Antarus Capitulo 5: Persecución


Aquí Filias Itoster, con un nuevo capitulo de Antarus, por fin toca la oportunidad a mi personaje favorito, espero y le guste.

Mi momento favorito del capitulo 4 fue:

"Ella había avanzado en su carrera como caballero real con pasos agigantados, había logrado obtener un título real en solo dos años, cuando a otros les tomaba tres o cuatro veces más. 

Había luchado en los frentes de batalla cercenado monstruos de más alto nivel y había sido escogida para luchar contra el más peligroso monstruo en Intartes, y le habían dado más de doscientos hombres para pelear. 

Su capacidad estaba más que probada, pero ahora el trabajo al que la habían encomendado era el de niñera, tendría que vigilar al escuálido héroe Antarus, eso la hacía enojar."

Pobre Lirius, hacerla trabajar de niñera. 

Sin nada mas, aquí el capitulo, que lo disfruten.

Capitulo 5: Persecución


El carruaje que pasaba por la carretera empedrada, era muy ostentoso y visible, la madera del carruaje era de la más alta calidad y desprendía un singular y agradable aroma.

Los adornos que vestían al carruaje eran muy detallados para tratarse de una baratija, era obvio que no  lo era. El burgués más rico de la zona era el propietario de tan elegante vehículo.

Un hombre de las más altas esferas sociales, una persona sin escrúpulos y una gran avaricia, con miles de esclavos es su haber, que eran tratados peor que la mierda de caballo. Para el burgués, sus esclavos eran solo una vil escoria que merecía morir o trabajar como mulas, sin ningún descanso hasta la muerte.

El carruaje se estremeció de forma significativa mientras este salía del camino principal de forma apresurada. Al ver la cabina moviéndose de un lado a otro precipitadamente, el burgués frunció el ceño
.
- ¡Cuidado, estúpido, hijo de puta, no ves que estoy aquí adentro! – grito enojado el burgués dentro de la cabina, mientras sostenía un baúl que tintineaba al mínimo movimiento.

- Lo siento, mi señor, me disculpo por esta estúpida acción – contesto el hombre que manejaba el carruaje, un anciano de manos temblorosas. Tan delgado que parecía que volaría con la menor corriente de aire.

- Ponte a conducir bien, no pienso perdonarte si esa escoria nos alcanza – grito furioso el burgués.

Mientras el carruaje avanzaba a gran velocidad por el camino lleno de baches, dentro de un frondoso bosque de coníferas. A unos cinco metros se podía observar una figura encapuchada,  montando un caballo negro como la noche. Corriendo sin parar detrás del carruaje.

- Maldición, es demasiado rápido – dijo el encapuchado. Mantenía una de sus manos en las riendas y la otra presionando una gran herida en su estómago.

El encapuchado movió las riendas del caballo y este acelero su paso, al poco tiempo la distancia entre el caballo y carruaje se redujo de manera significativa. Una vez en esta distancia el encapuchado se levantó sobre el caballo y salto al carruaje.

Después de un poco, logro llegar sobre el carruaje – un aterrizaje perfecto – pensó mientras caía sobre el carruaje. Pero la realidad no lo favorecía tanto. En cuanto el pensamiento cruzo su mente, sus pies resbalaron de la superficie, haciéndolo caer al suelo.

Mientras se acercaba al suelo, saco un cuchillo de entre sus ropas y clavo este en el carruaje, del mango del cuchillo salió una extraña cuerda de color rojo, que se envolvió alrededor del encapuchado.

El encapuchado fue arrastrado por el suelo por unos metros, una vez sujetó la cuerda mágica con las manos, empezó a subir por ella, abrió la puerta del carruaje con fuerza y entro.

Un hombre de facciones atractivas se encontraba en el fondo del carruaje, sosteniendo con fuerza la caja de madera. El encapuchado sonrió al observar la caja tintineante y se acercó a arrebatársela al hombre.
Una luz apareció entre ambos y el encapuchado salió volando por la puerta del carruaje.

- Idiota, sois una idiota. Le diste tiempo para que conjurara un hechizo – se regañaba el encapuchado, ahora sin capucha.

El largo y carmesí cabello de la chica ondeaba con el viento, mientras se sujetaba de la cuerda, la chica se arrastró por el suelo mientras subía al carruaje de nuevo. Saco una navaja de color anaranjado, echa de simple cobre, siendo de la menor calidad posible, pero al fin y al cabo cumpla su objetivo, asesinar.

La chica entro triunfante al ostentoso carruaje mientras el burgués sonreía preparando nuevamente el hechizo. Una vez termino, lanzo su hechizo hacia la chica, pero esta fue mucho más rápida.

Coloco de forma amenazante la navaja de cobre en el cuello del burgués y presiono, un pequeño hilo de sangre salió del cuello, era la suficiente presión para herirlo, más no para matarlo.

- Sabéis cuanto trabajo me costó encontraros y apenas lo logro lo único que hacéis es tomar el dinero, acuchillánrme el estómago y huir - decía molesta la chica - para terminar en una persecución, y para colmo de las cosas, una vez entro en vuestro carruaje, intentasteis asesinarme –

- Lo… lo siento, por favor no me mates – respondió temeroso el hombre con el arma en su cuello.

- Por favor, no me matéis, soy inocente, tal me obligo a hacerlo – dijo la chica en tono de burla – siempre la misma mierda y al final lo único que hacéis es llorar y gemir pidiendo clemencia, vos sois demasiado desesperante – la chica presiono más fuerte el cuchillo en la garganta del burgués.

Tomo la caja y la metió en su bolsa, curiosamente una vez entro en esta, desapareció, parecía ser una bolsa mágica que no creaba bultos.

- Detén el carruaje – grito la chica al viejo que lo conducía – si no queréis que tu burgués sea degollado, detenlo ahora – el viejo obedeció al instante.

El burgués aun con la daga en el cuello bajo lentamente del carruaje, mientras tanto el conductor se paraba frente a la puerta inmóvil. Una vez abajo, la chica saco de su bolsa dos cuerdas y ato a ambos hombres, dejándolos incoados en el suelo sin poder moverse.

Después saco una tercera cuerda y procedió a soltar a los dos caballos que jalaban el carruaje, dejo ir a uno y al otro le ato la cuerda en el cuello, mientras ella preparaba todo, su fiel caballo negro llego al lugar.

Una vez termino los preparativos metió una última vez su mano en la bolsa y se dispuso a observar la caja, dentro de ella había cientos de monedas doradas, que tintineaban al menor movimiento.

Sonrió ante tal botín, pero al poco tiempo recordó lo que estaba haciendo, tomo diez monedas del cofre y desato al viejo tembloroso, después de que el viejo se levantó, le lanzo las diez monedas.

- Toma ese dinero y busca un mejor trabajo, ahora, tienes diez segundos para irte si no quieres morir – la voz de la chica sonaba seria.

El viejo no dudo y rápidamente emprendió la huida del lugar dejando al burgués solo.

- ¡A donde mierda vas! – Grito el burgués desesperado - ¡no me dejes aquí con esta…! –

- Con esta ¿Qué? – pregunto la chica, a lo que el hombre solamente respondió con un chillido de cerdo.

La chica lo ignoro y volvió al caballo, sujeto la cuerda atada y se acercó al burgués. Este se asustó tanto que orino sus pantalones mientras hablaba suplicante.

- Por favor, no me mates, te daré todo lo que quieras, dinero, poder, esclavos, cualquier cosa, pero no me mates – el hombre lloraba sin parar, a la vez que su nariz moqueaba.

- Lo siento burguesito – respondió la chica en tono alegre – yo trabajo por contrato y no acepto dos contratos a la vez – el rostro del hombre se torció de miedo, mientras su pantalón se mojaba aún más.

Su cara reflejaba toda la flagelación psicológica que estaba sufriendo en ese momento.

- ¿Por favor? – el hombre soltó un último por favor ahogado, mientras la chica le colocaba la soga al cuello, literalmente.

La soga fue apretada firmemente en el cuello del burgués que se movía en desesperación, poco después la chica saco una pequeña piedra roja de su bolso y la apretó en su mano, una llama apareció alrededor de la mano de la chica y quemo con ella los cuartos traseros del caballo, este ante tal acción, relincho y empezó a correr.

La chica sonreía mientras miraba la escena, el hombre inmóvil por el shock fue jalado por la cuerda, desapareciendo en lo profundo de la maleza de ese bosque, no sin antes despedirse con un grito lleno de dolor y desesperación.

Una vez el sonido no se pudo escuchar, la chica subió a su caballo y volvió calmadamente en sus pasos, hacia la ciudad, todo paso tranquilo hasta que entro al camino empedrado principal, después de unos momentos de entrar a él, una considerable cantidad de personas a caballo la rodearon.

Algunos vestían armaduras de placas metálicas, mientras que otros usaban armaduras de cuero, todos estaban armados con una espada o un arco. Ella miro alrededor hasta que encontró una cara conocida.

- Mierda – se dijo a si misma “ese maldito vejestorio me traiciono, aun cuando le di diez monedas, me traiciono, que se pudra en el infierno” pensó, sacando su daga, mientras trataba de salir de la situación.

Movió las riendas del caballo y este trato de avanzar por un pequeño espacio entre algunos caballeros, pero antes de siquiera acercarse, flechas y hechizos lanzados empezaron a caer sobre ella.

Logro esquivar las flechas y hechizos, pero su caballo no fue tan afortunado, había tantas heridas en el, que cayó muerto al instante. Llevándose al suelo a la chica que lo montaba, ella salto del caballo, pero erró el aterrizaje y su pierna se dobló, impidiéndole caminar.

Aun así trato de huir, pero una flecha atino su brazo derecho, desasiendo el agarre de la daga y dejándola caer al suelo, la chica se quedó inmóvil mientras sujetaba su brazo atravesado.

Un hechizo la golpeo en ese momento y ella cayó al suelo boca arriba, mientras aún seguía rodeada por los caballeros, un elegante caballero con armadura plateada brillante bajo de su caballo y se acercó a la chica.

- Mercenaria Hilda, por todos sus crímenes contra la burguesía, será encarcelada para su próximo juicio – dijo el caballero.

- Púdrete – respondió la mercenaria Hilda con una sonrisa descarada en su cara. El hombre perdió la compostura y lo último que miro Hilda antes de desmayarse fue la pesada y dura bota metálica golpeando su cara.

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