Nihil: Ciudad de huesos


2

—No lo sé— repitió lleno de pánico. Realmente desde que había llegado ahí solo había pensado en lo absurdo de ese mundo y había olvidado lo más importante, ni si quiera podía recordar cual era su apariencia, su mente estaba totalmente en blanco.
Robespierre sonrió dando un pequeño paso hacia atrás
—Esto es solo el inicio de la locura chaval — dijo — sin embargo está es nuestra despedida ya que han llegado a interrumpir. Con un pequeño salto Robespierre comenzó a huir del lugar.
—No puede ser, no puede ser.— Repetía una y otra vez el joven mientras se tapaba los oídos tiritando de miedo. Frente a él las dos siluetas se encontraban masacrando a las bestias o al menos eso fue lo último que logró ver.
Todo era borroso en aquel lugar, estaba cubierto de niebla, el clima era helado pero cálido de alguna manera, del ambiente se desprendía un extraño aroma entre azufre y tierra mojada, sin embargo, en aquel lugar no había nada ni siquiera el más mínimo sonido. Entre toda esa niebla solo podía distinguirse un hombre con traje negro máscara de cuero y guantes negros con cruces rojas, él estaba sin hacer nada más que sonreír pero ¿a quien?.
—Acércate, no como, solo quiero hablar contigo un poco así que toma asiento.— El individuo de traje negro señaló al frente, parado ahí se encontraba el chico que antes había huido de Robespierre.
El  joven se acercó tímidamente sin ver asiento alguno, en ese instante la persona frente a él hizo un chasquido y al instante apareció una mesa y dos sillas además de dos copas y una botella de vino, sirvió un poco de vino en ambas copas y siguió sonriendo.
—¿Quién eres tú?, ¿Dónde estamos?, ¿Quién soy yo?. —Él muchacho tomó asiento mientras con voz tímida formulaba preguntas una tras otra.
—Tranquilo, una pregunta a la vez, ¿no bebes?.— Respondió el sujeto del traje negro mientras bebía el vino. El chico negó con la cabeza. —Tú te lo pierdes chaval, respondiendo a tu primer pregunta a mi me conocen de muchas formas todo depende de la época, en el caso de la tuya diría que tengo más de un nombre pero no importa eso, sobre lo segundo, estamos en mi reino un mundo más grande y hermoso que de donde vienes, ¡una maravilla!, ya lo comprobarás por ti mismo, que este lugar es más divertido y sin estar atado a ningún estúpido guionista arbitrario, por último no puedo decirte quien eres pues es contra las reglas aunque me has caído bien por lo que te diré una cosa: Drake.
Al oír ese nombre el chico se puso pálido y comenzó a sudar, ese nombre le sonaba no muy lejano y al ver la sonrisa del sujeto frente a él logró entender de quién se trataba ese título, por unos instantes logró formarse la imagen de un estudiante caminando a la escuela que sonreía mientras miraba el cielo escuchando música, esa imagen no duró mucho tiempo y se desvaneció en su mente.
—Ahora que ya lo sabes debo decirte una última cosa Drake, ellos tienen cierto interés en ti, no querían dejarte venir aquí pero les he ganado, pero si les interesas a ellos a mi también lo haces, debo advertirte que mi reino no es un lugar amable pero ¿qué lugar si lo es?, no nos volveremos a ver Drake así que olvida todo ésto — El hombre volvió a chasquear los dedos y la masa así como todo a su alrededor incluso él comenzaron a desaparecer.
Drake despertó sobresaltado dando un brinco al frente, al abrir los ojos y mirar a su alrededor se dio cuenta que ya no estaba rodeado de bestias si no de cuatro paredes y una ventana, él estaba sobre una cama y a su lado una lámpara pequeña alumbraba casi todo el cuarto. Trató de levantarse pero sus piernas aún temblaban por lo que se quedó sentado, después de unos minutos se dio cuenta que había dos personas más ahí: Un hombre alto con un cuerpo atlético de piel morena, llevaba unos lentes negros y su cabello castaño lacio le llegaba hasta los hombros, tenía un guante negro y otro blanco, portaba una camiseta blanca y unos jeans negros un poco desgastados. En la esquina contraria de la habitación estaba una chica un poco más joven que el hombre, su larga cabellera pelirroja llegaba hasta sus rodillas pero la llevaba atada en una larga cola, vestía una playera negra algo ajustada para ella, y un short de mezclilla que dejaba ver sus piernas ligeramente ejercitadas. La chica se acercó sonriente y tomó asiento junto a él.
—Hola, debes estar confundido pero no te preocupes ya se aclarará todo, mi nombre es Ginebra pero dime Gine, ese hombre de allá es John no es muy amigable pero es buena persona, y tú ¿cómo te llamas?.
—Drake, o eso creo, la cabeza me da vueltas y el estómago me ruge bastante —respondió Drake un poco apenado.
La chica se puso de pie y salió del cuarto, John se quedó mirando al chico por unos instantes para luego dirigirse a la puerta.
—¿Te quedarás ahí sentado?, aquí no hay servicio a la habitación así que ven, aunque no lo parezca ella es una excelente cocinera.
John salió del lugar dejando sólo a Drake, él trató de pararse apoyándose de la cama, finalmente dejó de temblar y siguió a John, repentinamente sintió un dolor de cabeza y a su mente arribaron las imágenes de aquellas bestias sin ojos, la podrida sonrisa de Robespierre, la pavorosa imagen del hombre con máscara de cuero. Drake se apoyó de la pared, le faltaba el aire como si se estuviera asfixiando, al final a su mente llegó la cálida imagen de la hermosa chica que lo había recibido, caminó y llegó a la cocina.
Gine preparó un poco de sopa y sirvió a todos. A la hora de comer nadie mencionó una sola palabra hasta que por la ventana entró de un salto un viejo que sonriente saludo a todos.
—¿Qué haces aquí viejo inútil —John se levantó y acercó al anciano mientras lo miraba furioso.
—Uno ya no puede visitar a su aprendiz porque lo reciben con una patada en el trasero, solo he venido a saludar y a ver como se encontraban, además extrañaba la comida de Gine— el anciano tardo un poco antes de percatarse de Drake luego fijo sus ojos en él —Y veo que se les ha unido un extraño muchacho.
John no respondió, se dirigió a dejar su plato en el fregadero para luego salir del cuarto. El viejo se sentó junto a Drake, Gine le sirvió un poco de sopa y este la devoró rápidamente, luego postró su brazo sobre Drake.
—Supongo que eres nuevo aquí, te metiste en problemas y este para término ayudándote ¿o me equivoco?.
Drake asintió
—Bien muchacho has tenido suerte de encontrarte con ellos, aunque no lo parezca John es un buen tipo con un corazón estúpido pero lleno de bondad —miró a Gine la cual hizo una seña de asentimiento—. No es necesario que hables ya se lo que vas a preguntar, he vivido aquí lo suficiente como para saberlo, este lugar se llama San More aunque se le conoce como la ciudad de los huesos claro que eso solo aplica a ésta región, el lugar en general donde estamos no tiene nombre.
—No hable más capitán —interrumpió Gine mientras retiraba los platos —estábamos por llevarlo con el supervisor, ahí le explicarán todo.
El anciano dio un largo suspiro que pareció mas bien un ronquido.
—Tonterías, les he dicho que no se fíen de ese cura, tiene algo raro.
—Tal vez pero es su trabajo, así que no aceptaré más objeciones —Gine lanzó una mirada sever sobre el anciano que tras un suspiro desistió.
Gine salió y le hizo una seña a Drake de que lo siguiera, así lo hizo él. Afuera los esperaba John que fumaba un cigarro color negro que emanaba humo blanco. Comenzaron a caminar y Drake los siguió, atrás de los tres iba el anciano que tarareaba una canción. La noche estaba por terminar y comenzaban a verse los primeros rayos de sol que iluminaban los más altos edificios, las calles estaban totalmente limpias y bien cuidadas, no se podía percibir ni la más mínima muestra de desgaste en ellas, a los lados había edificios que parecían ser de departamentos y muy pocos locales, no había automóviles estacionados fuera pero podían apreciarse unos cuantos dentro de algunas pequeñas casas que también eran mínimas pero destacaban bastante por sus colores, algunas estaban entre los grandes edificios y otras estaban encima de algunos de estos, no había personas caminando por las calles pero podía apreciarse que estaban dentro de los departamentos, la iluminación era buena pues había una lámpara en cada esquina. Drake pudo darse cuenta del terrible  silencio que invadía el ambiente, sus pasos eran lo único que se oía, el silencio fue perturbado por el sonido de unos disparos. Una calle después Drake vio a un hombre disparando una especie de rayos oscuros de sus dedos en contra de las aterradoras bestias que había visto durante la noche, estaba por decir algo pero el anciano lo empujó
—Será mejor que no hagas nada por ahora, cuando el cura te explique la situación ya decidirás tú como actuar.
Siguieron caminando un par de calles más hasta parar frente a una enorme iglesia de tres pisos, en la parte frontal había un enorme vitral, se podía apreciar en el la figura de un ángel rubio con piel blanca y alas rojas que sostenía un pequeño niño envuelto en una manta roja, sin embargo, había algo extraño en esa figura: el ángel no tenía ojos.
Al entrar a la iglesia Drake sintió escalofríos por todo el cuerpo, un extraño olor le llegó, dentro había varios murales de ángeles danzando, todos ellos sin ojos, finalmente cuando Drake volteó la cabeza al techo pudo ver el estilo barroco de la iglesia y que en el techo había pintado un enorme estrella roja atravesada por una espada.
—Así que al fine llegan, los estaba esperando ya que el padre me aviso sobre la llegada de un nuevo guardián a éstas tierras —De las sombras apareció un sacerdote, vestía totalmente de negro y en sus manos llevaba guantes blancos con un extraño símbolo rojo que también estaba tejido en su espalda.
Por alguna extraña razón Drake sintió repulsión por aquel cura.
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Acerca de Said Tavera

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