho de que hacíamos buena pareja. Nos veíamos bien para ellos. Toda una pareja trabajadora.
           Creo que esto es todo lo que puedo brindarles sobre mis simples tiempos y pasatiempos, ya que ahora les contaré mi relación como tal.
           Primero… estaba tan ocupado con el consejo que casi no le prestaba atención a las relaciones sexuales. Eso lo dejo en claro. Pero pronto llegaron las vacaciones de verano. Ahí tuvimos tiempo para todo y hasta más. En cuanto hacíamos parte de nuestras tareas, salíamos a divertirnos. No podíamos ir a los hoteles por ser menores, pero nos las arreglamos con los horarios de trabajo de nuestros padres  para pasar tiempo a solas. Ahí fue nuestra primera vez… la cual no contaré porque es privada. Pero puedo decir que fue divertida en más de una manera. Luego fue la segunda, tercera y las demás… solo para dejar una equis en la historia. Tuvimos un buen tiempo ese verano. Salíamos a divertirnos y llamaba al grupo, el cual se reunía de inmediato, ya que en ese entonces la mayoría no tenía pareja… pero pronto se formaron algunas entre el grupo.
           Cuatro de mis amigos formaron pareja. Dos mujeres y dos hombres. Ya teníamos la idea de que pasaría, y justo en la segunda reunión lo informaron. Igual estábamos juntos. Algunas veces sentía los celos de Hana en cuanto se acercaba alguna de mis amigas, pero pensé que era normal, por lo que no lo hacía tan seguido. Hana era el nombre de la presidenta, cosa que se me olvidó mencionar, y el cual se traduce como “Flor”.
           En cuanto las vacaciones terminaron, volvimos a la escuela. Hana se cambió a mi salón, lo que resultó bastante bien para nosotros como pareja, pero muy mal para mi persona, ya que me ganaba las miradas de todos los hombres. Salíamos de clase y nos íbamos juntos a la sala del consejo. La gente comenzaba a dejar todo fluir. Nos veíamos casi todo el día, a excepción de cuando nos separábamos para irnos a nuestras casas. Todo era tan divertido… pero pronto descubrí que sus actos llevarían a algo más, ya que pocos días después, comenzó a mantenerme a raya de mis amigos. Me peía que no juntara con ellos y que no perdiera tiempo con mis absurdos pasatiempos. Su actitud me resultó difícil aceptar. No sabía qué le pasaba. así que me junté menos cada vez con ellos, pero hacía lo que no debía ni quería, y ahí vi el error.
           A la semana volvió el tema. Me pidió que hiciéramos más cosas juntos, que me preocupara más en los estudios y que hasta su padre podría conseguirme beca y blah blah. Mis padres tenían otra idea.
           Esa semana, mi padre estaba preocupado por algo de su trabajo. Y por otra parte, Mana , nuevamente con su información valiosa, me comunicó que Hana era celópata, y que no tenía amigos porque la mayoría de ellos se habían separado por sus malos consejos. eso me hizo entender el por qué de sus para-sí-mismas ideas. Pero no me rendí. Ese mismo día hablé con ella sobre el tema… y no le agradó. Pero yo quería que la relación fuera más allá de lo que podíamos. así que seguí intentando.
           La siguiente semana, la encontré discutiendo con mis amigos. Intenté detenerlos, pero no pude. Muchos allí se separaron sin dirigirme la palabra. Éramos diez en ese momento y quedábamos tres al día siguiente. Eso me preocupó, así que comencé a hablar seriamente con Hana. Le dije que no podía seguir así de amarga, de dura. Que no podía pensar solo en ella y que la amaba realmente. Que mis amigos no eran malas personas como para pelearse por tonterías y que debía disculparse. Ella se negó, y me dijo gritando que ellos habían comenzado la discusión. Con eso me disculpé con ella y me dirigí a conocer la verdad.
           Ya era de tarde y la campana había sonado. Falté a mis deberes como vicepresidente y busqué por todos lados a mis amigos. Ya varios se habían marchado. Otros me contaron lo sucedido. Ahí comprendí que debía seguir con ella… A pocos meses de noviazgo, descubrí que no todo es como parece.
           Mis amigos me dijeron que ella había llegado insinuando que ellos eran una carga para mí y que me retrasaban. Que todo se lo había dicho yo, pero que no quería decirles el hecho en persona. Que en el salón, cuando llegué, ya no querría hablar con ellos, por lo que seguramente los detendría a ellos. Cosa que en ese momento pasó. Se desmentian los unos a los otros y peleaban por mi actitud… una actitud que nunca tomé en realidad. Y por esa razón me ignoraban.
           Tomando consciencia, entendí que no debía seguir con ella, aunque aún la amara por su forma de ser conmigo… Pero si no podía aceptar a mis amigos, no podíamos llegar a ninguna parte.
Cuando salí del salón, inmediatamente me dirigí a cada casa de cada uno de mis amigos… Disculpándome y explicándoles la verdad con la ayuda de mis mejores amigos, Mana y Kenji. Los primeros amigos que conocí en la escuela y que aún están a mi lado.
           Cuando terminamos, ya eran las diez de la noche. Estuvimos dos horas yendo entre las casas y tres disculpándome formalmente. Así que los invité a ambos a quedarse en mi casa, la cual quedaba cerca, a pasar la noche. Aceptaron con gusto. Esa noche les agradecí a ambos con creces. Preparé la cena, la cual casi estaba quemada por descuido, y comimos junto a mis padres, los que echaron a reir en cuanto les hicimos la dramatización. También me apoyaron a terminar y me dieron consejos sobre el tema. Conversamos por un rato en la sala y el día acabó en cuantos nos fuimos a dormir, cayendo, probablemente, yo de primero... Y al día siguiente, pasaron  varias cosa que cambiaron mi vida por completo.
           Lo primero fue mi renuncia como vicepresidente. La cual presenté cordialmente con una carta bien redactada ante el director. Lo segundo fue terminar mi relación con Hana, que sucedió en el receso de la segunda y tercera hora ya para el mediodía. Eso no le gustó mucho, ya que no me volvió a dirigir la palabra ni en mensajes. Ignorado por completo, decidí reunirme con mis amistades. Y tercero, un mensaje de mi padre, el cual me llegó en la última hora de clase y que decía que debía volver cuanto antes, que debíamos hablar y que probablemente debía despedirme de mis amigos.
           El mensaje era muy confuso. No sabía que responderle, así que en cuanto salí, les pedí otra vez disculpas a mis amigos y me despedí por ese día yendo con una expresión de tragedia mezclada con confusión en el rostro.
           Algunos dudaron y parecían confusos, así que me preguntaron que pasaba. Pero ni yo lo sabía, por lo que no supe como responder… me acompañaron, todos, a casa para ayudarme a resolverlas.
           Al ir llegando, vimos que mis padres tenían dos camiones de mudanza colocados en la entrada ya con todos los inmuebles dentro. Eso nos sorprendió a todos y corrimos hasta allí el tramo que faltaba… una esquina. Mis padres estaban montando mis cosas para luego irnos. No sabía qué pasaba… no me habían informado de nada salvo el mensaje, así que llegué preguntando por la tan repentina mudanza.
           ―¿Ya te despediste?... tenemos que irnos por un tiempo ―dijo mi padre moviendo cajas de un lado a otro mientras se secaba el sudor cada tanto.
           ―¿Qué pasa? ―pregunté sumamente confuso.
           ―Es mi trabajo... me obligan a mudarme. Ha sido repentino, pero podremos vivir mejor por una temporada… uno o dos años ―dijo frente al auto colocando las últimas cajas, y luego me hizo seña para subir a este.
           Me negué por un momento. No quería irme, pero me era obligado hacerlo. No podía quejarme… así que me despedí de mis amigos y les prometí que los varía cada tanto. Que seguramente algún día volveríamos a estar todos juntos y que no me olvidaran. No hubo tiempo para derramar lágrimas, ni para una fiesta de despedida. Solo los abrazos del momento y la forzada separación junto a un seco e inconcluso adiós mientras observaba en la parte trasera del auto.
           Mis padres informaron al director vía teléfono sobre mi traslado. Al otro día este me recomendó a otra escuela cerca de donde nos mudamos. Compararon mis notas y me aceptaron sin dudar para el segundo período que recién comenzaba.
           Estuve una semana sin hablar con las personas del salón. Los ignoraba al igual que a mis padres, pero esa mentalidad no duró mucho y comencé a socializar, respondiendo poco a poco las preguntas que me habían hecho mientras los ignoraba. Entré al consejo estudiantil nuevamente, pero esa vez solo me dediqué a los deberes para no pensar en la situación. Como saben, no soy muy rencoroso ni pienso mucho en las cosas malas, por lo que me resultó fácil mezclarme con los del consejo. Y esta vez, todos eran hombres.
           Y así seguí mis días… con nuevas amistades, las cuales no fueron muchas… con los estudios y con los exámenes finales y de admisión en el tercer año para entrar en la universidad. Pero sí que pensé mucho una frase…: Hasta las flores más bellas tienen espinas.


III
CONOCIENDO OTROS CAMINOS

           —Lo siguiente será una muy breve descripción de mi vida en la universidad.
Dice el señor con una sonrisa y cerrando los ojos. Piensa por un momento y luego los abre para proseguir.
           —Después de graduarme de la escuela, estuve pensando a qué universidad asistir… pero después de pensarlo, opté por la Tōdai. La Universidad de Tokio.
           Después de consultarlo con mis padres, me dirigí a presentar, en la fecha dada, los exámenes de ingreso, los cuales pasé sin problemas, entrando así en la carrera de Literatura junto con la división técnica de idiomas y para aplicarle un poco más, practiqué Elocuencia por mi cuenta. Oh, y… Aparecí nuevamente en la lista de los mejores diez, pero de séptimo. Ahí fue donde me di cuenta que habían dos nombres conocidos, donde claramente se leían; Mana y Kenji. 9no y 3er lugar. Educación e Ingeniería respectivamente.
           Justo cuando estaba divagando en la clasificación, sentí un pequeño golpe en la espalda. Al voltear, vi que eran ellos. Ambos tenían una gran sonrisa, la cual pronto me contagiaron.
           —Pensé que no los volvería a ver —dije abrazándolos.
           —En cuanto supimos que presentarías para la Tōdai lo conversamos y decidimos presentar también… Y no estamos solos, varios también postularon. Ahora mismo no se donde se encuentran, pero no deben estar muy lejos —comentó Kenji, vistiendo el antiguo uniforme de la escuela donde estudiábamos juntos. Mana también vestía igual.
           —Ustedes son los mejores —dije emotivo volviéndolos a abrazar.
           —No es para tanto… Y no esperes que nos veamos todo el rato, estudiamos diferentes carreras —dijo Mana alejándose.
           A los segundos llego, a quien ella llamaba, su novio. No era el mismo de antes, pero no quería preguntar sobre el asunto recién reuniéndonos.
Luego de pasear por la universidad, nos encontramos a los demás conversando en la cafetería. Nos saludamos, conversamos, reímos de lo que habíamos hecho y otras cosas más antes de volver a separarnos para irnos a los dormitorios de becados, cosa que nos informaron poco después a través de un comunicado vía correo electrónico. Yo estaba muy cansado, me había levantado temprano a repasar y vivíamos lejos por lo anterior, así que decidí irme primero, pero aún así me acompañaron de vuelta.
Teníamos otro día libre, así que salimos. El mismo tipo de reunión de siempre, para volver a despedirnos. Luego comenzaron las clases… donde solo nos veíamos en las mañanas y al salir de clases. Y así poco a poco nos fuimos volviendo más cercanos en cuestión de horarios. Veíamos materias juntos..., pocas, pero lo hacíamos. Y así continuamos durante bastante tiempo.
Ya todo lo demás lo saben. Lo que pasó con Masumi fue en mi tercer año de carrera. Pero seguía en la universidad, solo que ahora me costaba un poco más de tiempo volver a casa para las fechas vacacionales… Solo por ella. Lo bueno es que no pasaba mucho, aún así extrañaba a mis padres. No vivía tanto con ellos, pero aún lo hacía relativamente hablando… ya que hablábamos todos los días e igual iba de visita los fines de semana. Y solo por si se preguntaron donde vivía cuando me mudé por primera vez… Sí, vivíamos en Tokio… y la segunda, en otra ciudad más alejada. Quizás por eso les resultó al principio, a esos bastardos, perdonen la palabra pero no hay otra mejor para describirlos…, fácil el saqueo. Aunque después no sucedió nada más.
Ya aquí saben todo lo importante que ocurrió en mi tercer año de carrera. Sí, eso ocurrió poco antes de graduarme. Ahora les contaré lo que pasó después de ello. Aquí comienza la tercera vez que me enamoré. Quizás no sea tan descriptivo, pero lo haré lo mejor que pueda.
Al salir de la universidad, pude conseguir un buen trabajo rápidamente. Mis amigos aún planeaban salidas y me animaban nuevamente a conseguir pareja porque siempre tenía una actitud positiva… al parecer ellos no querían recordar lo anterior e hicieron caso omiso al asunto. Pero pronto descubrieron la verdad… ya tenía una. Una oculta hasta ese día, el día en que la presenté y el día en que comencé a trabajar.
Era un lunes a primera hora de la mañana. Salía de casa de mis padres hacia el trabajo, ya que después de la universidad me fui a vivir con ellos nuevamente. Eran las cinco y cuarto de la mañana cuando llegué a la estación del tren. Lo tomé hacia mi trabajo a las cinco y media… unos quince minutos bastante largos. Ya eran las seis en punto cuando llegué a la estación donde me bajaba, en Tokio nuevamente. No vivía ni tan lejos, ni tan cerca, media hora en tren bala y en una ciudad bastante moderna para la época. Salí de la estación. Aún todo, por alguna razón, estaba oscuro... no amanecía completamente.
Camino al trabajo, me topé con un callejón desconocido. Allí la encontré. A ella, que en su tiempo me gustó y agradó más que las anteriores… quizás porque era única. También quizás porque era valiente… y porque quizás inspiraba una confianza en los demás y hasta en mí mismo que nunca antes había sentido… pero lo que nunca imaginé, fue la forma en la que nos conocimos. En ese callejón. Ella siendo rodeada por hombres que vestían trajes oscuros y llevaban tatuajes con forma de Oni, de Demonio… un simple tatuaje de un rostro pálido con cuernos y con maquillaje rojo oscuro.
Al principio no supe qué hacer. Debía actuar, lo sabía… no podía dejarla allí, así que corrí de frente y grité: «¡Aquí policía, aquí!» como todo un héroe. Y como siempre, la realidad golpea fuertemente. Venían por mí.
Estaba listo para la situación. Sabía defenderme ya que hacía poco había aprendido un poco viendo los clubes de artes marciales de la universidad. Aunque no había puesto los consejos en práctica jamás… pero tampoco podría resultar tan mal, o eso pensé. Me salió el tiro por la culata, como dicen por ahí. Resulté apaleado, pero sí que me llevé a tres de siete. Uno por la parte baja, otro golpeado en la nariz y otro tumbado brevemente con una patada en el pecho. Ahí caí, y terminaron el trabajo. O… ¿ella terminó el trabajo?
Cuando recuperé la consciencia, la cual no fue mucho después, ya que solo era del dolor, todos los hombres estaban tirados casi sin respirar en el suelo. No sabía que había pasado. Estaba aún mareado, pero pronto un brazo me ayudó a levantarme y a salir de allí… era la mujer. Una mujer de cabello castaño y corto peinado hacia delante. Una mujer de casi mi edad física en aquellos tiempos, veintidós, más o menos. Casi de mi estatura, pero menor… no mucho, pero lo era. Y para describirla por su último rasgo, el cual me dejó sorprendido, logré observar un dragón negro pequeño con una especie de pijama y una bola celeste en su nariz, ¿dormía?... Sí, eso hacía. Y el cual estaba en una pequeña porción de su hombro y cuello. Era lindo, no era un típico dragón furioso ni nada ya que estaba dibujado con un estilo caricaturesco.
Ese día vestía ropa de… No, no lo recuerdo. Creo que estaba en ese entonces tan confuso, mareado y adolorido, que no me fijé tanto hasta allí. Pero sí recuerdo que vestía de negro también… Sí, eso, de negro. Y allí me caí inconsciente.
Al despertar, estaba en una cama en el suelo, en un Futón. A mi lado se encontraba ella. ¿…Mi salvadora?... Debía ser al contrario, pero sé que hice lo que pude. Cuando me levanté, pude sentir los golpes de lo sucedido y los apretados vendajes en mi adolorido cuerpo. Me explicó la situación y mencionó el lugar donde me encontraba, su casa. Luego me contó sobre ella y su familia. Era la hija de un gánster… específicamente, del líder de una mafia conocida como Dragones Ermitaños, Dragones Perezosos o bien Dragones Dormidos… creo que tiene aún más nombres, pero esas eran las más conocidas. Hasta yo las había oído mencionar… «Genial» pensé junto a mis palabras en voz alta, cosa que no tomó del todo bien, pero que aún así formó una sonrisa mientras fruncía el ceño, era bastante extraño el gesto.
Luego de conocer los detalles, me fijé en su nuevo aspecto. Vestía de blanco. Mostraba una camisa con escote sin mangas y sostén negro que se marcaba debajo. Tenía una figura marcada, y sus proporciones no eran ni pequeñas ni grandes. Ahora la veía mejor, era más alta de lo normal. Más alta que yo incluso, midiendo más de mi metro ochenta para ese año. Tenía pantalón corto con un color beige muy claro. Sus piernas eran blancas y brillaban levemente. «Qué lindas» volví a pensar mientras sonaba mi voz casi en un susurro audible fuera de mis pensamientos.
Sí, era uno de mis defectos, el cual comenzó a pasar después de que estuviera pensando y divagando en mis ideas después de lo sucedido con Masumi. Estuve en terapia para intentar eliminar ese defecto no propio, pero no sirvió… después de meses no logré ningún cambio, pero supongo que no era tan importante como para no dejarme vivir. Era como no tener la necesidad de mentir y nada más, cosa que nunca hacía, ni antes de todo eso. Sabía aceptar mis errores y así me querían.
Ella me agradeció el cumplido y formó otra sonrisa. Me pidió que la siguiera mientras que se levantaba del suelo. Lo hice sin decir una palabra más. Me guió a través de su casa, la cual era enorme y más antigua que donde vivía de joven. Estaba siendo limpiada en ciertas áreas por hombres. «Guau, nunca había visto nada tan grande» dije realmente sorprendido, ya que la casa era bastante amplia y se podía escuchar las conversaciones, risas y discusiones de las muchas habitaciones que habían.
Volvió a reír y me hizo seña para que entrase a una habitación que quedaba al centro de un pasillo abierto a los lados que daba al jardín y a la entrada principal. Todo el lugar estaba dividido al parecer. Era más grande de lo que pude imaginar, pero llegué a acostumbrarme con el tiempo. Claro, perdiéndome unas cuantas veces para practicar.
Al entrar por la puerta, llegué a conocer uno de los largos pasillos de la casa. En él habían puertas y más puertas hechas de madera. No entramos en ninguna salvo la última de este que daba a una habitación iluminada por grandes blancas y rojas velas alrededor de todo el lugar. Luego, lo primero que vi fue una inmensa sombra de ojos blancos observándome. Pero no, era un hombre de unos cincuenta años, de barba alargada y de gran estatura. Blanco y canoso, que vestía con una toga negra, de esas que usan los boxeadores al entrar en un escenario. Era extremadamente amenazador y en ese momento no había ni hablado. Cuando lo hizo fue peor.
—Padre, este es el hombre del que te hablé —comentó la mujer haciendo una reverencia y acercándose al sujeto.
—¿Qué esperas?... ¡Pasa, siéntate! —exclamó el hombre dándome una orden la cual estaba seguro que debía cumplir por más que no quisiera. Así que cerré la puerta y me senté sobre mis piernas en respeto.
—Él fue el que me ayudó esta mañana —dijo la mujer volteando hacia mí—, te debo las gracias —continuó con otra reverencia hacia mi persona.
—No, no… no es nada, levántate —le respondí negando su tan grande acto de agradecimiento innecesario ya que todo resultó totalmente al revés.
—Joven —dijo luego el hombre con seriedad.
—¿Sí-sí? —dije sobresaltándome.
—Has ayudado en más de una forma a mi hija y a mi… te lo agradezco —haciendo una pequeña reverencia, la adecuada, me agradeció para proseguir con el tema—. Últimamente hemos recibido muchos atentados por parte de otros. No queremos participar en una guerra, por lo que no hemos respondido a estos, pero, si algo malo le hubiera o llegara a pasar a mi hija, grandes desastres podrían ocurrir, ¿lo entiendes? —preguntó observando mi yo sorprendido.
—Sí… supongo que por eso fue tan importante ayudar. Realmente lo hice simplemente porque no podía dejar pasar el hecho, aunque salió del todo mal. Por eso no esperé más que un simple gracias —dije apenado por tanta gratitud.
—Sí, supuse que era algo así… —comentó, se levantó, caminó hacia mí y seguido, colocó sus grandes manos sobre mis hombros— Te pido que seas el elegido.
—¿El qué? —confuso, pregunté... Luego, observé que su hija miraba hacia otra parte.
—Te pido que seas parte de mi familia —dijo al fin.
Quedé asombrado. No sabía qué responder. Me estaba pidiendo que fuera su yerno. Nunca, en ningún plano mental, me imaginé que mis actos alocados llevaran a ellos… y menos con… bueno, con una de las verdaderas mafias japonesas.
Después de reflexionarlo brevemente, me dediqué a contestar con una vaga respuesta que llevaba una inmensa carga de duda. «¿Puedo?» dije preguntándome a mí mismo y a ella por igual, ignorando por un breve momento a su padre, dado por un acto inconsciente.
Ella aceptó aún observando hacia otro lado. No estaba enojada, no estaba deprimida ni confusa. Toda la conversación parecía ya previamente hablada por ambos y al parecer, a ella le gustaba la idea. Y así fue como perdí mi primer día de trabajo, ganándome un buen regañón por parte de mi jefe, pero una nueva, divertida y agradable compañía.
Ese mismo día fue que por primera vez la presenté a mis amigos. Los cuales quedaron asombrados, pero no les conté nada sobre el cómo la conocí.
Los días siguientes estuve trabajando hasta tarde. Me amonestaron con horas extras por lo ocurrido, por lo que no pude salir a divertirme.
           Llegado el fin de semana, comenzó nuevamente mi vida. Salí a beber con el grupo y les conté sobre el hecho. Sí, les conté sobre quién era y el porqué de nuestra relación, contándoles también lo poco que conocía de ella, ya que hablábamos por teléfono cada poco. Ese mismo día, me dediqué a revisar mis mensajes, y noté que tenía escritos con ella casi setecientos mensajes. Una larga semana, y no creo que hablar tanto con una persona sea normal. Ni siquiera estaba seguro que las condiciones que se presentaron eran normales. No, no lo eran, así que me daba igual. Habíamos conversado sobre nuestros pasatiempos, gustos musicales, películas favoritas, lugares de reunión favoritos, entre muchas otras cosas. Queríamos volvernos cercanos, cosa que hicimos en poco menos de dos meses. Ahí comenzamos a salir… salir y otras cosas.
           Mis amigos no sabían cómo era que conseguía tantas bellezas. Algunos habían terminado con las otras chicas, pero nos seguíamos viendo... De diferente forma, pero no llevaba nunca las discusiones ni otros temas intocables.
           Kenji por su parte se consiguió una novia bastante linda… Era Astróloga. Él en cambio, seguía con la ingeniería robótica. Mana con Educación y Psicología, y yo con mi trabajo de periodista, traductor, escritor y profesor de vez en cuando. Meiryū, con su traducción a Belleza Dragón, por su parte, quería ser agente gubernamental, pero debía pasar por la academia de policía y la especial. Nada de eso era sencillo, así que le dimos nuestro apoyo. Eso le gustó y brindó por eso.
           En poco tiempo se integró al grupo y nos desenvolvímos mejor. Yo dejé mi trabajo como editor en el periódico, que era mi cargo principal, y me dediqué a impartir clases privadas de idiomas en una academia especializada en ello… También seguí con el trabajo de traductor, así que ganaba lo suficiente para gastar en lo que quería, y tenía la libertad de salir cuando quería… en fin, vivía bastante bien.
Meiryū y yo salíamos todos los fines de semana y nos veíamos después del trabajo entre semana. Salíamos al cine, de compras, de paseo y de viaje. Variábamos todo el tiempo, así no se volvía una aburrida rutina. Invitábamos a los chicos también, así que se volvía divertido. Eran épocas felices.
A los pocos meses compré una gran casa, en la cual aún vivo con mi esposa e hijos. Teníamos ya casi un año de noviazgo, y quería regalarle algo especial, así que eso hice. Le compré lo que más le gustaba. No, no era la casa… era una pistola de Airsoft. Claro, ella ayudó a elegirla, yo no sabía mucho del tema. Eh, pero también me compré una para mí… así podría jugar con ella y aprender. aunque no sirvió de mucho, no era muy bueno que digamos… Eso, o ella era demasiado buena y nunca me dejaba ganar. Pero igual era divertido, pasábamos el rato juntos… Ya no éramos niños, teníamos prioridades y un futuro que pensar.
Y así llegó la noticia... El mismo día y a la misma hora del que nos conocimos. Debíamos separarnos y tomar caminos diferentes. Volvía a pasar una y otra vez… El destino no quería que estuviera con alguien, o eso pensé yo.
Nos llegó la noticia de que su padre había sido emboscado y asesinado. Eso la quebrantó. Su padre era la única persona de su familia que le quedaba, y pronto descubrí que mi amor no podría con su meta... Su nuevo ideal, vengarse de los que le quitaron lo único que quedaba de su sangre.
Intenté detenerla pero fue en vano. Me dijo que ya no tendría tiempo para muchas cosas, que iría a lo que ellos querían desde un principio… Guerra. Así que le dije que si necesitaba algo, que no dudara en contactarme… pero su respuesta fue sincera: No te juntes más conmigo, sera malo para ti. Y así, con lágrimas en los ojos, se despidió, para ambos seguir nuestros agrietados caminos.
—Realmente casi me daba por vencido… Pero luego y justamente ese día, me llegó una noticia muy importante mediante una llamada en mi celular de parte de Kenji. El último y más claro mensaje que necesité para darme cuenta que no todo se trataba de amor, pero que esta no fue nada agradable.
Continuó sentado sin mover un solo músculo y terminó con un último diálogo suspensivo.
—Este decía a gritos: «¡Ayuda!... ¡...Ma-Mana ha desaparecido!».

IV
DONDE TODO ES POSIBLE

           —Sí, había desaparecido. No podían encontrarla.
        Dice continuando el señor, luego se inclina hacia delante, coloca sus codos en sus piernas y las manos cruzadas frente a su boca para dar un aire tenso a la historia, cosa que funciona a la perfección con los jóvenes a su alrededor.
        —Me preocupé lo suficiente como para faltar nuevamente al trabajo y salir a buscarla todo un día.
        El señor acomoda su postura.
        —Kenji y yo fuimos a muchas partes… La primera parada fue la casa de Mana para ver si había llegado.
        En cuanto llegamos, su madre nos atendió. Tenía los ojos rojos, negros de ojeras y temblaba. Detrás se escuchaba como alguien, un hombre, gritaba, maldecía y rompía cosas. Cuando quisimos entrar, la señora nos detuvo. Nos dijo que estaba bien, que no nos preocupáramos y que buscáramos a Mana… que desde hacía tres días que no volvía a casa.
Ella también vivía con su madre… Pero válgame, tres días. No pensé que fuera tanto. De inmediato nos despedimos y salimos a buscarla en algún otro lugar… Así que fuimos a su trabajo, pero estaba cerrado. Tocamos la puerta principal del Orfanato-Asilo y una mujer nos atendió. Vestía de monja, así que quizás trabaja con ella.
        Después de preguntarle por Mana, esta negó con la cabeza y nos explicó que muchos personal había sido trasladado o retirado… y que ella había sido del peor lado.
        La despidieron. Eso fue un punto directo a su sanidad, para cualquier lo sería, ya que no era fácil conseguir un trabajo en  a ella por Mana.
        Al oír su nombre, gritó: «¡¿Ahora me estás engañando?!» Y se escucharon unos golpes y un grito de dolor de otra persona, un hombre, y sucesivamente este gritó: «¡No! ¿Cómo crees? Esa perra y yo terminamos hace ya tres días… tú y yo tenemos algo más especial me di cuenta de eso».
        Directamente comprendimos que habían roto, otro golpe… pero ya eran las cinco de la tarde y estábamos cansados, así que decidimos buscar nuevamente en su casa. Nadie salió por un rato y nuevamente era la señora, que esta vez tenía un gran golpe en la cabeza y que no nos dejó pasar…, nada, no había llegado.
        ¿Qué hacer? ¿Dónde buscar? Fueron varias preguntas que nos hicimos, pero no encontramos respuestas. Debíamos esperar, pero yo no quería… así que le dije a Kenji que fuera a su casa para dedicarme a buscar otro rato… y eso hicimos, aunque él buscó por otro lado sin irse a casa directamente.
        Estuve más de una hora pensando… Eran ya las seis y cuarto cuando se me ocurrió un lugar… uno muy lejano, en el cual debía tomar el tren, caminar, y tomar un bus... Eso hice. Cuando llegué al lugar, ya eran más de las ocho y a esas horas, la montaña era peligrosa.
        Recordé por un momento que había ya muchos años, habíamos salido de excursión a la montaña. Todos. Y ese día, Mana y yo hacíamos pareja para escalarla. Allí nos encontramos, en un pequeño rincón, una casa antigua hecha de madera, era como un templo. Estaba cuidada, ya que vivía un ermitaño de gran edad, el cual nos contó varias de sus aventuras en la montaña. Fue divertido… Y ahí fue donde me dirigía, ya que ese día prometimos dos cosas, una, que sí alguno de los dos decidía salir a pensar profundamente, nos encontraríamos allí, y dos, que algún día lo visitaríamos nuevamente… esas eran unas de las promesas que mantenía con ella, y que se habían vuelto realidad ya que allí estaba… alrededor de una fogata, con una bolsa llena de provisiones para más de una semana.
        En ese momento supe que debía estar con ella. Lloraba sin parar y no se había dado cuenta que había caminado justo detrás de ella, y estuve por unos segundos en silencio e inamovible… hasta que la abracé. Gritó y pataleó para que me alejara… pensó que era algún animal salvaje de los que nos contó una vez el señor, así que tuve que llamarla por su nombre… Aún no podía verme, pero dejó de forcejear. Se quedó en silencio y luego de más de un minuto, habló.
        —¿Qué haces aquí? —preguntó cabizbaja—. No te pedí que vinieras.
        —¿Tú que crees?... —respondí abrazándola un poco más suave— Nunca necesité de tu aprobación.
        —No lo sé… ya no sé qué hacer ni pensar… —respondió ladeando la cabeza deprimida.
        —Pues busquemos que hacer. No todo está perdido… —dije motivándola a seguir, como muchas veces ella lo había hecho— Aún nos tienes a los chicos, a Kenji, y a mí… —le susurré al oído esas últimas palabras.
        Ella se quedó callada. No habló por varios largos minutos y yo tampoco lo hice. Solo me dediqué a abrazarla y a hacerle sentir que no estaba sola. Que siempre estaría allí para ella y que nunca la abandonaría en ninguna situación o problema que necesitase. Después de varios minutos más, quise hablar. No podíamos seguir en silencio toda la noche.
        —Yo…
        —Lo sé —dijo interrumpiéndome.
        —¿Qué sabes? —pregunté confuso.
        —Sé que no debo caer pero… —detuvo sus palabras y me observó volteándose hacia mí— Lo siento.
        —¿El qué?... Yo no-
        Inmediatamente siendo interrumpido, recibí un regalo inesperado… un largo beso. No podía pensar. Solo me dediqué a actuar acorde con la situación y mis reservados muy reprimidos sentimientos… y así pasamos la primera noche juntos. Acomodados cerca del fuego. Abrazados para darnos aún más calor, y ya llegado el momento exacto, nos adentramos más en nuestros sentimientos… e hicimos más de una vez esa noche, el acto de amor más apasionado que pudimos alguna vez haber tenido juntos.
        La mujer al lado del señor mueve un poco su silla y se acerca a este, para luego tomarlo de la mano, seguido de una mirada amorosa de parte del señor. Este siguió contando al voltear hacia nosotros.
        Luego de pasar toda la noche juntos, ya a más de las dos de la mañana, estoy seguro que se durmió. Aún en sus sueños se le notaba lo cansada y triste que estaba… Aún notaba como por sus mejillas caían lágrimas frías que recorrían todo su pálido rostro, y luego llegó un punto en el que debía descansar y eso intenté… hasta que sentí como su mano apretaba la mía. No podía dormir. Debía protegerla y estar a su lado hasta que despertase… o eso quise, pero no lo logré. Caí dormido en un momento de descuido, y así seguimos durmiendo… al lado de la ya casi extinta fogata mal alimentada y recostados en un árbol cercano del bosque de la montaña.
        Al amanecer, que desperté, aún ella dormía, y con mis leves estiramientos para quitar lo acalambrado de mis dormidos músculos la desperté.
        —¿Durmió bien señorita? —pregunté mientras la veía estirarse, en cambio, yo no podía moverme, estaba entumecido por completo.
        —Sí… gracias… —dijo con largas pausas para luego voltear hacia mí y brindarme un beso de buenos días sucesivo el cual no quería apartarse, luego se apartó un poco y pensó por unos segundos— Lo siento yo…
        —Y vuelves a disculparte… —le dije mirándola a los ojos.
        —Pero tú estás… —comentó sin terminar.
        —No… —negué con la cabeza sus pensamientos— no tienes que preocuparte por eso… ya no… —dije mirando hacia un lado recordando el largo día de ayer— rompimos… o bueno, ella se alejó para centrarse en otras cosas más importantes, hasta quizás no la volvamos a ver… —comenté con melancolía recordando sin querer los fracasados amoríos uno tras otro.
        Inmediatamente al oír mis palabras me abrazó fuertemente. Estaba confuso. No sabía el porqué del repentino apego.
        —Lo siento tanto… —dijo abrazándome aún más fuerte— Prometo que jamás te dejaré solo… lo prometo —continuó repitiendo las palabras; lo prometo, una y otra vez.
        Eso me hizo dudar por tan solo un breve momento y luego entendí que debía seguir mi vida confiando en mis amigos… cosa que funcionó a la perfección.
        Salimos del bosque cargando con las provisiones, y justo al tener señal, me llegó un mensaje de parte de Kenji. Luego otro de uno de los chicos… y otro… y así hasta llegar a los dieciséis mensajes recibidos, el total de nuestro actual grupo más nosotros dos, dieciocho.
        Al parecer todos estaban preocupados. Habíamos desaparecido todo el día… ya era medio día, increíble… ¿Cuánto tiempo duramos durmiendo? ¿no era el amanecer?. Rápidamente respondí a los mensajes y llamé a Kenji, el cual respondió por mi apellido, cosa rara.
        —¡Tsuma! —gritó haciendo referencia a mi pasatiempo de orden.
        Me gusta limpiar, cocinar, coser y otras tareas del hogar, así que así me llaman… Esposa, al español. Pero no es mi apellido, claro. Mi apellido real es Tsukishima, Tsu-ma. He de allí el sobrenombre real.
        Dice el señor sonriendo y acomodándose un poco para no estar todo el rato en la misma incómoda posición.
        Respondí de inmediato a su grito desesperado.
        —¿Sí? —pregunté para saber qué pasaba.
        —Tu padre está como loco en el hospital —dijo sin ningún tipo de actitud en específica.
        —¿Qué pasó? —respondí sin preocupación por igual.
        —Es la madre de Mana —sonó por el altavoz en cuanto lo puse.
        —¿Qué sucedió con mi madre? —preguntó Mana sorprendida y asustada.
        —¿Oh? ¿Están juntos?... —preguntó y cambió de tema— Ayer, tu padre llegó borracho y comenzó a destruir la casa… con ella incluida.
        —Ya vamos, ¿dónde están? —pregunté mientras caminaba para tomar el autobús.
        —En el central —respondió de inmediato.
        —Ya vamos —colgué el teléfono al transmitir mis palabras.
        Agarramos el autobús hacia la ciudad, luego agarramos el tren y volvimos en otro bus para dirigirnos al hospital. Al llegar, vimos como Kenji estaba frente a la recepción hablando con mi padre. De una forma veloz, Mana corrió a preguntarles sobre la condición de su madre. Estaba estable, solo debía descansar… Esa noticia la tranquilizó y juró hacerle pagar a su padre.
        —Oh no… no irás a ningún lado —le dije deteniéndola agarrando su brazo.
        —¿Por qué? ¡Suéltame! —preguntó e intentó liberarse.
        —A ella no la pude detener, pero a ti sí lo haré —le respondí para no cometer el mismo error. No quería.
        No pensaba dejarla ir a ella… ya no quería perder a nadie más y no sabía cómo estaría su tan llamado padre… así que decidí ir con ella, ya que sabía que no la haría cambiar de parecer… a ninguna.
        —Yo también voy —dijo mi padre enojado—. No puedo permitir que le haga eso a Natsumi. Como amigo no puedo permitirlo, ya lo hice una vez, no volveré a tolerar ese tipo de actos violentos contra ella. Mi padre tenía buen físico, trabaja arduamente y entrenaba su cuerpo cada par de días.
        Dio todo un discurso… uno bastante bueno a decir verdad. Recordé en ese momento que la madre de Mana y mis padres eran muy amigos… tanto como nosotros. Bueno, quizás no tanto ya, ¿no?..., pero entienden el punto. Si mal no recuerdo también, ella fue la que ayudó a mis padres a relacionarse… quizás por eso quería hacerle pagar tanto como la hija. Así que yo no me negué y así… fuimos a la casa de Mana en el auto de mi padre.
        Cuando llegamos, la puerta estaba abierta. Al entrar, todo lo que vimos fue un caos. Luces rotas, comida por doquier, botellas de licor rotas esparcidas por el suelo, algunos muebles estaban volteados, todo el lugar era un desastre… lo había vuelto un desastre. Quién limpiase, la pasaría bastante mal reorganizando todo.
        No había nadie. Habían dejado la casa abierta y el padre de Mana ya no se encontraba. Buscamos por toda la casa, pero no lo encontramos, así que desistimos. Volvimos al hospital y ya se encontraba despierta su madre. Le dimos una visita, y decidimos que no podían seguir viviendo en esa casa por un tiempo.
—¿Dónde viviremos entonces? —me preguntaron.
—¿Dónde más?... —contesté levantando mis hombros— Conmigo —dije al fin terminando.
—¿Con tu familia? —preguntó Mana— sería demasiada molestia… y no hay espacio para tantas personas, lo sabes, Tsumi.
Tsumi… Pecado, traducido… era otro de mis apodos al reconocer mis defectos por no querer hacer muchas cosas que debía.
Dice el hombre riendo levemente y continuando.
—No… conmigo —dije mientras sacaba una llave del bolsillo de mi pantalón.
—¿Tú…? —preguntó mi padre.
—Sí, papá… era un sorpresa —dije sonriendo.
—Bueno… ya tienes toda tu vida hecha, eso es bueno —colocándome una mano al hombro.
—Aún no toda, pero eso intento… —dije acercándome a Mana.
—Sí… eso intentaremos… —respondió, y se estiró para darme un beso que dejó sorprendidos a todos.
Lo que pasó después no fue mucho. Nos mudamos a mi nueva casa, la cual era bastante grande, y le conseguí un trabajo a Mana de su profesión justo donde yo trabajaba, así pasábamos más tiempo juntos. Su madre se recuperó en unas pocas semanas.
Nosotros… bueno, nos casamos meses después, este mismo día, catorce de Febrero... el día del amor y la amistad... Donde vosotros habéis estado junto a nosotros conociendo mi historia, que posteriormente se volvió nuestra historia.
Dice el señor agradeciéndonos con otras palabras.
Pero aún no terminamos… aún queda una historia más… la última. Que sucedió años después de nuestra boda. Así que… continúen con nosotros, ya que no les quitaremos mucho tiempo más de esta hermosa mañana.
Eran ya las diez de la mañana, habíamos comenzado casi a las ocho… tres horas estuvimos sentados conociendo esta historia, la cual estuve, yo, vuestro narrador principal, recopilando mediante texto y grabación para vosotros, los queridos lectores que no pudieron asistir a este tan maravilloso acto… Y por si fuera poco… la historia continuará.

V
EL TÉRMINO DEL TODO

           —¿Deberíamos comenzar por lo complejo primero… o lo básico?
           Dice el hombre observando a su esposa mientras le acaricia suavemente la mano.
           —For the basic one.
           Contesta detrás la mujer mientras sonríe.
           —Por lo básico será entonces.
           Nos dijo el señor observándonos y riendo, ya que muchas personas no entendían del todo inglés, aún ya casi al primer siglo del año dos mil.
           —Perdonen a mi esposa, no sabe hablar español del todo…
           Se disculpó en su nombre y continuó.
           —Bueno… realmente si sabe, solo que no está acostumbrada a hablar en público un idioma en desuso solo para nativos del país proveniente, y todo se debe al idioma universal. Pero descuiden, entiende bastante bien lo que decimos.
           Dice luego, mientras su esposa le miraba frunciendo el ceño.
           —Creo que por allí podríamos comenzar… por nuestros primeros meses de matrimonio.
           Dice luego haciendo un gesto facial de aceptación para luego comenzar a contarnos el resto.
           —Los primeros días de abril fueron difíciles… teníamos complicaciones con algunas cosas básicas de la vida… como el de ser padres por primera vez, cuya sorpresa me golpeó duro y dió motivo para quererla aún más.
Fui tan… ¿como describirlo?... ¿feliz?... No, es muy simple... Incluso creo que no habría palabras para describir el sentimiento que tenía en ese momento cuando me fue entregado únicamente una pequeña camisa color violeta que portaba un aún más pequeño corazón rojo en el centro.
Eso fue hermoso… y aún hoy en día, hasta mis hijos hacen dicho gesto. Esa maldad tan bonita en la vida de un padre… No., no hay sentimiento alguno que la compare. Solo dejar caer lágrimas de felicidad, abrazar y besar a tu ser querido el cual espera el nacimiento de un nuevo miembro cercano familiar.
Todo esto fue parte de una de las noticias más importantes en mi vida. La segunda fue mi ascenso como Director en Jefe, o Ejecutivo, de la sección de idiomas modernos. El cargo más importante de la empresa, el cual me ayudó a sobresalir como persona y padre de familia, ya que me ocupaba poco tiempo de estancia en la empresa… Y bueno, la tercera fue el nacimiento de mi primera hija, la cual llamamos Ai, que se traduce como Amor… porque eso era… nuestra querida representación tangible de nuestro amor.
Estuve meses enseñándole Español a Mana, la cual aprendió rápidamente lo básico, pero no mucho más hasta si no después de varias prácticas intensivas… Por otro lado, nuestros amigos se enteraron de la noticia de la bebé y hacían muchas preguntas… y eran bastante perspicaces… Claro, tampoco era un secreto por nuestra forma de comportarnos y el tanto cuidado que le aportaba a Mana.
Estuvimos esperando la bebé por varios meses, pero no dejamos de salir a todo tipo de lugares… Playas, piscinas, las montañas para escalar y patinar… parques de diversiones, e inclusive fuera de japón hacia otros países fueron nuestras paradas… Tuvimos muchas aventuras en un mismo año, pero la más grande que vivimos fue el parto, el cual sucedió el primero de octubre, en el mismo Japón y en el mismo hospital central de Tokio, donde compré la casa y aún vivimos.
El parto se dió bien, no hubo complicaciones ni saltos extraños… lo que sí hubo fue una gran fiesta dos días después del alta de Mana en el hospital.
Celebramos, gozamos, nos trajeron regalos y muchas felicitaciones… Nuestro grupo ya había llegado a los veinticinco, por lo que debíamos alquilar locales si queríamos reunirnos… O mi casa, la cual era de dos pisos, con patio y un amplio frente. Estaba rodeada también de un vecindario bastante amigable y muy activo, por la cantidad de fiestas que se daban en la zona. Ese mes del dos mil dieciséis se dieron varios cumpleaños, nacimientos y funerales… pero la vida seguía.
El día de nuestra fiesta recuerdo que fueron más de cuarenta personas a visitarnos… nos habíamos integrado a la vecindad y teníamos muchos conocidos cercanos, por lo que los regalos sobraban… aún más cuando muchos se equivocaron de género, trayendo muñecos de acción y demás para lo que generalmente se le regala a una niña. Claro, no los negamos. Decidimos guardarlos y esperar más para quizás mostrarselos y que la bebé los usara si les gustaban. No queríamos que no tuviera flexibilidad electiva… aunque yo no lo apoyaba al cien por cien, pero no negaba el hecho de que nadie puede obligar a una persona a ser justamente como esta quiere… por eso somos diferentes.
Mana estuvo muy contenta toda la semana y no podía dormir… pero no precisamente de la emoción. Ya no teníamos mucho tiempo para descansar con la hermosura de bebé que teníamos.
Estuvimos despiertos muchas noches, y tomábamos turnos todos los días para cuidarla… Y así seguimos por varias semanas..., meses…, y hasta años.
Cuando recibí mi ascenso, tuve aún más tiempo para pasar con mi familia, y le pedí a mis padres que nos acompañaran más seguido los fines de semana como siempre fue nuestra tradición. Eso los volvió felices y nos ayudaban con la bebé esporádicamente.
En nuestro segundo año… tuvimos al segundo, nacido en diciembre tercero. El mismo ciclo de felicidad se repitió… y tuvimos mucho tiempo compartido.
Cuando los niños tuvieron la edad de tres y cuatro, pasó eso… Volvió sin más, anunciando su llegada muy a lo Diva, y  es aquí donde comienza el Acmé, el Apogeo, Climax o como gustéis llamarlo, de nuestra historia... Yo lo llamo; el Término del Todo.
Ella volvió… Masumi regresó a la ciudad, y de forma exclusivamente atractiva, ya que lo primero que hizo al llegar fue comunicarse conmigo mediante un mensaje, el cual hacia referencia al tema que una vez tratamos, el del perdón y de la cantidad de cosas que me debía.
Se había convertido en una modelo famosa en el extranjero gracias a los contactos de su padre, y luego optó por la magia del cine, participando en películas donde se ganó nominaciones y premios en varias ocasiones. Así, ya con suficiente respeto, apoyo y reconocimiento, decidió volver a Japón para saldar la deuda que había dejado con su familia, amigos y… la mía.
Al terminar de leer el mensaje, el timbre de la casa sonó. Y para mi grandisima sorpresa, era ella. Había cambiado bastante… estaba más alta, había adelgazado y había moldeado su figura para un cuerpo perfecto de modelo. Su rostro se veía más joven que su edad, pero todos sus otros rasgos seguían siendo los mismos; Ojos azules, rubia y de buena figura… eso era todo lo que se necesitaba para reconocerla. Eso, y su acento de alta cuna moldeado por la burguesía de su familia, ya que no había mucha gente que viviera en el país que tuviera esos rasgos extranjeros marcados. Luego de observarla detalladamente, observé un pequeño tatuaje en forma de una mariposa bastante linda en el hombro.
Lo primero que hizo fue sonreír al verme. Estaba feliz… hasta que vio a Mana acercarse a mi lado junto al bebé. Eso la sorprendió y comenzó a reír levemente.
—Siempre hicieron buena pareja, pero nunca supuse que terminarían juntos… —dijo acercándose a nosotros con maleta en mano.
—Muchas personas tampoco… me alegra saber eso —le respondí observando a Mana, y luego volviendo mi vista a ella— ¿Hace cuanto volviste? —le pregunté sorprendido y sin hacer mención al pasado.
—Hace unas horas —dijo, y colocó su maleta frente a la entrada—. Pensé en pasar por tu casa, pero tus padres me dijeron que vivías aquí con una muy mala cara —comentó después recordándome que mis padres aún no olvidaban lo que pasó.
—Ya veo… ¿Y cómo conseguiste la dirección de mis padres? —pregunté por la duda.
—En los datos académicos me informaron que hacía tiempo vivía allí tu familia, pero que no sabían si seguirían allí… —dijo alzando un poco los hombros— Así que fue todo o nada.
—Bueno, no te quedes ahí parada… pasa —le ofrecí entrar cortésmente.
Mana no se lo tomó muy bien, pero sabía cómo era yo… Nunca pensando en el pasado.
—Gracias, estoy cansada por el viaje —agradeció y entró, colocando sus zapatos frente a la entrada.
Estuvimos minutos hablando de lo que había hecho. Modelo, actriz y cantante. Eran bastante cosas que juntas pagaban muy bien si se le dedicaba el tiempo necesario. Lo raro es que lo logró desde muy joven, lo normal son muchos más años de experiencia.
En una oportunidad, hablamos de lo que pasó ese día, y se disculpó como diez veces. Agarró su maleta y sacó pacas de dinero que posteriormente colocó sobre la mesa de nuestra sala, donde nos encontrábamos charlando.
—Es mucho dinero… —dije sorprendido— ¿Para qué es? No me digas que es para dármelo.
—Así es… es para tí —dijo luego volviendo hacia su maleta mientras sacaba un objeto brillante largo color celeste.
—El collar que te dí… lo conservaste… —dije aún más sorprendido.
—Me ayudó mucho a reflexionar sobre lo que hice, y cada vez que lo veo me arrepiento aún más de no haberlo dejado mucho antes —dijo encerrándolo entre sus manos mientras las colocaba en su pecho.
—Quédatelo como regalo…, para eso lo compré —dije feliz al ver que lo había conservado todo ese tiempo—. Y realmente quisiera yo agradecerte… Me ayudaste a seguir un camino que si bien fue difícil, me hizo mejorar bastante como persona, y con ello, pude llegar a donde estoy —dije tomando leves respiros al hablar.
Se quedó callada… Mana no quería hablar tampoco… Todo se estaba volviendo incómodo, así que decidí terminar la conversación del pasado de la mejor manera posible.
—Siempre serás bienvenida en mi casa como una persona importante que fuiste y que estoy seguro serás… ya que hoy te nombro… una de Las Flechas de Cupido.
Echó a reír y no paró hasta casi llorar de la risa, o quizás de la alegría de la noticia… Luego de un momento se detuvo y pidió retirarse, ya que debía hacer muchas cosas ese día… así que le abrí la puerta para que saliera. Lo que ví me dejó conmocionado, aturdido. No podía creerlo… ¿Qué día era? Un domingo. Pero… ¿Cuánta es la posibilidad de que dos de tus ex-es te visiten el mismo día?... Estaba atónito, pero el caso era que allí estaba ella… Meiryū estaba frente a la entrada principal. Esa fue una buena noticia visual. Tenía buen aspecto, y solo mana sabía quién era, así que Masumi solo se dedicó a despedirse con un beso de mejilla y un rápido adiós que presentó con la mano sin decir una palabra para luego comentar que volvería… Y así una se iba y otra llegaba… Creo que ya había pasado antes, ¿no?... Bueno, todo había llegado de sorpresa ese día... y ellas fueron una de esas.
Lo primero que dijo Ryu, como le apodo, Dragón, fue un hola, mostrando detrás una gran sonrisa.
Ya eran las ocho de la mañana, habíamos estado poco tiempo con Masumi, pero aún así el tiempo pasó volando, así que para no perder más tiempo, decidí responderle el saludo y hacerle pasar. Mana había hablado primero, así que se adelantó a mis palabras para que entrara. Sabía lo que pensaba incontables de veces ya que me conoce muy bien, incluyendo mis defectos ya mencionados, los cuales con el tiempo fueron desapareciendo.
Al entrar, decidimos preguntarle cómo había. Mana se adelantó a todo, así que prácticamente ella habló todo el rato. Le había contado a Mana sobre lo que había pasado con Ryu y su familia. Quizás por eso le interesaba saber lo que le pasó.
Ryu respondió a las varias preguntas que le hicimos… Una de ellas fue su estado actual, el cual era estable, ya que había podido resolver los conflictos de los clanes. La otra eran sus planes para el futuro, el cual solo se dedicó a responder con un; Entraré a la academia. Luego fue la pregunta de qué haría ahora que ya no debía preocuparse por el clan. Se quedó pensativa, y me preguntó que si no era la misma pregunta. Sí, efectivamente la era, pero nadie se conformaría con un entraré a la academia y ya, ¿o sí?... eso fue lo que le respondí. Y así respondió que viviría en la misma casa y que haría de Japón un aún mejor lugar.
Y así pasaron los minutos, contestando preguntas simples sobre ella en general hasta que se tuvo que marchar. Había leído una noticia que pronto habría una selección para la academia de policía y necesitaba practicar. No hablamos más de una hora, pero al menos supimos que estaba bien, así que solo quedaba otra cosa por hacer; Nombrarla la Tercera Flecha. Y como Masumi, echó a reír, para preguntarme luego que si la cuarta flecha había dado en el clavo, y recibir por mi parte, un feliz, sí, en respuesta… Luego volvió a repetir que ya debía marcharse…, así que le abrí la puerta.
Diganme… ¿cual es la posibilidad de que las tres personas que fueron moldeando mi vida aparecieran el mismo día?... Al parecer mucha, ya que había pasado. Allí estaba… La primera flecha en incrustarse por un tiempo en mi joven corazón, y la última que llegaba a nuestra casa para recordar el hecho.
Hana, que se había vuelto toda una dama, esperaba frente a mi timbre ya preparada para tocarlo. «¿Llegué en mal momento?» preguntó sorprendida al ver mi compañía. «Para nada» respondí y les hice una última y primera pregunta a ambas… el cómo llegaron a la casa.
Hana respondió que por vía de Kenji… Él le dijo dónde vivía ahora. Y Ryu comentó que por un viejo recibo de pago de gran monto que había llegado a su buzón hacía mucho.
Ambas hicieron lo que debía… el mismo proceso de antes… Retirarse y entrar. Ryu agradeció la estadía y Hana pidió permiso al entrar.
Llevaba demasiado tiempo sin ver a Hana… Había cambiado. Antes llevaba el cabello largo, ahora corto, Llevaba puestos anteojos ovalados y vestía un traje de oficinista con un logotipo bastante familiar… el de mi empresa.
—¿Estás trabajando en World’s Languages?... ¿Desde cuando? —pregunté sorprendido al ver la insignia.
—Desde ayer —respondió—, vengo también por cosas de trabajo, jefe.
—Estas en mi sección… Qué coincidencia —comenté sarcásticamente—. Seguro Sakura hizo la solicitud  —dije luego haciendo referencia a mi secretaria, la cual era una buena amiga y compañera de trabajo.
—Sí, le pregunté que si usted era el mismo al que conocía … y terminó siéndolo por su descripción.
Todo parecía coincidencia, o quizás no… pero solo me quedaba hacerle otras preguntas simples para conocer un poco más de con quien trabajaría ahora.
—Cuéntame… ¿Qué has hecho? —comencé por saber de su vida en todo ese tiempo que había pasado fugazmente.
—Después de que… bueno, te tuvieras que marchar, me arrepentí de haberle tratado de manera fría… —dijo negando su actitud— pero cuando quise disculparme, me contaron lo que pasó. Luego de eso me cambié de escuela y terminé mi carrera. Entré a la Tōdai y terminé mi carrera de Economía y entré a varias empresas como asesora —contó un poco más sobre sus estudios—. Luego de terminar mi trabajo en ellas, continué buscando más lugares que pudiera llegar a aspirar mejorar y terminé en World’s Languages, donde usted es el Director Ejecutivo —terminó haciendo referencia a mi cargo.
—Ya veo… ¿y haces algo ahora aparte de trabajar? —pregunté inconforme con su respuesta de solo estudio y trabajo.
—Sí, bueno… fuera del trabajo… me dedico a salir con mi novio y pronto me casaré. Debíamos movernos de aquí a allá por el cambio de trabajo pero no era muy difícil —dijo contando un poco más de su vida diaria—. Tengo en la espera a un bebé, y prometo que le recompensaré por mi estupidez juvenil —volvió a hacer referencia al pasado.
—Felicidades —dije con una sonrisa por el hecho del bebé—, ¿será niño o niña? —pregunté luego.
—Aún es muy pequeño, no lo sabemos —dijo confusa y haciendo una mueca—. El doctor me dijo que pasara en dos semanas, que ya estaría listo para hacer el examen.
            —Es una buena razón para no esforzarse tanto en el trabajo —dijo Mana hablando sobre el caso.
            —Sí, gracias, haré lo menos de más que pueda —le respondió con una sonrisa.
           Todo lo demás que sucedió fue el mismo procedimiento… hablar y hablar de cosas que habíamos hecho, cómo llegamos a donde estábamos y todo lo demás. Nos contó que tenía ya tiempo con su novio, y luego pasó a la parte de su juventud, contándome que lo que pasó fue solo un error, ya que su padre la trataba como a un objeto, por lo que quería vivir su vida separada de él y la única forma de hacerlo era consiguiendo a alguien que él viera que le haría valer más como persona y no como propiedad.
           En fin, todo fue el caso de que el padre la retenía y no la dejaba vivir, por eso cuando terminamos, ella se descontroló y no supo qué hacer por el extraño apego sentimental que le dio su padre.
           Seguimos hablando por varios minutos más, desayunamos, y volvimos a cosas de trabajo, donde me explicó diversos factores que había que tomar en cuenta para ese año. Luego de terminar con la presentación de los proyectos, decidimos cómo debíamos manejarlos. Mana estuvo callada todo el rato, solo observando y escuchando, ya que no sabía qué opinar, solo era una de las empleadas de otra sección y creo que pensaba que no debía estar allí. Luego los bebés comenzaron a llorar y se dedicó a cuidarlos por un rato.
           El día pasó rápido, llegó el mediodía y luego la tarde, donde Hana se tuvo que retirar. Era 14 de Febrero, por lo que quería salir con su prometido. Yo quería hacer lo mismo, así que continuamos cada uno por nuestro camino… igual nos veríamos luego.
           No faltó la parte de nombrar su nuevo título, eso fue lo divertido ya que también soltó una carcajada. No sabía que había sido tan importante en mi vida, por lo que nunca lo tomó mucho personal. Siempre pensó que le guardaría rencor o cosas así, más al contrario, sabía que algún día llegaría a disculparse si se le daba la oportunidad.
           Tuvimos que despedirnos, pero la visita de todas en un mismo día me dejó extrañamente feliz. El saber lo que quedaba de ellas, lo que podría ahora esperar de ellas y lo que posteriormente… pasó con ellas.
           Al siguiente día, ya después de resolver todos los dilemas, salidas y demás que teníamos Mana y yo, decidimos salir con nuestras amistades. Muchas aceptaron, otras, por la falta de planificación, tuvieron que declinar la oferta, cosa que fue una pena. En la mañana, al terminar de planificar la salida, la cual sería en un gran restaurante, para luego ir a la feria, decidimos que debíamos intentar contactar a las chicas. Pero no teníamos sus números ni nada. Había sido todo tan repentino que no se me ocurrió tomarlos, y de la nada, el timbre volvió a sonar… Al abrir la puerta, se encontraban las tres conversando fuera de la casa. Vaya sorpresa.
           Ya con todas reunidas, decidimos conversar sobre lo que habían hecho y les invitamos a salir. Aceptaron con gusto y aportaron una buena cantidad de preguntas que resolvimos de inmediato… Ya llega la noche, todos fuimos a los lugares y nos divertimos ese día. Las chicas se mezclaron bien con el grupo y comenzaron a conocerse… Mana por su lado, se hizo amiga de todas. Eso me sorprendió bastante. Pero no guardaba rencor, así que me pareció buena idea.
           Lo que queda sería nombrar lo que hicimos los años que llegaban uno tras otro. Yo, por mi parte, tuve otros dos hijos. Dejé mi trabajo hace un par de años, pero sigo atendiendo las cosas que se necesiten o dudas que se presenten con la nueva directora, la cual es una de mis hijas. Mana y yo salimos de viaje cada cierto tiempo a visitar y conocer nuevos lugares, o dar conferencias y lecciones de idiomas básicos.
           Dice el señor mientras levanta su cuerpo de la silla para luego retirarse del lugar junto a su esposa, ya previamente acabando con la reunión, donde muchos aplaudieron, abrazaron con lágrimas a su esposa y desearon feliz viajes con muchisimas gracias por la historia. Yo me dediqué solo a agradecerle e informarle que pronto le tendría una sorpresa, la cual es todo este escrito, que mucho antes de sacarlo para vosotros, presenté ante él cordialmente para pedirle el permiso de mostrarlo. Aceptó, y aquí lo tienen.
           Toda la historia terminó bien como pueden ver. Hay aún… muchas cosas sin contar, pero estoy seguro que vosotros los lectores, seguiréis esperándolas. Por ahora… solo espero que la próxima conferencia que nuestro señor Tsukishima nos brinde sea igual de placentera… y espero de corazón que estén allí escuchando junto a mi, sus palabras. Si no, ya saben que la escribiré para que vosotros podáis apreciar la historia de igual manera, contando todo lo que vea, escuche y grabe. Espero que la hayan pasado bien en esta tan placentera historia nombrada por nuestro anfitrión principal, y viva prueba de ello, con el nombre de; Mi Relación con Las Flechas de Cupido.



~ F i n ~


Compartir en Google Plus

Acerca de Leonardo Payares

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.
    Blogger Comment

0 comentarios:

Publicar un comentario